El apocalipsis de YPFB

La palabra griega “apocalipsis”, al margen de la acepción de “catástrofe” que se le asigna en el lenguaje corriente, significa “revelación”. Por tanto, el título de esta columna se refiere a las revelaciones recibidas de parte del actual presidente de YPFB acerca de la “salud” de la principal empresa pública.

En verdad, para los expertos del ramo no ha habido grandes revelaciones; sin embargo, lo relevante es que se trata de apocalipsis “canónicos”, oficiales, y no de las versiones que hemos estado dando a lo largo de los últimos 14 años, tildadas de “apócrifas” por el anterior gobierno.

¿Y cuáles son las revelaciones sobre la “buena salud” de YPFB (como dijo el ministro Zamora mirando solo la lengua y no los análisis de laboratorio del paciente)? Los análisis están en el Primer Informe Nacional de Situación, entregado por el presidente de YPFB y descargable del sitio: www.ypfb.gob.bo/images/ypfb/otros/YPFB_2020_transicion.pdf

El Informe revela que en los últimos años nos ha gobernado una sarta de autoridades mentirosas, manipuladoras de cifras, incompetentes y, en algunos casos, corruptas, sin ninguna visión holística del sector energético. Sus prácticas favoritas incluían ocultar datos, dejar de publicar información estadística periódica, negociar contratos a espaldas del país y hablar (zonceras) más de la cuenta, queriendo imitar en eso a su líder “incombustible’, cuando en la realidad lo único incombustible es el gas que no se tiene.

A la espera de una certificación transparente de reservas, salen a la luz cuadros y números de la fallida exploración, postergada ante la anguria de monetizar las reservas recibidas en herencia y despilfarradas en elefantes y llamas blancas. En síntesis, no tenemos reservas suficientes para cumplir contratos y obligaciones asumidas y por eso renegociamos periódicamente acuerdos que otrora eran de largo alcance.

Encontramos revelaciones dolorosas como el tamaño del fiasco de la industrialización. De los dos proyectos ejecutados, el LNG vía “gasoductos virtuales” está parado por ser antieconómico y técnicamente inviable (son 150 M$ al agua). A su vez, la planta de urea y amoniaco, al margen de las especulaciones sobre su verdadero propósito, es un proyecto fracasado que produce al mínimo de su capacidad; está mal ubicado; no tiene mercados ni posibilidad de cumplir contratos (ni de hacerlos cumplir, como ilustra el confuso incidente con Cuba). En suma, un verdadero dolor de cabeza para las autoridades que deberán decidir qué hacer con esa planta.

La baja producción de gas tiene como efecto un mayor déficit de líquidos, a tal punto que el 50% de los ingresos del gas (siempre más barato) se destinan a la importación de combustibles líquidos (a un costo más alto). La “solución” del etanol, aun siendo una gota en el mar, no ha funcionado y sus ventajas económicas y ambientales son fuertemente cuestionadas.

Por todo lo mencionado, no sorprende que YPFB tenga un déficit contable de 443 M$ al 30/9/2019, un déficit que será arduo revertir. Para lograrlo, YPFB deberá abandonar su rol de agencia de empleos, cortar los gastos suntuarios, extirpar los aportes políticos, eliminar la duplicidad de funciones al interior de la corporación y, sobre todo, atraer inversiones de riesgo para incrementar las menguantes reservas.

No se puede exigir a las actuales autoridades transitorias que solucionen problemas estructurales, pero sí podemos obligar a los candidatos a la presidencia a debatir su plan de gobierno sobre estos temas. Por su parte, el candidato “blanco sano” deberá explicar su complicidad y participación protagónica en el descalabro técnico y económico de YPFB, amparado en el inefable rótulo de la “nacionalización”.

Publicada en Página Siete (y otros medios impresos y digitales ) el 8/02/2020

El Ekekónnial

De la lunita su satelite

Archivadas las fiestas del año noevo, los paceños nos alistamos para recibir al Ekeko en la Feria de Alasita.

Tradicionalmente, el Ekeko carga en su k’epi miniaturas de artículos de primera necesidad, productos chinos y todo objeto de deseo del consumismo del siglo XX. Sin embargo, a raíz de su participación en un taller de autoayuda y reconversión, el Ekeko, consciente del carácter transitorio del todo poder, decidió jubilarse y dejar el oficio a su nieto “millennial”.

