Pensamiento crítico

Educar se asemeja a cocinar. Para preparar un buen plato se necesita conocer la receta, tener los ingredientes, saber combinarlos y, lo más difícil, ponerle una pizca de creatividad e innovación.

De la misma manera, una buena educación implica un conocimiento accesible, que está al alcance de todos gracias a Internet, un relacionamiento amplio, que hoy se obtiene a través de las redes sociales, pero, sobre todo, una alta capacidad de pensamiento crítico, lo más complejo y desafiante.

Uno de los grandes físicos del siglo XX, Richard Feynmann, lo expresó de manera inmejorable: “El problema no es que la gente carezca de educación. El problema es que las personas están lo suficientemente educadas para creer lo que se les ha enseñado, pero no están lo suficientemente educadas para cuestionar cómo ni qué se les ha enseñado”.

¡Enseñar y aprender a dudar!, ahí está el gran desafío de la educación integral. No es un caso que los regímenes más autoritarios carezcan de un sólido pensamiento crítico de gran parte de su población. Las consecuencias de esa realidad educativa se notan en la facilidad con que ciertas sociedades creen cualquier fake news que aparece, sin darse el trabajo de dudar y verificar la noticia. De una forma más sofisticada, eso explica porque hay sociedades que destacan por desarrollar tecnología más que ciencia.

La educación en Bolivia es pobre en muchos aspectos – tal vez en infraestructura e incentivos menos que en el pasado- pero, si en algo muestra su miseria, es en pensamiento crítico. Indudablemente el sometimiento de las voluntades durante la colonia no ayudó a desarrollar esa destreza, aunque sospecho que tampoco las sociedades ancestrales, clasistas y piramidales, la fomentaban, facilitando así la Conquista.

Las recientes elecciones han mostrado la polarización del voto urbano y rural -de eso no hay duda- pero ese hecho sigue esperando una explicación convincente. Se ha mencionado la “captura” de los votantes rurales por el sistema sindical que se apoya eficazmente en “usos y costumbres” para condicionar el voto, mediante identificación étnica, clientelismo o coerción social.

Ambas tácticas pueden funcionar en comunidades aisladas y reducidas, pero no alcanzan para dar cuenta del voto de las periferias urbanas, donde otros “usos y costumbres”, como los de orden ético, se han diluido con la inmersión en la cultura urbana y donde las amenazas han perdido en gran medida su eficacia. Podríamos hablar, a ese respecto, de sociedades “urbaruralizadas” donde varios resabios de la educación recibida determinan la conducta social. Exactamente lo mismo sucede con las clases medias y altas, que sienten la “obligación” de simpatizar con ciertos grupos por el solo hecho de combatir al “enemigo común”. Una vez más, defensa étnica y coerción social son los atributos que, eslóganes de por medio, remplazan al pensamiento crítico.

En otro nivel, el pensamiento crítico es reemplazado por el espíritu de pertenencia a las “multinacionales” de la política. Es una alineación que lleva, por ejemplo, a calificar de “golpista” al gobierno de J. Añez, a pesar de haber mantenido en vigor (masoquistamente) todas las instituciones del Estado, pero que legitima al gobierno de N. Maduro, no obstante haber anulado (sádicamente) todos los contrapesos.

Un buen comienzo de la ansiada reconciliación sería anteponer el pensamiento crítico (que da la ciencia) a la lealtad (que exige la ideología).

Por si fuera poco, al pensamiento crítico en la educación se le ha colocado el bozal de las clases y seminarios virtuales, que se parecen siempre más a las clases de cocina por la tele donde todo plato sale perfecto, sin que se pueda comprobar olores y sabores.

Página Siete, 14 de noviembre de 2020

El nuevo rol del gas natural

Ha quedado demostrado una vez más que la influencia de los programas de gobierno en una elección es insignificante, porque pocos los leen y menos los entienden; sin contar con que el papel aguanta todo y otra cosa es con guitarra.

El programa del MAS, además de estar plagado de mentiras piadosas con el fin de justificar los desaciertos y derroches de la gestión de los últimos 14 años, tiene el pecado capital de mantener separados sectores como hidrocarburos, energías y medio ambiente que hoy suelen considerarse de manera conjunta e interrelacionada. De hecho, la fusión de Hidrocarburos y Energías en un solo ministerio sería un buen comienzo.

Es un hecho que la transición de las fuentes fósiles a las renovables es la respuesta mundial para mitigar el calentamiento global. Sin embargo, para Bolivia esa transición es también una necesidad ante el agotamiento del ciclo del gas que, durante los últimos 50 años, ha proporcionado divisas y rentas al país. Hoy, la eventualidad de hallar nuevas reservas solo podría dilatar la agonía, porque la extracción del gas y su disminuida exportación a los inciertos mercados regionales no son ninguna garantía para la estabilidad económica y energética del país a largo plazo.

