El tenedor del caníbal

He subido a mi blog mi más reciente columna.

La Fundación Milenio es una experimentada bioquímica que anualmente entrega el resultado, con base en “muestras” oficiales, de los análisis de la macroeconomía de Bolivia y lo enriquece con algunos comentarios para el médico a cargo, a veces punzantes, otros -como este año- más cautos.

Para describir la salud económica de Bolivia, el Informe de Milenio analiza varios indicadores y destaca los que parecen síntomas de enfermedades a corto y mediano plazo. Del mismo modo que un valor alto de colesterol mueve al médico a sugerir un cambio de dieta (a largo plazo) y a recetarnos ciertos remedios (a corto plazo), también en la macroeconomía los indicadores muestran valores que provocan en un caso alarma, en otro, preocupación y, otras veces, tranquilidad.

Este año, se desprende que, si bien el paciente no manifiesta, en apariencia, un estado crítico, emerge un indicador alarmante: el déficit fiscal, la prueba de que el Estado gasta más de lo que gana. De hecho, gasta en egresos ineludibles (salarios, pago de deuda, rentas y bonos, etc.) y en inversiones con la ilusoria esperanza de tener mayores ingresos a futuro. Con esa esperanza el Gobierno hasta está dispuesto a endeudarse más, con la familia (deuda interna) y con instituciones financieras del exterior (deuda externa).

A este punto, no debería haber dudas sobre la terapia para frenar la subida del déficit fiscal: disminuir los gastos y/o incrementar los ingresos. ¿Cómo?

Un buen médico no se limita a leer los análisis, diagnosticar y recetar, sino que investiga las raíces de ese problema y lo relaciona con los análisis anteriores y con el estilo de vida que lleva el paciente. Resulta, en nuestro caso, que van cinco años de déficits gemelos (fiscal y balanza de pagos), incremento de las deudas y drástica reducción de las reservas internacionales netas.

Revisando esos valores, Milenio observa que la menor extracción de gas tiene un efecto funesto no solo en los ingresos, sino también en los gastos, porque obliga a YPFB a subsidiar crecientes volúmenes de combustibles (diésel y gasolina) importados a un costo elevado.

Ante estos síntomas, el Gobierno (el médico de la economía) receta medidas radicales; principalmente disminuir las importaciones de diésel, reemplazándolo por aceites obtenidos de la soya, producto que, dicho sea de paso, tiene mercados cada vez más competitivos.

Al margen del dudoso beneficio económico de esa sustitución, es evidente que las actuales cosechas de soya son insuficientes para ese cometido, de modo que -además de mejorar genéticamente las semillas- se ve necesario ampliar la frontera agrícola con más de un millón de nuevas hectáreas substraídas, no a otros cultivos, ya comprometidos con el “bioetanol”, sino al bosque chiquitano que es la frontera natural de las grandes plantaciones.

Con ese fin, se fomenta el traslado de nuevos colonos (los “interculturales”) a tierras boscosas y se les autoriza a deforestar mediante quemas “controladas” que, en el entorno seco y ventoso de la Chiquitanía, se vuelven fácilmente incendios descontrolados. De ese modo, en nombre de un mal llamado “desarrollo”, se ha perdido cientos de miles de hectáreas de un bosque único, con todo lo que contiene en flora y fauna, amén del patrimonio de las familias afectadas. Stanislao J. Lec lo dijo con una aforisma: “¿Es desarrollo si un caníbal usa el tenedor?”

¿Qué hará ahora el Gobierno? ¿Seguirá usando el tenedor de sus decretos y leyes para modificar el uso de la tierra arrasada?

Si así lo hiciera, demostraría, paradójicamente, que la falta de combustibles, consecuencia de la nefasta política energética de los últimos 13 años, es, en último análisis, la causa de los incendios de la Chiquitanía.