Éste, el Ekekónnial, atendiendo los reclamos de la comunidad anti-tabaquista, ha empezado por descartar el pestilente cigarro que le colocaban en su boca y, para que no le entren moscas, se ha puesto una máscara anti-gas, muy útil si se reanudan las protestas “pacíficas” de los que sabemos.

Luego, ha eliminado los tradicionales productos: azúcar (proscrito por la Liga anti-diabetes), aceite (criticado por el Comité de lucha contra el colesterol), cereales (censurados por la Junta anti-gluten) y alcohol (difamado por todos y todas). Tampoco cargará tintes de cabello (debido a las amenazas del colectivo “mujeres columniando”); ni los contaminantes camiones a diésel (vetados por los grupos ambientalistas); tampoco mostrará los tradicionales fajos de billetes verdes (reemplazados por dinero plástico) y nunca MAS traerá furtivamente fraudes electorales o sicarios digitales.

En su lugar, comprendiendo lo que realmente desean y necesitan las nuevas generaciones, ha reemplazado el viejo k’epi por una moderna mochila ecológica multiuso en la cual el Ekekónnial  pondrá pititas reciclables, banderas tricolores y coloridas whipalas; salvoconductos a México; alimentos y bebidas orgánicas; unos quantum autos eléctricos; nuevos PumaKataris; tarjetas “inteligentes” y variedades de smartphones con aplicaciones para hallar la mejor ruta, el mejor restaurante, la mejor película, el mejor boliche, la mejor pareja ocasional y permanente, en suma todo lo que se necesita para ser felices moviendo un dedo.

 ¡Chócale Ekekónnial!

Panchito, “el temible” Zarate.                                                              

Periodiquito de Alasita de Página Siete (2020)                                  

Categorías:cosas de la vida, humor

Francisco y Benedicto, blancos (sanos) de la curia vaticana

Actualizando mi blog ….,

Recientemente, han trascendido algunos rumores de un enfriamiento de la relación entre el papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI (BXVI), descrita magistralmente en la película “Los dos Papas”.

A fines de octubre del año pasado, mientras Bolivia convulsionaba a raíz del fraude electoral, en el Vaticano se aprobaba con 2/3 de votos el documento final del Sínodo de la Amazonía, convocado para debatir temas específicos de esa región, como la ecología, la pastoral de las poblaciones indígenas y el rol de la mujer en esas comunidades. El documento servirá de base para que Francisco discierna, apruebe y promulgue próximamente los cambios propuestos.

Entre las propuestas más polémicas de los obispos “amazónicos” (incluyendo a un selecto grupo de obispos bolivianos), destacan los cambios en el celibato sacerdotal, una norma (no un dogma) milenaria en la Iglesia Católica. De hecho, las iglesias de rito oriental, a diferencia de las de rito latino, permiten, junto al celibato, la ordenación de varones casados, aunque éstos últimos no pueden ser ordenados obispos.  

El Sínodo ha justificado el cambio por razones pastorales. En síntesis, siguiendo al Concilio Vaticano II, se reconoce que el fundamento de una comunidad cristiana es la Eucaristía, celebrada en la Misa. Debido a las grandes distancias y a la escasez de sacerdotes, muchas comunidades de la Amazonía no consiguen celebrar los sacramentos ni una vez al año, motivo por el cual se ha propuesto que varones idóneos y reconocidos por la comunidad, que ejerzan un diaconato permanente y fecundo, previa formación adecuada, puedan ser ordenados sacerdotes, con todas las prerrogativas, pudiendo mantener una familia legítimamente constituida y estable.  

Esta propuesta ha suscitado la oposición de algunos cardenales, obispos y teólogos, quienes perciben que se estaría abriendo una brecha para que una excepción pastoral termine aplicándose en toda la Iglesia. A ese grupo reducido de críticos se les ha presentado la oportunidad de renovar sus ataques a Francisco, tanto por razones políticas (un papa latinoamericano con simpatías por la izquierda, tolerante con los regímenes populistas, como piensan muchos también en Bolivia), como por razones doctrinales (un modernista). La oposición teológica abarca no solo la defensa del celibato como “disponibilidad absoluta al servicio de Dios” (un concepto relativo en teoría y en la práctica), sino también a instituciones de gobierno colectivo de la Iglesia, como son los Sínodos, revalorizados por Francisco, e incluso los mismos Concilios.

