Debatir o no debatir: el dilema de los candidatos

Página Siete, 29/6/19

Es una costumbre universal que los candidatos a ocupar cargos públicos debatan entre sí sobre los temas relevantes de la campaña electoral. En Bolivia también el público, televisivo esencialmente, esperaba con interés la confrontación de ideas, acusaciones y, a veces, insultos entre los candidatos a la silla presidencial. Esa costumbre ha sido interrumpida por Evo Morales en la campaña del año 2005, inaugurando, de ahí en adelante, la costumbre de sus partidarios de evitar el debate y preferir dar rollos ante audiencias domésticas y domesticadas.

Generalmente, existen razones, reveladas y ocultas, para eludir un debate democrático: los que se sienten ganadores prefieren evitar riesgos inherentes a una confrontación con un adversario sediento de protagonismo y de remontar las preferencias electorales. No es el caso de Evo Morales cuya ventaja en las encuestas es por mucho inferior al porcentaje de indecisos, que esperan ser conquistados mediante el relato y la defensa de los logros del “proceso de cambio”.

Entre las razones ocultas están la inseguridad del candidato oficialista para  hacer frente al discurso y los ataques de sus adversarios. Según una norma universal, rinde más atacar y criticar que defender y justificar, con el añadido de que lo fuerte de Evo Morales no son las matemáticas ni la lógica. En suma, para el oficialismo el dilema consiste en sopesar el costo-beneficio de evadir el debate.

Por esas razones, y al margen de las bravatas del Vice, los estrategas oficialista prefieren curarse en lo sano y “debatir con el pueblo”, lo cual consiste en llegar del cielo en helicóptero, sonreír ante los  disparates de los llunkus locales, dar el rollo que se ajusta a la audiencia, empoderar a los “operadores” electorales y ascender nuevamente al cielo en el mismo medio.

A su vez, el dilema de los opositores es más complejo. Por instinto electoral y por las razones arribas mencionadas, les convendría exigir un debate con el candidato oficialista. En particular, los candidatos más rezagados en las encuestas no tendrían nada que perder y mucho que ganar, aunque el protagonismo lo llevarían, como es obvio, las candidaturas mejor posicionadas en las encuestas.

Sin embargo la elección de este año es un tanto peculiar. La dupla oficialista es considerada espuria por la mayoría de los opositores, a raíz del Referéndum Constitucional del 21 de febrero de 2016, de modo que para ellos no sería políticamente correcto “legitimar” a candidatos que no deberían estar en la papeleta electoral, aún a costa de perder la posible ventaja que tendrían en un debate.

Ahora bien si los candidatos opositores declinaran ir a un debate estarían haciendo el juego de los masistas, que en el fondo anhelan eludirlo. Si, al contrario, los opositores decidieran desafiar a los oficialistas, recibirían las críticas de la mayoría de los ciudadanos que el 21F dijo NO a las pretensiones de perpetuación en el poder de Evo Morales.

¿Cómo salir de este entuerto? De hecho, el oficialismo no hará nada para viabilizar un debate, o dirá que estaría dispuesto, pero son los opositores quienes se rehúsan, condicionados por el 21F.

Sin embargo, pienso que los opositores tienen dos formas de seguir exigiendo el debate entre candidatos a presidente. La primera es debatir con el Presidente en ejercicio (no con el “candidato espurio”) con el fin de cuestionar la gestión de 13 años de su gobierno.

La otra es ir al debate para “cantar las verdades” de una candidatura no sólo espuria sino contaminada por el absoluto sometimiento a ese binomio de las instituciones que deberían garantizar una elección transparente. Aún a sabiendas que un tal debate público siempre tendrá una silla vacía.

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Categorías:política y economía

MAS NARCOPODER QUE NUNCA

Recien he subido a mi blog esta columna publicada en Página Siete el 15/6/19

No sé si los últimos dos casos sonados de narcotráfico en Bolivia hayan salido a la luz por casualidad, por delación interna, por un exitoso trabajo de inteligencia o, con más probabilidad, por una mezcla de las anteriores hipótesis. Lo que sí no puedo ignorar son las graves consecuencias de esos hechos sobre la salud institucional de Bolivia.

Si bien sabemos que el crimen internacional organizado actúa como un pulpo de muchos tentáculos (trata y tráfico de personas y armas, prostitución, secuestros, etc.), en Bolivia su brazo más desarrollado sigue siendo el narcotráfico, debido a la producción de la materia prima y al conocido “efecto cucaracha”.  De hecho, debido a la corrupción y la debilidad institucional, Bolivia es particularmente atractiva para ese pulpo como territorio de paso, acopio y despacho.