Consecuentemente, es necesario redefinir el rol del gas natural en la transición energética que Bolivia debe encarar ya. Desde luego la exportación seguirá siendo una fuente de divisas y rentas para el funcionamiento del Estado, de modo que los ajustes vendrán del lado del mercado interno.

Se ha repetido hasta el cansancio que no tiene sentido generar electricidad con gas natural cuando se tiene abundantes fuentes de energía renovable. El tan cacareado superávit de potencia eléctrica instalada es consecuencia de una irracionalidad que deberá corregirse, manejando sagazmente los temas de tarifas y subsidios que condicionan las medidas requeridas.

Por cierto, reemplazar el gas por fuentes renovables (agua, sol y viento) obliga a cortar el cordón umbilical del rentismo, porque la electricidad no da regalías ni IDH, menos bonos. Sin embargo, lo que el Estado pierde en rentas lo gana en empleos, producción, inversiones e impuestos. En otras palabras, la transición energética puede acelerar el cambio de modelo de desarrollo que todos dicen anhelar. En resumen, las reservas de gas que aún quedan deben cumplir, mediante una especie de “sacrificio redentor”, la función de motor de la transformación del modelo económico.

Además de la generación eléctrica, que utiliza más del 40% del gas destinado al mercado interno, el gas se consume en las redes domiciliarias, la industria y el transporte (GNV).  Sin tocar las redes domiciliarias (“la energía para los bolivianos”), la industria que no depende del calor puede ser electrificada y el transporte diversificado. En efecto, gas, gasolinas, diésel, biodiésel de primera y segunda generación tienen cada uno su propio nicho, si son capaces de convivir y, sobre todo, competir con los demás combustibles. En particular, el transporte eléctrico es una opción vigorosa y, en el caso de Bolivia, los excedentes de GLP pueden reemplazar técnica y económicamente la gasolina mucho mejor de como lo hace el polémico bioetanol. Para que todo eso se haga realidad, se precisa ajustes y cambios profundos en leyes y normas.

En ese contexto, referirse en detalle al plan de energía del MAS, ideologizado y carente de una visión holística del sector, y a sus propuestas, muchas de ellas impracticables, como la insistencia en la fallida industrialización y la apuesta a los biocombustibles, es una pérdida de tiempo. Sin contar con que a las inversiones externas hay que buscarlas y no esperarlas pasivamente con guirlandas de coca.

Publicado en Página Siete el 31/10/2020

El populismo según el Papa Francisco

He subido a mi blog mi más reciente columna de opinión.

La interpretación del pensamiento y la personalidad de Jorge Bergoglio (Papa Francisco) depende del lente de sus observadores.

Los “progres” lo ven como un timorato sostenedor de los procesos de transformación emprendidos por la izquierda, sobre todo latinoamericana, aunque, en el fondo, como un aliado de los movimientos sociales. Sin embargo, los progres latinoamericanos (los mismos negacionistas del fraude) en su mayoría no ahorraron ácidas críticas y calumnias contra el recién elegido Papa.

Los neoconservadores (“neocones”), a su vez, no lo bajan de simpatizante de los frentes del Alba, Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla. Indudablemente, Francisco aparenta mayor simpatía por los peronistas que por los macristas y se muestra más condescendiente con Evo que con Bolsonaro, para ir a los extremos.

Algunas de esas percepciones encuentran asidero en acciones y señales concretas que suelen relacionarse con el entorno de Bergoglio, conformado por polémicos asesores y antiguas amistades gauchas. Sin embargo, si el Papa Francisco ha aprendido (a golpes) a lidiar con la Curia Romana, con mayor razón es de esperar que pueda lidiar con demagogos diletantes.

Un importante apunte vino del mismo Papa en el discurso más político de su visita a Bolivia, cuando -en Santa Cruz – manifestó su entusiasta adhesión al proceso de cambio, pero en cuanto “proceso”; lo mismo que desear un queque no implica necesariamente tragarse un queque de coca.  En otras palabras, el cambio anhelado desde nuestra visión de la sociedad y del desarrollo es un proceso dinámico que puede resultar en un éxito o un fracaso, dependiendo de cómo se lo lleva a cabo.