En este contexto, el ala tradicionalista de la Curia, al ver opacado su poder, ha buscado el apoyo del papa emérito, quien supuestamente debía mantenerse al margen del gobierno de la Iglesia y no interferir públicamente con las decisiones de su sucesor. Sin embargo, en una confusa actuación, BXVI colaboró con una publicación, opuesta a la propuesta sinodal, del cardenal conservador Robert Sarah; aunque luego recapacitó y optó por retirar su nombre como coautor.

Comparto dos interesantes reflexiones en torno a ese suceso. La primera es sobre el título de “papa emérito”. Distinguidos teólogos se preguntan si BXVI tomó una decisión acertada al atribuirse ese título, inédito en la historia de la Iglesia y fuente de cierta confusión.   Según ellos, lo que únicamente correspondería es el título de “obispo emérito de Roma”, como sucede con cualquier obispo que se jubila de su cargo.

La otra, más relevante, resalta la serena firmeza mostrada por Francisco frente al intento de manipular mediáticamente a BXVI; una actitud basada en la confianza plena del papa en la lealtad y la comunión inquebrantables que lo une a su antecesor.

Página Siete, 25/01/2020

Categorías:homenaje, religion, varios

Supersticiones del año bisiesto

Este año 2016 es bisiesto, lo que significa que el mes de febrero tiene 29 días, y eso sucede cada cuatro años. Considero que todos conocen la historia del calendario y la razón de introducir un año de 366 días cada cuatro años (calendario juliano) con excepción de los fines de siglo que no son divisible por 400, como 1700, 1800 y 1900 (calendario gregoriano). Por eso en esta columna me concentraré en la etimología del término “bisiesto” y sus vínculos con la política y la superstición.

Al final de la República Romana el calendario civil tenía 12 meses y un total de 354 días. La diferencia con los 365 días del calendario solar se arreglaba añadiendo después del 23 de febrero un  mes de 22 o 23 días (mes “mercedonius”) cada dos años. El cambio estaba a cargo del Sumo Pontífice, quien le vio rápidamente el negocio al asunto: podía aumentar días al mandato de sus amigos políticos (cónsules y pretores) para prorrogarlos en el poder. Recientemente hemos visto, en Venezuela y Argentina, todo lo que se puede hacer en un día más en el poder, aunque sea el último. Asimismo, para buscar prorrogarse en el cargo, en Bolivia ya no es necesario manipular el calendario: es suficiente hacerlo con la constitución. Obviamente, existían también en Roma intereses económicos: aumentar al calendario un mes o un día afectaba a los vencimientos de las deudas, de las cuales casi ningún romano se libraba.

La confusión reinante en los dominios romanos debido a casi tres meses de diferencia entre el calendario civil y el solar  fue resuelta científicamente por el astrónomo egipcio Sosígenes y administrativamente por el “dictador perpetuo” Julio César el año 46 aC. Se la conoce como la reforma “juliana” del calendario, mediante la cual febrero pasaba a tener 29 días. Sin embargo Julio César, supersticioso como todos sus paisanos, colocó el día que había que añadir cada cuatro años después del 23 de febrero, siguiendo la tradición. Pero ese día ahora estaba ocupado por el 24 de febrero (sexto día antes de las calendas de marzo), así que repitió el 24 de febrero, llamando a ese año “bisextus” (bisiesto). Además, haciendo caso a los “llunkus” que siempre rodean al poder, renombró el quinto mes contando desde marzo (“quintilius”) con su nombre (julio), el cual, por ser impar, era considerado un mes fausto.

El sucesor del Julio César, el emperador Augusto, no quiso ser inferior a su tío, y se atribuyó el sexto mes, “sextilius”, que entonces tenía 30 días. Por decreto imperial, lo rebautizó como agosto y, por supersticioso,  le aumentó un día, quitándolo a febrero que, por ser el mes dedicado a los difuntos, era infausto “per se”. De ese modo, febrero se quedó con los 28 días actuales sin que nadie protestara bloqueando las carreteras del imperio.

Los que sí provocaron tumultos fueron los londinenses cuando en el año 1752 su Gobierno decidió poner en práctica, con casi dos siglos de retraso, la reforma “papista” del calendario gregoriano. De hecho el astrónomo Johannes Kepler había comentado sarcásticamente, por el año 1600, que los luteranos preferían estar en desacuerdo con el sol a estar de acuerdo con el Papa. En realidad, la razón del motín de Londres  fue el rumor que los 11 días, eliminados para ajustar el calendario, no iban a ser  remunerados.