El caso Pedro Montenegro ha puesto en evidencia la infiltración del crimen organizado en la policía, la fiscalía y la justicia en todos sus niveles. Personalmente, he quedado impresionado con la revelación del ex magistrado Ivan Lima, en el programa “El Pentágono” del 9 de junio, de la burda manipulación de la página web del Tribunal Supremo de Justicia para que el texto alterado de una resolución sustentara una amañada sentencia en favor del narcotraficante. ¿Tendrá eso que ver con la desinstitucionalización del sistema de Justicia a partir de injerencia política del actual gobierno? La misma pregunta sirve para la Policía, objeto de un manoseo político en las designaciones y destinos nunca antes visto. En el mejor de los casos son efectos no previstos por los operadores del sector.

El otro caso sonado, que ha llevado al apresamiento del clan beniano Candia-Castedo-Yañez, sin que hasta ahora se conozcan sus nexos internacionales, muestra abiertamente la otra faceta del crimen organizado: las conexiones políticas de alto nivel. La jefa del clan no aparecía en una narco-foto, sino en narco-álbumes enteros, posando junto a la plana mayor del MAS.

Cuando una locuaz diputada afirma que Mayerling Castedo se unió al MAS con intenciones oscuras dice una perogrullada que alude al efecto cucaracha, pero se podría sospechar que fue el MAS quien reclutó a la abogada con intenciones del mismo tono. De hecho ella fue la fiscal (¿cuándo no?) que logró la destitución “hormonal” de Ernesto Suárez, el Gobernador electo del Beni, y solo por un lamentable descuido fotográfico no llegó a ser magistrada del TSJ, gracias a la credencial de “Capitán Grande” de la comunidad de San Francisco de Moxos, certificada por Pedro Vare, dirigente del CIDOB oficialista (¿cuándo no?) el año 2017.

Hace un año, en un esclarecedor reportaje sobre el narcotráfico en Bolivia para World Politics Review (WPR), Max Radwin preguntaba retóricamente: “¿Quién no está involucrado?”, apuntando a la debilidad institucional del Estado y a la corrupción, incluso política, imperante.

A su vez, Thierry Rostan, representante  de la UNODC, ha recalcado el creciente riesgo del narcotráfico en Bolivia, con base en la modernización de la industria de la cristalización y en el incremento del 95% del clorhidrato de cocaína incautado e incinerado en el país en el año 2018.

La verdad es que la lucha contra el narcotráfico debería ser una política de Estado que castigue sin piedad a la corrupción, pero que también recupere la institucionalidad en la Policía, la Justicia, y la Fiscalía y promueva valores “luminosos” en la educación, capaces de ahuyentar las cucarachas del crimen organizado.

En esta lucha hace falta la cooperación internacional sin exclusiones, aunque restringida al ámbito de la inteligencia y de la legislación comparada, para diseñar estrategias de lucha más eficaces y  eficientes.

Después del gusto ya viene el susto

Agencia de Noticias Fides (ANF), 26/6/10

Este verso de una canción de los Jairas (https://www.youtube.com/watch?v=O8wtYIWu_To), describe muy bien la economía del gas en Bolivia en los últimos 13 años. En efecto, una vez pasada la ola de bonanza, fruto de una combinación excepcional de sólidos contratos de exportación, precios internacionales nunca vistos y volúmenes récord de producción del gas de las reservas anteriormente descubiertas, un creciente pesimismo aletea sobre el sector.

El punto de inflexión del “gusto” fue el año 2013, en el cual el país acumuló reservas internacionales (ahorros) sin precedentes que hoy ayudan a mitigar el “susto” de una realidad totalmente diferente. En efecto, hoy los precios internacionales han vuelto a niveles “normales”, la producción ha caído, las campos –los mismos de hace 13 años- se agotan y los contratos enfrentan una época de cambios del mercado del gas que, por ejemplo, nos ha obligado a renegociar el contrato con Argentina, rebajando el volumen a cambio de una relativa protección del precio.

Si bien el ciclo de los hidrocarburos está en vías de agotamiento, es indudable que el gas seguirá siendo la principal fuente de divisas del TGN durante la transición energética en curso, por lo que su futuro es vital para responder a la interrogante que lanzamos en el programa El Pentágono del domingo 23/6 (https://t.co/bVPxgGNBn2?amp=1) “¿De qué vamos a vivir?”.