La reciente encíclica “Fratelli tutti”, que yo traduciría “Hermanas y hermanos”, dedica el capítulo quinto (en particular los numerales 154-169) a temas álgidos de la política contemporánea. Juan Manuel De Prada, en el diario ABC de Madrid, insinúa críticamente que la encíclica tiene rasgos más personales que universales: “A Francisco… lo empequeñece el miedo al fracaso”. En el contexto del regreso del péndulo político latinoamericano hacia el centro democrático, esa insinuación cobra cuerpo en la crítica franca y directa que dirige Francisco al populismo, como contrapeso a la habitual y justa crítica al liberalismo, como queriendo tomar distancia de los fracasos de ese modelo.

Francisco empieza apuntando a las raíces comunes de ambas conductas:  el desprecio a los débiles que, para los “neocones”, son los perdedores, indigentes y migrantes, y, para el otro bando, son los opositores, los diferentes, los indígenas pobres. Mismos intereses, diferentes justificaciones (155).

Luego la encíclica señala que “pueblo” (una categoría mítica fundada en identidad y pertenencia) no encaja necesariamente en el populismo, una conducta que, cuando es buena se vincula con lo popular, pero que, si se extravía, solo genera polarización en la sociedad.

De hecho, el Papa fustiga “la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”. El insano populista -añade el Papa- exacerba las bajas inclinaciones de un sector de la población y cae “con formas groseras o sutiles en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad” (159). A buen entendedor…

Un atributo del populismo -sigue Francisco- es el inmediatismo que se revela cuando respuestas pasajeras como los bonos se vuelven permanentes (161) en perjuicio del desarrollo económico. Lo verdaderamente popular, concluye el Papa, es un trabajo digno, resultado de un cambio profundo del modelo de desarrollo, en el cual se valore la capacidad y el esfuerzo.  

Publicado en Página Siete el 19/10/2020

Tres caminos y un voto responsable

Poco antes de renunciar a su candidatura, la Presidenta Añez sostenía que existían solo dos caminos: la senda pedregosa del MAS y el camino luminoso de Juntos. ¡Lástima que, después de varios días de bajarse de la carrera electoral, ella misma no tenga claro cuál es el camino alternativo al que ha desechado!

Esa visión maniquea, “bifurcación” le decía un lector de libros de matemáticas, está presente en la mente de muchos electores que, de buena fe, quisieran que la lucha política tuviera un desenlace claro y definitivo. De ahí, el clamor a los candidatos relegados por las encuestas de retirarse en nombre de la unidad anti-MAS.

En mi opinión esa postura está destinada al fracaso, por varias razones. La principal es que, en el fondo, los problemas de Bolivia no se resuelven por arte de magia ganándole la presidencia al MAS, aunque admito que ése sería un buen comienzo después de la oportunidad que tuvo ese conglomerado de partidos y movimientos sociales durante catorce años, en los cuales, a cambio de pequeños éxitos, sembró y cosechó demagogia, despotismo, asesinatos, represiones, corrupción, derroches industrializadores y fracasos internacionales.

Los problemas radican en la realidad del país, en las carencias de educación y salud, en la debilidad institucional, en la lógica del racismo y la confrontación. En suma, en la falta de madurez política que, después de casi 200 años, seguimos sufriendo.

A futuro, justamente para madurar y estabilizarse, Bolivia necesita convivir con por lo menos tres grandes opciones políticas: una de izquierda (ojalá menos populista y más “sociable”), un centro con corrientes internas que oscilan entre centroderecha y centroizquierda, y una derecha moderna y liberal en economía. Esos tres caminos, los tres legítimos y necesarios, responden en gran medida al espectro ideológico de los electores quienes con su voto premiarán la opción que más le conviene al país.

Adicionalmente, no creo en la eficacia del voto digitado por líderes o caudillos que, después de renunciar, solicitaren a sus partidarios apoyar a otro candidato. Prefiero creer que al final la responsabilidad guiará el voto de los indecisos, incluso de los que se inclinaban, sin total convicción, por un candidato sin chance. Más que voto útil (concedido sin gana y con bronca), o voto inteligente (léase calculador), el voto responsable (aquel que no está “en contra”, sino “a favor”) decidirá la suerte del próximo gobierno.

¡Qué tiempos aquellos en que Marcelo Quiroga Santa Cruz pedía no solo un voto sino un compromiso a sus electores: “¡Sin tu voto a la cárcel, con tu voto al Parlamento, con tu lucha al poder!” ¡Qué diferencia con el fijarse en apariencias y estereotipos!

¿Y qué decir del voto “sofisticado” que rebusca en un programa electoral una propuesta de simple impacto sectorial que, por gustarle o disgustarle, le permite decidir, cual fuera un César, la dirección del pulgar?  Hay polémicas agendas que precisan estar supeditadas a políticas de mayor urgencia, acordes a la sensibilidad y prioridad de la mayoría de la población.