Finalmente, en cuanto a los mitos en torno a los “infaustos” años bisiestos, es suficiente reflexionar que un mismo evento puede ser propicio para unos e nefasto para otros, como está aconteciendo con el follón en torno a  la empresa china CAMCE y su reparto y como sucederá con el resultado del Referéndum del 21 de  este mes.

Así que ¡a gozar sin temores del día extra que nos regala (sin paga extra) este año bisiesto!

Publicado en Página Siete el 11/1/2020

Publicado también en Los Tiempos, La Patria, El Día, Agencia de Noticias Fides, El Correo del Sur.

Los Reyes Magos en la historia, la tradición y el arte

Lea el artículo completo de imágenes en:

https://www.paginasiete.bo/gente/2020/1/5/los-reyes-magos-en-la-historia-la-tradicion-el-arte-242452.html

A continuación, reproduzco el texto del artículo.

Si asumimos la historicidad del episodio narrado en el Evangelio de san Mateo, los Magos, que no Reyes, llegaron desde Oriente a Belén, guiados por una “estrella” (una señal astronómica o un símbolo teológico) para “adorar al Rey de los judíos recién nacido”. La palabra griega “magoi” tiene diferentes significados, positivos y negativos, pero en nuestro caso se refiere con mucha probabilidad a sabios, astrólogos que proliferaban en las cortes imperiales de la antigüedad, hasta el siglo XVII por lo menos. Por ejemplo, Johannes Kepler, el descubridor del movimiento planetario, tenía el cargo oficial de astrólogo de la corte de Praga.

La función del astrólogo era interpretar los signos del cielo para asesorar al monarca en torno a decisiones vitales para su vida y la del reino. Cuánto de conocimiento astronómico y cuánto de criterio político y hasta sicológico había en ese asesoramiento es muy difícil medir. Algo similar sucede hoy con los adivinos y consejeros sentimentales que, en momentos de crisis, política o afectiva, llenan su agenda de citas con meses de anticipación.

Si bien tradicionalmente la Iglesia ha interpretado el episodio de los Magos como una “epifanía” – la manifestación del Salvador a las naciones-, sin embargo, en el texto de Mateo su visita parece jugar el rol de justificación del traslado de la sagrada familia de Belén a Nazaret. En efecto, Mateo no conoce que Jesús nació en Belén a causa del censo romano (aspecto que sí conoce San Lucas) y según él, a raíz del paso de los Magos por Jerusalén se desencadena la matanza de los inocentes por Herodes el Grande, cuya amenaza obliga a José a refugiarse en Egipto con su familia y de ahí establecerse finalmente en Nazaret. Sin embargo, no hay indicios de que José haya hablado en contra de Herodes desde Egipto, con la venia de los monarcas de allá.

El evangelio de san Mateo no da mayores indicaciones sobre número, nombres o procedencia de los Magos; gran parte de la tradición se basa en los evangelios “apócrifos”, que no son necesariamente fake news, sino que la Iglesia no los reconoce como oficiales, sin excluir que algo de realidad histórica pueda reflejarse en sus páginas.

Con base en los relatos apócrifos, muy pronto, como atestigua una pintura en las Catacumbas de Domitila en Roma (siglo II), la tradición fijó en tres el número de los Magos. Hay dos interpretaciones de ese número. La primera, más temprana, es que tres son las edades del hombre: juventud, madurez y vejez. Alternativamente, hacia el final de la Edad Media, se interpretó que tres eran los continentes conocidos en ese entonces: Asia, África y Europa (las islas griegas). El mago de Asia fue representado con vestimenta de un árabe o persa; el mago de África por supuesto con piel negra y él de Europa como un sabio filósofo. Pero eso, por más equitativo que parezca, no calza con la narración de que los magos venían de Oriente, Mesopotamia o Persia. Una curiosidad es que, a comienzo del siglo XVI, a pocos años del descubrimiento de América, uno de los magos adquiere semblante de un cacique indio. Un ejemplo es el retablo de Vasco Fernandes, conservado en el Museo Grao Vasco, en Viseu, Portugal (1501-1506). Lo propio observamos más tarde en el Perú a cargo de las Escuelas Flamenga y Cuzqueña.

Hacia fines del Medioevo, junto con las representaciones pictóricas de la anunciación del Ángel a María y de la adoración de los pastores, se vuelve popular entre los artistas representar la Adoración de los Magos. Esa representación tiene ciertos elementos comunes (códigos) que poco a poco van evolucionando. Como el objetivo de este artículo no es hacer una reseña de las interpretaciones artísticas de la Adoración de los Magos, señalaré solo algunos de esos “códigos”.