Empezamos por examinar las razones del susto. El gas natural – nunca hay que olvidarlo- es un recurso natural no renovable (se acaba), genera escasos empleos (a no ser los supernumerarios de YPFB) y maleduca a vivir de rentas y bonos (sin participación y fiscalización de la población). Sin embargo, el gas representa una renta elevada (cercana al 70%) para el Estado, necesaria para financiar parte de las importaciones y del gasto corriente del aparato estatal, en una medida que supera a otros sectores, como la minería o el agro.

Ahora bien, según datos oficiales, las exportaciones del gas en el año 2018 han llegado a 3,100 M$, incluyendo urea y GLP, de los cuales quedaron unos 2,000 M$ netos para el Estado. Al mismo tiempo,  las importaciones de combustibles han subido a más de 1,300 M$, literalmente quemados por el diesel subvencionado en el agro y en el transporte, rubros económicos que, dicho sea de paso, han llegado a tener un rol importante en el sector energético.

Mientras no logremos monetizar las “cartas de intenciones” que diariamente suele firmar el inefable ministro del rubro, debemos atenernos a los mercados reales del gas real que nos queda.

Brasil y Argentina tienen las suficientes reservas para ser soberanos y no nos queda más que tratar de competir en precios y seguridad de abastecimiento. Vender a precios de mercado implica menores ingresos de los que nos hemos acostumbrados. Dar seguridad de suministro significa tener reservas y capacidad de extracción, hoy puestas en dudas por una política nefasta.

Para atenuar el susto, YPFB, aunque tardíamente, ha entendido que tiene que internacionalizarse, asegurando mercados externos como socio de distribuidores privados o de termoeléctricas, para lo cual requiere de una capacidad de negociación y toma flexible de decisiones que no siempre están en línea con la ideología imperante. En cuanto a reservas, más allá de una nueva política de exploración, es urgente reducir el consumo “innecesario” de gas en el mercado interno, básicamente en las termoeléctricas, que sí tienen alternativas renovables (energía hídrica y solar) y hasta competitivas si nos libramos de la tara de los subsidios generalizados.

En fin, solo si entendemos el cambio de época que vivimos, lograremos que el susto actual se vuelva oportunidad de tener otros gustos futuros.

La pizza y la unidad de los opositores

Agencia de Noticias Fides, ANF, 10-6-19

Ahora pueden leer este artículo en mi blog

No creo ser el único mortal que sufre por la tardanza de las pizzerías en efectivizar los pedidos, dejando que los jugos gástricos hagan de la suya en el estómago del cliente, el cual vive pendiente de la puerta de la cocina, esperando la anhelada pizza.

Hay razones generales para eso, como el número de clientes y la limitada capacidad del horno; pero también las hay específicas. No es lo mismo pedir un silpancho que pedir una pizza, debido a que los menús suelen ofrecer una variedad de pizzas, al gusto del cliente y, habitualmente, de un grupo de seis comensales cinco piden sabores diferentes. Lo anterior implica más tiempo de preparación, lentitud en la cocción y mayor sufrimiento por la espera.

Esta constatación gastronómica viene al caso de los pedidos de unidad que se elevan desde diferentes actores del quehacer político plurinacional. Todos quieren pizza, pero cada uno la quiere a su gusto y sabor.

En particular los ciudadanos que desean un cambio de gobierno, independientemente de si el actual lo hizo bien, regular o malo, están desesperados para que haya unidad, creyendo que de ese modo aumentan  las probabilidades de éxito. Siguiendo la metáfora, quieren una pizza única con el solo fin de aplacar el hambre.

Mientras Evo Morales, el convidado trucho, que por supuesto no es opositor a si mismo (aunque a veces actúa como tal, disparándose a los pies), aconseja una pizza única de hongos venenosos a los legítimos contrincantes, sin que nadie lo escuche, los verdaderos opositores revisan cuidadosamente el menú para pedir cada cual la pizza que más le gusta y, sobre todo, tener el cuchillo en la mano para el momento de cortar las tajadas.