Esta elección no está para quisquillosidades: los programas, como la carga, se ajustan en el camino y pasarán inevitablemente por el filtro de pactos políticos y sociales. Pero no pactos que impliquen repartija de pegas y poder, sino que generen políticas de Estado de largo alcance, como las que necesita Bolivia, hoy más que nunca, para salir del atolladero en que ha caído, con el concurso de los mejores hombres y mujeres del país, sin exclusión.

El voto responsable permite empoderar un gobierno no “de transición” sino “que guíe la transición” del fallido modelo rentista de desarrollo a otro que logre transfigurar el país.

Publicada en Página Siete, 3 de octubre de 2020

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El peor actor de reparto del Cambio Climático

Siberia (del ruso “siver”, viento frío) es una región que inspira recuerdos aterradores de campos de concentración (los “gulac” de estaliniana memoria) y de desolados parajes permanentemente congelados (la tundra), rodeados de extensos bosques, caudalosos ríos y grandes lagos.

Siberia es El Dorado soñado por un “chanta” exministro, debido a que posee de verdad un océano de petróleo y gas en su subsuelo, casi 2/3 de la riqueza petrolera rusa. A propósito de chanta, ¿cómo no mencionar aquí el colorido consejo del músico John “Juke” Logan: “No dejes que tu boca firme un cheque que tu traste no puede pagar”?

Es tanto el gas metano de Siberia que se lo encuentra hasta en superficie, atrapado desde hace 200 mil años en el “permafrost”; literalmente “suelo permanentemente congelado”. El permafrost es bien conocido como un importante actor de reparto del Cambio Climático, por dos razones, una local y otra global.

Localmente, como efecto de la deforestación intensiva de Siberia desde los años ’60, la tundra ha ido perdiendo la sombra protectora de los bosques y, por estar más expuesta a la radiación solar, ha empezado a derretirse en los veranos. Adicionalmente, debido al calentamiento global que, como sabemos, resulta particularmente intenso en las regiones cercanas al Polo Norte, se ha acelerado ese descongelamiento, con el resultado de un incremento de las emisiones de gas a la atmósfera.

En efecto, el metano es un poderoso GEI (Gas de Efecto Invernadero), 25 veces más dañino que el dióxido de carbono, de modo que su emisión a gran escala retroalimenta el calentamiento global, socavando los tímidos esfuerzos de mitigación emprendidos a partir de las cumbres mundiales del clima.

Si la quema de combustibles fósiles -petróleo, gas, carbón y bosques- es la protagonista del Cambio Climático, el permafrost es su peor actor de reparto, cuyo aporte es, al mismo tiempo, efecto y causa del calentamiento global.

Como si eso no fuera suficiente, el calentamiento de la tundra ha tenido un efecto adicional, que ha cobrado notoriedad mediática en los últimos días gracias al descubrimiento, vía imágenes satelitales, de un enorme cráter de 50 metros de profundidad en una zona inhóspita de Siberia. No es el único ni el primer cráter que se descubre, tampoco el más grande; es tan solo el último (por ahora). De hecho, el llamado Batagaika (cercano a la ciudad de Batagai) tiene 1 km de ancho y casi 100 metros de profundidad.  La aparición de esos cráteres se debe a la fuga de gas metano desde el interior de la tundra a causa del calentamiento global y a la acción de microbios que descomponen los hidrocarburos. El vacío dejado por el metano liberado crea un enorme cráter que, queriendo hallarle un aspecto científicamente interesante, revela la composición geológica de hace 200 mil años, aportando así al mejor conocimiento del clima prehistórico que guarda ciertas similitudes con la crisis actual.

El fenómeno del descongelamiento del permafrost es problemático porque no hay nada que el hombre pueda hacer directamente para contrarrestarlo. Solo queda reducir el calentamiento global ejecutando medidas de mitigación adecuadas, como la reforestación y la disminución de las emisiones de los GEI antrópicos en la atmósfera.

En Bolivia, además del “permafrost social” que se activa en las crisis y las exacerba, tenemos también un permafrost natural en el Pantanal, esas llanuras aluviales que emiten continuamente metano debido a la descomposición de materia orgánica. Los incendios forestales en esa zona pueden quebrar ese frágil equilibrio y hacernos corresponsables de mayores emisiones de ese gas, que es bueno para la economía, pero fatal para la atmósfera y el planeta.

Página Siete, 19/09/2020

La planta del biodiesel

Rudolph Christian Karl Diesel (1859-1913), fue un ingeniero alemán que nació, trabajó y murió en circunstancias trágicas en Francia. Diesel ha quedado inmortalizado por el invento de un motor ampliamente utilizado en maquinarias agrícolas, barcos y camiones. Curiosamente, el primer motor diésel funcionaba con un biocombustible, el aceite de palma para ser preciso, pronto reemplazado por un derivado del petróleo.