Del arte oriental viene la representación del “celo de José”. José es representado distante de la escena, ensimismado, meditabundo, como si dudara de su rol de padre. Más tarde se refuerza esa representación con la presencia de un diablo que tienta a José.

En cuanto a los Magos, inicialmente se los representa caminando en solitario hacia Belén, luego aparecen montando caballos que, hacia el siglo XV, se vuelven curiosos camellos pintados a veces de memoria o con base en la descripción de un viajero. En pleno renacimiento los Magos no están solos, sino que los acompaña todo un cortejo de personajes vestidos a la moda de la época, como en la “procesión de los Magos” de Benozzo Gozzoli (1459). Al otro extremo, Andrea Mantegna (1500) elimina todos los elementos superfluos, para regalarnos una especie de “selfie” de los personajes, representados, al mismo tiempo, con tres edades y tres naciones.

Otra curiosidad es que, en un ambiente dominado por varones, dos pintoras participan de manera destacada en la representación de esa escena: la barroca Artemisia Gentileschi (1636) y la más clásica Lavinia Fontana (1560).

 Entre los artistas que nos han dejado obras maestras en esa temática, cada uno con su sello personal, destacan, además de los nombrados, Giotto, Gentile da Fabriano, Masaccio, Botticelli, Leonardo, Durero, Tiziano, Memling, el siempre misterioso Giorgione, Rubens, Velasquez y hasta el inefable Salvador Dalí, que pintó un conjunto de tarjetas navideñas en los ’60 del siglo pasado.  

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La energía en la transición

En el umbral del 2020 y con la mirada puesta en el semestre de transición a cargo del actual gobierno, quisiera ordenar las tareas que enfrenta el sector energético en cuatro rubros, dando por descontado que la política de hidrocarburos del anterior gobierno ha sido, sino catastrófica, por lo menos desastrosa para el país.

En primer lugar, mencionaré las tareas ordinarias, que son las propias de cualquier gestión eficiente. Se trata básicamente de recuperar la transparencia en dos direcciones: la publicación periódica de datos confiables de todas las actividades del rubro y la investigación de los muchos y graves actos de corrupción realizados por anteriores autoridades de YPFB y ANH. Algo se está haciendo, pero ¿qué se espera, por ejemplo, para licitar una certificación seria y objetiva de las reservas? Sin ese dato básico es imposible construir una política de mediano alcance del sector.

Por otro lado, no se puede eludir las tareas urgentes: el contrato GSA con Brasil se vence este fin de año y los avances antes del cambio de gobierno fueron pocos y pobres, debido a la desconfianza existente entre YPFB y Petrobras, a causa también de desatinadas declaraciones y actos hostiles del anterior gobierno. Por eso aplaudo los avances logrados recientemente que han sido publicados y comentados en la prensa los cuales, en síntesis, buscan redefinir la relaciones energéticas con Brasil, en un marco de confianza, comprensión y realismo. Al contrario, asumo que la tarea de renegociar la Adenda con Argentina, que se vence dentro de un año, deberá postergarse al segundo semestre del 2020, debido al contexto político y económico binacional extremadamente complejo.

Existen luego tareas innecesarias y hasta inoportunas para un gobierno de transición. Me refiero a la discutible rebaja de tarifas eléctricas sin un plan de transformación de la matriz de generación eléctrica; al anuncio de importación de crudo por ducto, cuando el anuncio debería dirigirse a la realización de estudios de factibilidad; al deseo de reactivar unilateralmente el proyecto hídrico múltiple Rositas, el cual, por lo menos, requiere ajustes significativos.

Finalmente, en este período de transición aparecen tareas deseables, dirigidas a facilitar el camino del próximo gobierno en la construcción tempestiva de políticas de estado. Dos me parecen particularmente importantes.

Nadie duda que, antes o después, gradual o aceleradamente, Bolivia deberá encarar un Plan de Transición Energética (PTE) hacia las energías renovables que el país posee en abundancia. Lo requiere la salud del planeta, pero también el agotamiento de las fuentes de energías fósiles que está sufriendo Bolivia.

Cualquier PTE demanda varios pasos técnicos: definir metas y objetivos en un horizonte de tiempo de 20 o más años; identificar los actores principales y secundarios; contar con datos certeros del estado del sector y calcular los costos financieros. Pero, sobre todo, el PTE debe apoyarse en consensos nacionales y locales alcanzados a través del diálogo.