Algunos quisieran una pizza “estratégica”, con una única base programática y un solo sabor dominante, pero cada uno desea poner sus ingredientes, a sabiendas de que los mariscos no van con el queso, ni la piña con las anchoas. Además resulta que algunos la quieren bien cocida y humeante, otros a la temperatura ambiente y otros quemada. Incluso en torno al queso mozzarella (que se estira ideológicamente según la temperatura del entorno, no hay unanimidad: unos piden yapa; otros lo quieren en poca cantidad y no falta quien rechaza hasta su olor. Mejor en ese caso pedir una pizza “ocho estaciones” (en nuestro caso) y que cada cual coma su porción (proporcional) de agregados. No está por demás recordar que en el pasado hubo pedidos unánimes de una sola pizza de varios sabores pero, al momento de servirse, empezaron las peleas acerca de a quién le correspondía cada tajada y la pizza se hizo añicos. Ni que decir de los aderezos “territoriales”: cada región quiere valorar sus productos, su ají, su orégano, su queso y sus especies por encima de las otras regiones.

Más realista sería pedir pizzas “tácticas”. Esto implica dejar de lado pedidos unipersonales y caros e ir por la pizza más grande; compartir pizzas de sabores similares; no despreciar, sabotear o criticar las pizzas de los demás y colaborar para que los pedidos sean atendidos de manera expedida y correcta, impidiendo que la cocinera haga trampa y altere el orden de llegada de los pedidos.

Una actitud pragmática sería mantener, en primera ronda, pedidos separados pero, en la segunda ronda, si sigue el hambre, unirse en torno al sabor que tuvo más éxito. En ese caso la segunda pizza debería ser familiar y capaz de satisfacer, aunque sea en pequeñas cantidades, el gusto relegado de los comensales que se quedaron sin poder entrar a la segunda ronda.

En fin, más que una unidad artificial de la oposición, se necesita una actitud tal que aquel que llegue a la segunda vuelta, como primero o segundo, reciba de los más afines contendores el apoyo electoral y sus mejores ideas y personas.

Francesco Zaratti es físico y analista; @fzaratti

El Postulado de Gell-Mann

Página Siete, 1 de junio de 2019

En el umbral de los 90 años, ha fallecido Murray Gell-Mann, uno de los gigantes de la Física del siglo XX. Norteamericano, de familia judía originaria de Austria y ganador del premio Nobel de Física en el año 1969, Gell-Mann es celebrado por el destacado aporte a la formulación matemática de la teoría de las partículas elementales, gracias al ordenamiento y clasificación que realizó en los años ’60, replicando en la física nuclear la hazaña del ruso Dmitri Mendeleev en la Química (tabla periódica de los elementos), cien años antes.

Murray Gell-Mann fue un genio científico “renacimentista”, no sólo por su cultura universal y la constante atención a los temas políticos y sociales, sino también por el interés en diferentes campos de la ciencia que cultivó hasta sus últimos días.

Se reconoce su paternidad, de manera especial, en el “bautizo” de conceptos y propiedades de la microfísica. De hecho, Gell-Mann acuñó el término “quarks”, un nombre tomado de un pasaje de la novela Finnegan’s Wake de James Joice (“Three quarks for Muster Mark!”), para los fundamentales e inaccesibles ladrillos de la materia que pusieron orden en el “zoológico” de las partículas elementales producidas por los grandes aceleradores. De igual manera, el genial físico bautizó las propiedades de los quarks con términos exóticos, como “extrañeza” y “color”, dando vida a la elegante y precisa teoría llamada “Cromodinámica Cuántica”.

Al margen de su brillante trayectoria científica, me ha vuelto a la mente, en estos días, el poco conocido “Postulado de Gell-Mann”, que no es una ley o un resultado científico, sino tan solo una conjetura razonable, amparada en la experiencia.

El “Postulado de Gell-Mann” afirma, en síntesis, que “lo que no está prohibido debe suceder” y tiene dos implicaciones relevantes. Por un lado, si una teoría no prohíbe ciertos procesos, éstos en algún momento deben ser detectados (piensen en las ondas gravitacionales). Al contrario, si un proceso no es observado a pesar de no estar prohibido, debe existir un motivo, generalmente una nueva ley que impide que ese proceso suceda (el caso del éter). De hecho, las preguntas suscitadas por efectos permitidos, mas no observados, de las colisiones atómicas abrieron las puertas a nuevos hallazgos teóricos.

Desde luego, Gell-Mann formuló su Postulado pensando en las aplicaciones al microcosmos, pero nada impide usar su Postulado en otros campos del conocimiento.

Por ejemplo, la existencia de vida extraterrestre no está prohibida por ninguna ley científica, de modo que, de acuerdo con el Postulado, en algún momento debe hallarse vida en otros lugares del Universo o, en su defecto, deberá buscarse una razón para su no existencia.