Esta historia me ha vuelto a la memoria al escuchar al candidato presidencial del MAS-IPSP, coloquialmente “Instrumento Político para Senadorar al Presunto…” (póngale la imputación que corresponde), anunciar la estrella de su programa de gobierno: “una planta de biodiesel”.

Es posible que algunos lectores, aturdidos por la polémica de los últimos días acerca de los milagros de la biotecnología, pensaran que la propuesta apuntaba a introducir el cultivo de una nueva planta, una soya genéticamente modificada, cuyo fruto contendría el aceitoso biodiesel. Hasta esperarían la publicación de una carta de aval a semejante avance científico de 100 participantes del rally Dakar, categoría camiones.

Al margen del chiste, la realidad es menos divertida y más preocupante. En honor a la verdad, la propuesta de la planta industrial de diésel, revelada en un foro electoral, es demasiado genérica, confusa y contradictoria para tomarla en serio. De hecho, apenas está mencionada en el programa de gobierno entregado al TSE.

Se me ocurren, por lo pronto, tres preguntas: ¿Quién construirá la planta y dónde? ¿De dónde saldrá la materia prima? ¿Dónde irá a parar el supuesto ahorro del subsidio al diésel reemplazado?

A falta de más información y con base en la triste realidad de los proyectos de “industrialización” (los celebrados elefantes azules) y en el delirio estatista de ese partido, es lícito suponer que será otra inversión del Estado, con préstamos del Banco Central que nunca se devolverán, máxime ahora que se acabó la bonanza de divisas. Podrían hacerlo los privados, como en el caso del etanol, pero eso le cuesta al usuario y al Estado. Además, por los antecedentes, es previsible que la ubicación sea en Achacachi u Orinoca.

La materia prima es la soya, un importante eslabón de la cadena alimenticia, cuyos cultivos obviamente se ampliarán presionando la frontera forestal, con todas las consecuencias ambientales que esa expansión implica, incluso el mayor consumo del diésel que se pretende reemplazar.

Finalmente, no hay que olvidar que el biodiesel es tan solo un aditivo del diésel fósil (hasta un 25% de acuerdo con la ley 1098), el cual, de todos modos, se seguirá importando, a un costo posiblemente menor que el biodiésel. La diferencia, y con eso respondo a la tercera interrogante, la pagan el usuario y YPFB mediante el subsidio que irá al productor a título de incentivo.

Es cierto que el problema del diésel requiere de soluciones urgentes, en vista del creciente e insostenible monto de divisas que se gasta en la importación; pero, antes de aventurarse en la producción masiva de biodiesel, habría que evaluar, entre todos los interesados, sus implicaciones técnicas, económicas y ambientales y explorar las alternativas más convenientes para el país. Una alternativa es también el biodiesel, como sucede en todo el mundo, si es comercializado en condiciones de competitividad y no impuesto coercitivamente, como el bioetanol.

Buscando ser propositivo, si el biodiesel es tan bueno y virtuoso como se pregona, ¿por qué no permitir, a manera de experimento, a los principales consumidores, los agroindustriales, invertir, producir y usar el biodiesel que requieren en sus maquinarias hasta el máximo porcentaje de aceites vegetales permitido por la ley 1098?   

Página Siete, 5 de septiembre de 2020

Poesía y prosa del etanol

Al mejor estilo del ministro “oceanógrafo” del MAS, hemos asistido días atrás a una recitación poética de las bondades de adicionar etanol a la gasolina que consumimos en Bolivia. La ocasión la proporcionó la entrega de la resolución RM 60/2020 del Ministerio de Hidrocarburos a los industriales azucareros, como parte del plan de reactivación del aparato productivo golpeado por las pandemias, la Covid19 y los bloqueos.

Esa poesía, que canta las consabidas virtudes técnicas, financieras y económicas del combustible etanol (faltó mencionar las espirituales), se estrella contra la árida prosa de la resolución de marras, la cual, más allá de los consuetos considerandos, tiene seis artículos (y disposiciones anexas) que con mucho esfuerzo pueden relacionarse con los vuelos pindáricos del ministro vate.

Por ejemplo, no hay rastro de los 120 millones de litros de etanol que YPFB se obligaría a comprar, adicionales a los que aceptó el MAS cuando tuvo que tragarse sus sapos pachamámicos, como aquel que “los alimentos son para los seres vivos y no para las máquinas”.