Ahora bien, este semestre de transición es ideal para construir una “ruta crítica” para poder consensuar el PTE, de modo que el próximo gobierno tendrá a su disposición una agenda de tareas y un protocolo a implementar desde el primer día de su mandato.

Asimismo, los graves problemas estructurales de YPFB no pueden (ni deben) solucionarse en un gobierno de transición. Sin embargo, también en este caso, la imprescindible reingeniería de la principal empresa pública debe contar con una “hoja de ruta” de acciones que, en un arco de tiempo de uno o dos años, permitan establecer qué cambios llevar a cabo para que YPFB vuelva a cumplir a plenitud su rol constitucional.

Los negacionistas

El negacionismo es la conducta de individuos que eligen negar la realidad para eludir una verdad incómoda. Existe un negacionismo crítico, que busca resquicios para sembrar dudas acerca de una evidencia empírica, y otro embustero, que refleja intereses personales o de grupo para apartarse de la verdad.

Los negacionistas abundan en las ciencias humanas y sociales, donde pesa la autoridad de quien afirma una verdad, pero escasean cuando se trata de refutar hechos empíricos y verdades científicas.

Un ejemplo son los negacionistas del cambio climático. Nadie objeta la realidad del calentamiento global del planeta, pero no faltan los que niegan la correlación del incremento de la temperatura con la quema de combustibles fósiles y apelan a otras causas naturales para explicar ese fenómeno. Algunos lo hacen por exceso de critica (demoler una verdad oficial produce fama y revoluciones científicas, o sino pregúntenles a Galileo o a Einstein), otros por defender intereses ideológicos o económicos (el uso de las energías fósiles).

Asimismo, hace siglos, la causa de todo suceso residía en la astrología -disciplina que daba de comer a muchos “sabios” en las cortes- de modo que la gente seguía muriendo de peste maldiciendo las estrellas y negando las verdaderas causas del contagio.

El fraude electoral realizado en Bolivia ha engendrado también sus negacionistas, más fuera que dentro del país, a pesar de las pruebas contundentes aportadas por investigadores nacionales y la auditoría “vinculante” de la OEA.

Tres informes internacionales se han esforzado por demostrar la coherencia estadística de los resultados oficiales del TSE. Los que han aplaudido las conclusiones de esos estudios lo han hecho, a mi criterio, más por el prestigio de sus autores e instituciones (algunas avaladas por premios Nobel) que por los sofisticados modelos utilizados.

Ahora bien, a diferencia de las ciencias sociales, en las ciencias naturales no importa quien defiende una verdad (aunque sea un premio Nobel) sino quien la demuestra y valida empíricamente. En un tuit he resumido mi criterio sobre esas conclusiones: “garbage in garbage out” (si metes basura, sacas basura). Dicho de otra manera, a partir de datos adulterados no se obtienen certezas. El problema con los artífices del fraude electoral es que manipularon dolosamente todo el proceso e incluso seguían alterando actas mientras se realizaba la auditoría de la OEA.

Es instructivo repasar cómo evolucionó la narrativa negacionista. Empezó negando de plano la palabra “fraude” (solo se admitió irregularidades “normales”). Sin embargo, a medida que salían más pruebas de múltiples anormalidades, el discurso fue: “pero no alteran el resultado final”. En esta fase intervienen, por excesivamente críticos o por interesadamente ingenuos, los expertos internacionales.

Cuando sale el Informe final de la OEA, lapidario y vinculante, la narrativa cambia: “si es que hubo fraude ése no fue responsabilidad del Gobierno sino de los pícaros vocales del TSE que estropearon la victoria del Jefazo”.

Obviamente nadie se tragó ese embuste, de modo que pronto la consigna pasó a ser: “el fraude fue un pretexto -un engranaje- del golpe de estado y de la sangrienta represión militar”. En este momento intervienen las comisiones internacionales para informar, de manera parcial y descontextualizada, sobre violación a los derechos humanos.

¿Qué viene después? Tal vez esta joya de cinismo.

“El hipotético fraude tenía buenas intenciones: solo buscaba preservar el mejor gobierno de Bolivia y evitar las bajas humanas que se dieron. Por tanto, las víctimas son el resultado de la denuncia irresponsable de un “mecanismo” que solo deseaba lo mejor para Bolivia”.