Adaptado al Derecho, el Postulado se parece mucho a la máxima: lo que no está prohibido está permitido… y sucederá impunemente, hasta que se lo prohíba. Sin embargo, la burocracia suele sanarse en lo sano y matarnos de rabia, aplicando otro principio: lo que no está expresamente autorizado, está prohibido.

Asimismo, los organismos genéticamente modificados y los agrocombustibles no están expresamente prohibidos en la Constitución Política vigente, la cual seguramente fue redactada con el fin de que en algún momento se los permitiera, como se está haciendo alegremente hoy.

Finalmente, la repostulación de Evo Morales, prohibida por la Constitución y negada por el pueblo del 21F, parece confirmar que toda regla tiene excepciones. Sin embargo, el mismo Postulado de Gell-Mann permite a los opositores avizorar que la derrota electoral del oficialismo, al no estar prohibida por ninguna norma, puede y debe suceder; a no ser que existieren mecanismos ocultos para imponer la perpetuación en el poder.

Las lecciones del pozo Boyuy

“A falta de gas extraemos enseñanzas”

Parafraseando a la Presidenta del Senado, yo también tengo la certeza de que el pozo Boyuy es posiblemente un éxito geológico, debido a que Repsol hizo bien su trabajo, acumuló un sinnúmero de datos a profundidades nunca antes exploradas en Bolivia y ha reescrito paradigmas científicos sobre las propiedades del gas en esas condiciones. Sin embargo, no me queda ninguna duda de que Boyuy es un rotundo fracaso exploratorio, debido a que no se alcanzó el objetivo principal: hallar gas comercializable, o sea útil para la economía del país.

La prueba irrefutable del fracaso es el silencio oficial, muy diferente a la locuacidad triunfalista de hace unos meses. Tampoco Repsol ha proporcionado información trasparente, aunque el solo hecho de no haber traído al inefable Antonio Brufau para brindar con Evo Morales por el éxito de Boyuy habla de por sí.

Por cierto, no se trata de buscar culpables, menos de sentir vergüenza: el fracaso exploratorio es parte del  riesgo de una empresa petrolera, riesgo que el Estado en ninguna circunstancia debería asumir, debido a que esos cientos de millones de dólares los necesita para “su negocio”, que es proveer educación, salud y servicios a la población.

En ese contexto, alarma la ambigüedad oficial acerca de quién pagará los platos rotos. Personalmente me inclino, por varias razones relacionadas con la improvisada Ley de Incentivos Petroleros, por una devolución a Repsol de los costos incurridos, mediante las utilidades del campo Margarita.

Más importante es extraer algunas lecciones de ese fracaso. Ya mencioné la necesidad que YPFB no realice labor exploratoria ni asuma el costo de eventuales fracasos. Lo penoso es que, “gracias a la nacionalización”, hoy se ha vuelto muy complicado lograr que las empresas corran con todo el riesgo exploratorio.

Geológicamente hablando, el pozo Boyuy ha demostrado que no existe “continuidad geológica”. La cercanía del pozo con el campo Margarita, fuente del optimismo inicial, no ha sido suficiente garantía de reproducción de la estructura geológica.

A su vez, las autoridades del ramo deberían haber aprendido a no hacer el ridículo de “vender la piel del oso antes de haberlo capturado”, o, en otras palabras, a no mezclar evidencias empíricas con buenos deseos. Caso contrario, estarán condenadas a llenar un cuaderno de cien hojas con la sentencia: “Mi mamá me dijo un millón de veces que no tengo que ser exagerado”.

La actividad petrolera no debería ser presa del manoseo político, menos electoral. ¿Por qué al MAS le resulta tan difícil aceptar que la empresa YPFB, que el pueblo refundó mediante el Referéndum del gas del año 2004, no es propiedad privada de un partido o de un gobierno, sino del Estado, o sea de todos los bolivianos?

Otra lección es que en el sector de los hidrocarburos actuar con improvisación o por desesperación tiene un costo elevado. Es cierto que “el ‘largo alcance’, previsto hace 13 años, es ya una realidad” (M. Medinaceli dixit) y muestra las arrugas de una política buena para cobrar y gastar, pero pésima para reponer y asegurar el futuro. Sin embargo, no parece correcto maquillar esas arrugas aceptando acríticamente las exigencias de las empresas petroleras con la esperanza de “milagros” que oculten los horrores; peor aun cuando el costo de ese cambio consiste en renegar de principios y valores que fueron banderas (¿o tan solo máscaras?) del proceso de cambio. Piensen en el abuso de aplicar el art. 64 de la ley 3058 a campos “pequeños y marginales”, como Margarita e Incahuasi; piensen en la rebaja del otrora inamovible 50% de regalías e IDH; piensen en los temas ambientales e indígenas; piensen en la industrialización frustrada por la ineptitud; piensen …

Publicado en Página Siete, 18 de mayo de 2019 y también en Los Tiempos (Cochabamba), Agencia de Noticias Fides, La Patria (Oruro), El Día (Santa Cruz) y El Correo del Sur (Sucre).