¿Qué determina, pues, la RM 60/2020? Reglamenta las especificaciones técnicas de la gasolina base a la cual se le mezcla el etanol para alcanzar un octanaje de por lo menos 87 (RON 87). Traducido en facilito: se abre la puerta para que el aditivo etanol sea obligatorio en todo el territorio nacional y su porcentaje en un litro de gasolina suba al 12%, 50% más del que rige actualmente para la Gasolina Especial Plus (+), incrementando el riesgo para el motor.

La resolución de marras tiene fallas de forma, como la modificación de un párrafo inexistente del artículo 3 de una resolución anterior (la 045-19); pero, sobre todo, tiene serios cuestionamientos políticos y económicos.

En lo político, en la panza del caballo de las especificaciones técnicas se esconde una decisión de política energética que no le atañe a un gobierno transitorio, en puerta de elecciones generales inamovibles. Se critica, con toda razón, las leyes insanas que está produciendo como marraquetas la Asamblea Legislativa Plurinacional, gracias a una mayoría masista de dos tercios que no refleja en absoluto al país actual. Sin embargo, el Gobierno actúa, a su vez, como si estuviera empezando una gestión de cinco años. De hecho, el tema del combustible etanol está respaldado por leyes, decretos y resoluciones que han producido un fracaso tras otro y que ameritan una profunda evaluación antes de reincidir en aventuras que solo perjudican al maltrecho YPFB.

Desde lo económico, el cuestionamiento mayor es: ¿Es este el mejor momento para implementar esa norma, cuando las ventas de alcohol han subido a las estrellas, a causa de la pandemia?

Opino que la RM 060/2020 llega en el peor momento para ser emitida. En efecto, el consumo de gasolina ha caído a niveles mínimos, inferiores a la producción nacional, lo que descarta la necesidad de importar gasolina, con excepción de los aditivos necesarios para aumentar el octanaje de la gasolina base. Por tanto, el gasto en divisas es mínimo y sin compromisos, considerando también que el precio internacional del barril de petróleo sigue estancado en torno a los 40 $, lo mismo que pagan las refinerías por el condensado nacional. Consecuentemente el tan cacareado ahorro resulta también insignificante. Al contrario, si el costo del etanol para YPFB se mantiene en 0.52 Bs/l, como parece, estaríamos hablando de un subsidio millonario – destinado a crecer- que YPFB transfiere a los ingenios azucareros.

En fin, las dos graves limitaciones actuales de YPFB (insuficiente capacidad de almacenamiento y falta de músculos financieros) muestran cuán irracional y apurada es la resolución de marras.

Publicado en Página Siete, 22/08/2020

Pecados originales

Recien subo a mi blog mi más reciente columna

Soy un convencido de que la Biblia no sirve únicamente para ser expuesta en el Hall del Palacio de Gobierno o en un estante de libros, sino que debe guiar el discernimiento y el accionar del hombre de fe en toda circunstancia. Bajo ese principio, me parece oportuno reflexionar sobre los “pecados originales” de los últimos dos gobiernos; el del MAS, salido de las urnas, y el actual, fruto del azar de la Historia.

El gobierno del MAS nació legítimamente y fue instalado en el Jardín del poder por un respaldo popular inédito y con las condiciones de gozar de las maravillas recibidas. Sin embargo, incitado por la serpiente castro-chavista, empezó a codiciar el árbol del bien y del mal (el árbol prohibido del autoritarismo prorroguista), convencido de que, al comer de su fruto, tendría asegurado un poder único y perene.

Sin embargo, no fue así; comieron del árbol y, como consecuencia de este pecado original, llevaron la maldad a manifestarse en tres dimensiones. Pecaron contra Dios, fomentando el culto de un ídolo de barro, erigiéndole museos, carros y palacios y rindiéndole pleitesía con falsos títulos. Pecaron contra los hermanos, asesinando, provocando muertes, persiguiendo injustamente y robando desde millones hasta champús. Asimismo, olvidaron mejorar la salud y la educación de sus hermanos. Y, finalmente, pecaron contra la Creación, despilfarrando los recursos del Jardín, desboscando a mansalva, permitiendo incendios forestales y fomentando, sin ninguna racionalidad, los agrocombustibles y las semillas genéticamente modificadas. Expulsados del Jardín, sueñan hoy con volver a ocuparlo mediante la violencia.

Por su parte, el nuevo administrador del Jardín, el gobierno accidental y accidentado, tuvo que encarar la crisis heredada, agravada por una pandemia de dimensión mundial. Sin embargo, al buscar la redención incurrió también en su propio pecado original cuando, por no saber o no poder resistir la tentación del águila imperial, comió del árbol de la candidatura y sembró la semilla del árbol del continuismo. A continuación, el nuevo gobierno empezó a añorar e imitar las peores mañas del faraón derrotado, en medio de una mezcla caótica de errores y buenos deseos. Su pecado original también se manifestó en la triple consecuencia de pecar contra Dios (manipulando la fe); pecar contra el pueblo (especulando con la salud y la educación) y pecar contra la Creación (dejando arder los bosques).

Ahora bien, del pecado original -aquel que está al origen de todos los pecados- no se vuelve atrás; tampoco se lo cancela, solo se lo redime, mediante un camino largo y sincero de conversión.

La redención significa para el MAS dejar atrás el desvarío del evismo y la radicalidad de su “nomenklatura” para retomar con humildad el camino de las propuestas genuinas en pro del desarrollo nacional, dando voz a los últimos, en lugar de inculcarles consignas destructoras.

Para el actual gobierno redimirse implica tomar conciencia de sus limitaciones electorales y ejecutivas, abonando la tierra para el gobierno que le suceda y poniendo al servicio del país sus mejores cuadros y sus propuestas más creativas.

La profundidad de la crisis actual es tal que nadie puede salir de ese pozo solo, sin una escalera de fuerzas cooperativas. Es una misión ardua, pero no imposible; en otras coyunturas trágicas Bolivia, cuyo aniversario celebramos en estos días, supo levantarse.

Hoy Bolivia, enfrentada por el insano electoralismo y herida por la crueldad de los que bloquean la salud y la vida en medio de una pandemia que arrasa con vidas y economías, nos invita a recordar las veces que renacimos de las cenizas como un aliciente para confiar en que el jardín volverá a florecer.

No murió por Covid19, murió porque cedió su corazón

Esta semana comparto mi espacio de opinión con el Padre Max Schiller, un misionero alemán que vive desde hace 46 años en el Norte de La Paz (Titicachi, municipio de Chuma).

P. Max, miembro de la congregación de los Hermanitos de Jesús, pertenece a la Diócesis de El Alto, cuyo Obispo, Mons. Eugenio Scarpellini, falleció recientemente.

Ambos, Max y Eugenio, son mis hermanos mayores en este caminar detrás de Jesús, el Buen Pastor; con ellos he vivido momentos de angustia al pasar por cañadas oscuras y pausas de descanso junto al agua de los oasis de la vida; vida que, para Eugenio, se ha transfigurado en eterna.

Antes de Navidad, tuve la suerte de compartir una “última cena” con él y un puñado de amigos, durante la cual relató algunos pormenores de la compleja y milagrosa negociación que, gracias también a su entrega, logró la pacificación de Bolivia y la transición democrática. Porque eso fue Eugenio: un pastor servicial, un amigo leal y un corazón incansable para construir la paz. De hecho, acierta el P. Max en decir que la muerte de Mons. Eugenio no fue por Covid19, sino por la entrega generosa hasta el extremo de su corazón.

 El texto siguiente del P. Max me representa totalmente en este momento de profundo dolor, pero siempre apoyado en la roca firme del Señor.

“Mons. Eugenio murió el 15 de julio de dos infartos. Murió en El Alto, en el Hospital “Sagrado Corazón” donde ingresó, contagiado por Covid 19, para descansar y curarse en aislamiento. Cuando personas muy activas entran en reposo, salen a la superficie problemas acumulados. No creo que los problemas de Mons. Eugenio tenían mucho que ver con su trabajo de obispo y la diócesis de El Alto. Los problemas eran más bien de índole política y social. Desde que fue nombrado obispo de El Alto el año 2013 le tocó ser portavoz de la Iglesia Católica. Al frente tenía un gobierno triunfador y socialista. Nunca tuvo la vida fácil en ese cargo.

A nivel local, El Alto es una ciudad conflictiva y pasó por momentos muy penosos como la quema de la Alcaldía con varios muertos, estando la policía a unas cuadras retenida por órdenes superiores. Luego hubo el Referéndum del 21 febrero de 2016 en el cual Mons Eugenio llevó la voz de la iglesia en favor de la democracia. Asimismo, participó en la redacción de cartas pastorales de la Conferencia Episcopal que reflexionan sobre el cuidado del medio ambiente y la compleja problemática de la producción de las drogas y de su consumo interno.

Y, por último, su actuación en los acontecimientos de octubre y noviembre de 2019, el fraude, el abandono de funciones del presidente, luego las tragedias de Sacaba y Senkata; todo eso pasó por el corazón del pastor.

Cuando dos poderes se enfrentan, en los medios y en las calles, sin aparente solución, Mons. Eugenio, junto con otros actores, logra instalar con éxito una mesa nacional de diálogo. En consecuencia, la Asamblea Legislativa Plurinacional y la Presidenta elaboran y aprueban una nueva ley electoral.