Suicidios y machicidios en la Biblia

Página Siete, 4 de mayo de 2017

El reciente suicidio del ex-Presidente aprista Alan García Pérez ha vuelto a traer al debate público la temática de ese gesto, sus causas y el juicio moral que implica.

En ese contexto me he preguntado si en la Biblia se narran suicidios y si existe un juicio moral en torno a los suicidas. Revisando los libros históricos del Antiguo Testamento encuentro cuatro episodios que merecen ser comentados.

El primero es narrado en el libro de Jueces (9,54) y tiene como protagonista a Abimélek, violento hijo del “juez” Gedeón. Durante el sitio de Tebes, una mujer le arrojó desde una torre una piedra de molino que le partió el cráneo. Moribundo, Abimélek pidió a su escudero que lo rematara para no pasar la vergüenza de haber muerto en batalla por mano de una mujer. Aunque es posible clasificar este suicidio como un “machicidio”, no se encuentra, sin embargo, en el texto un juicio moral; tan solo se ve esa muerte como un justo castigo por las fechorías de Abimélek.

Luego tenemos el célebre episodio de Sansón que se deja morir al perpetrar un “atentado terrorista” contra los filisteos (Jc  16,30) con un saldo de más de tres mil víctimas.  En realidad se trata, en este caso, de martirio y redención religiosa más que de suicidio en batalla. De hecho, Israel rindió a Sansón una digna y honrosa sepultura.

El suicidio del rey Saúl en batalla (1Sam 31,3-4) tiene su origen en una mezcla de derrota militar y enfermedad: en efecto la vida del  fracasado primer rey de Israel se vio afectada por males del alma (depresión y bipolaridad). En vano buscaríamos un juicio moral en torno al rey suicida;  al contrario, su cuerpo mereció ser rescatado.

Otro suicidio sonado fue el de Ajitófel (2Sam 17,23), quien, siendo un apreciado consejero político del rey David, a raíz del “golpe de estado” de Absalón, el tercer hijo del rey, se pasó al bando de los insurrectos. Sucedió que su consejo de perseguir al fugitivo David no fue tomado en cuenta y el narciso Ajitófel se quitó la vida ahorcándose. ¡De proliferar hoy este ejemplo de “narcicidio”, no quedarían consejeros ni asesores políticos!

En resumen, en el Antiguo Testamento el suicidio por motivos de “honor” es admitido, sin que medie un juicio moral, como una opción para evitar un escarnio mayor.

Pasando al Nuevo Testamento, viene a la mente el suicidio de Judas Iscariote, narrado por el evangelista Mateo (Mt 27, 3-5). Según esa tradición, Judas se ahorcó agobiado por el remordimiento de haber traicionado a Jesús. No es difícil reconocer un estrecho paralelo entre Judas y Ajitófel: ambos traicionan a su rey/maestro; ambos quedan decepcionados y, por orgullo o por desesperación, ambos se quitan la vida ahorcándose. Por tanto, es innegable la intención de Mateo de inculcar en sus lectores de origen judío la imagen de Jesús-nuevo David, el verdadero Rey que, como su antepasado, fue víctima de una traición que cobró la vida del traidor.

Además, Mateo explota otro paralelismo: entre Judas y Pedro. Pedro, después de haber negado a Jesús, se arrepiente y llora amargamente, confiando en la misericordia de Dios. Judas, al contrario, opta por el camino de la desesperación, rechazando la posibilidad de ser perdonado.

Tradicionalmente, la Iglesia ha condenado el suicidio, llegando incluso a negar el funeral religioso, no solo por ser un acto en contra de la vida, sino por ser un “pecado contra el Espíritu Santo”, en la medida en que el suicida, al rechazar la posibilidad de ser perdonado, asume que Dios no es Dios, o sea, no es Misericordia Infinita.

Sin embargo, hoy la Iglesia, aun cuando sigue condenando el suicidio en sí, respeta al suicida, a sabiendas de que la misericordia de Dios actúa hasta el último instante de vida.