El corazón del pastor sigue latiendo, pero viene la pandemia, con enormes consecuencias. Hay interferencias desde Argentina, hay desunión entre las fuerzas democráticas, las elecciones se acercan y se avizoran nuevos problemas políticos y sociales. Monseñor Eugenio visita sus parroquias, escribe sus homilías, celebra eucaristías por televisión y Facebook y, finalmente, da positivo y entra en cuarentena.

En el reposo el corazón recuerda. Mons. Eugenio no murió de Covid19, porque éste afecta al pulmón. Murió de infarto al corazón por tantos problemas acumulados. El corazón del buen pastor no dio más; por todo lo del pasado y por lo que iba a venir en adelante.

Él está en mis oraciones. Que descanse en paz. P. Max”.

Publicado en Página Siete el 25/07/2020

Categorías:homenaje, religion

La chuta regularización

Se escuchan frecuentes y motivadas críticas al Poder Ejecutivo por confundir la gestión de un gobierno interino con la campaña electoral de su frente. Sin embargo, hay fuertes evidencias de que el MAS, amparado por los 2/3 de la Asamblea Legislativa que hace mucho perdió en el país, está haciendo exactamente lo mismo en favor de su candidatura.

Sucedió con la ley de rebaja (retroactiva) de los alquileres que buscaba popularidad para el MAS cuando arrendadores e inquilinos, con sentido común y sensibilidad social, desde el mes de marzo habían hallado soluciones cuerdas y consensuadas. Curiosamente, en 14 años de gobierno el MAS fue incapaz de aprobar una moderna Ley de Inquilinato, en reemplazo de la vigente que data del año 1959.

Algo similar sucede con el proyecto de ley (PdL) 706-19 presentado por la diputada Concepción Ortiz (MAS) con el objetivo de “sanear legalmente” vehículos indocumentados (“chutos”) que circulan en el país.

Para empezar, salta a la vista una irregularidad. El PdL de marras está registrado en la gestión 2019, pero ha sido presentado el 15 de junio de 2020. Por tanto, habrá que empezar por “sanear legalmente” el propio proyecto.

Luego yendo al fondo de la propuesta, los objetivos declarados son de índole social (favorecer a los dueños), económico (generar mayores recaudaciones) y humanitarios (permitir la compra del SOAT a los chutos). ¿Será cierto?

El primer objetivo es claro: favorecer al delincuente, que no es necesariamente el actual poseedor del coche. El año 2011 se aprobó la Ley 133 que “por única vez” regularizó los vehículos chutos, a cambio del arancel omitido y una multa. La justificación del entonces vicepresidente fue un inédito manifiesto democrático: ¡un ciudadano, un voto… y un coche chuto! Por eso se sigue internando vehículos sin pasar por la Aduana, y no “por única vez”.

El argumento de lograr mayores recaudaciones es bastante flojo. La Aduana estima que 33 mil chutos siguen circulando en el país. Según datos oficiales, la mencionada Ley 133 tuvo el modesto resultado de regularizar 140 mil vehículos y recaudar 160 M$ para alimentar a los elefantes azules del ministro del mayor derroche de nuestra historia, hoy candidato. A toda vista, ese monto no se invirtió en mejorar el sistema de salud, al cual recién la proyectista sugiere destinar los 37 M$ que, proporcionalmente, recaudaría el nuevo chuto-perdonazo. En fin, ¡todos felices!

Sin embargo, la demagogia electoralista del PdL oculta algunas graves consecuencias de su eventual aprobación.

En lo social, se sabe que los perdonazos consiguen reforzar la costumbre de violar la ley. Se favorece al que evade y se castiga al que cumple, los importadores y compradores legales.

En lo económico, los ingresos no se comparan con lo que el Estado pierde por diferentes conceptos; el principal es el incremento del subsidio a los combustibles. Cada vehículo chuto se da modo para abastecerse de gasolina o diésel, incrementando el consumo y el subsidio asociado con esos combustibles. Un cálculo a mano alzada muestra que habría que destinar casi el 50% de las recaudaciones del saneamiento de los 33 mil vehículos chutos a la importación de gasolina para su consumo. ¡El juego no vale la vela!, diría mi abuela.

Asimismo, los chutos suelen llegar con motores viejos, usados e ineficientes. Las consecuencias nefastas sobre la seguridad, el medio ambiente y la calidad del aire son obvias.

Y, finalmente, el tema del seguro se puede resolver creando un SOCA (Seguro Obligatorio del Conductor de Automotores), personalizado al conductor de un vehículo, sea chuto o no, con el fin de proteger al accidentado e identificar el vehículo ilegal. Pero eso, con seguridad, no traería votos.

Página Siete, 11 de julio de 2020