Página Siete, 7 de septiembre de 2019

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Categorías:política y economía

Alexander Humboldt, el descubridor científico de América

Homenaje a los 250 años de su nacimiento

En Bolivia el nombre de Humboldt está asociado con plazas (en Calacoto), avenidas (en Cochabamba) y colegios alemanes (en Sucre), pero poco se conoce de su larga vida y, aun mas, de su vasta trayectoria científica y humanista.

En el marco de la celebración, coordinada por la Embajada Alemana, de los 250 años del nacimiento de Alexander Humboldt, este articulo pretende mostrar algunas facetas de la vida y obra de uno de los últimos “polímatas” (un término griego que podríamos traducir como “hombres multidisciplinarios”) de la historia moderna.

  1. El científico polifacético

El barón Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Hulmoldt (en breve Alexander Humboldt) nació en Berlín el 14 de septiembre de 1769 en el seno de una familia aristocrática prusiana. Su hermano mayor, conocido como Wilhelm  Humboldt, fue un destacado filósofo, pedagogo, lingüista y diplomático.

Después de completar sus estudios de geología en Gotinga y Freiburg, Alexander Humboldt a los 24 años asume el cargo de Superintendente de Minas de Prusia, escribe su primer artículo y fortalece sus ideas liberales, en simpatía con las de la Ilustración y la Revolución Francesa.

El año 1796 muere su madre dejando una herencia monumental para la época que Alexander pronto monetiza para emprender viajes de estudio e investigación. Tres años después, gracias a las credenciales otorgadas por el rey Carlos IV y el respaldo de su fortuna personal, emprende un viaje hacia América (1799-1804) en compañía del botánico francés Aimé Bonpland. De regreso a Europa, se establece en Paris, donde conoce y comparte ideales con el joven Simón Bolívar,  y concluye, hasta 1834, la memoria del viaje a América en treinta tomos.

Cuando su fortuna empieza a menguar, regresa a Berlín al servicio del Rey de Prusia, destacándose como popular y brillante conferencista. Emprende también su obra más ambiciosa, Kosmos, fiel reflejo de su personalidad polímata. Alexander Humboldt muere en Berlín el año 1859, en el umbral de los 90 años.

  • Explorador de América

Al zarpar de La Coruña el 5 de junio de 1799, la meta de Humboldt y Bonpland era llegar a Cuba, pero la corbeta “Pizarro” por razones sanitarias tuvo que desviarse a Venezuela, cuyo territorio fue objeto de una minuciosa exploración geográfica, geológica, minera, botánica, ornitológica y hasta espeleológica.

Desde Cartagena de las Indias los dos exploradores deciden emprender un azaroso viaje por tierra, remontando el rio Magdalena y ascendiendo por la cordillera hasta Santa Fe de Bogotá, para luego seguir por tierra hacia Quito y Lima. En Ecuador Humboldt suma la volcanología a su red de intereses científicos y en Perú añade otras dos importantes áreas científicas: la antropología, mediante el estudio de culturas indígenas ya contaminadas por la influencia española, y la oceanografía, a la cual contribuyó con mediciones y la descripción de la que se conoce hoy como la Corriente de Humboldt. Se trata de una corriente marina fría que nace en las costas del sur de Chile y llega hasta el Ecuador, cuyas consecuencias son la abundante pesca y el clima árido de la costa que baña. Ocasionalmente esa corriente es desplazada por aguas calientes provenientes de Australia, dando lugar al famoso fenómeno del Niño.

El año 1803, Humboldt y Bonpland en el viaje de regreso a Europa pasan por Nueva España (México) donde realizan diferentes estudios y en marzo de 1804 visitan los Estados Unidos donde Humboldt encuentra al Presidente Thomas Jefferson, un alma gemela por el amor a la ciencia y a las ideas liberales, con el cual mantendrá una larga amistad epistolar.

Sin embargo, en los encuentros con Jefferson Alexander Humboldt pecó, en el mejor de los casos, de ingenuo. Es un hecho comprobado que pasó a los norteamericanos valiosa información acerca de Nueva España, sus recursos naturales y su débil institucionalidad, lo que dio alas a la política expansionistas de los EEUU desplegada en los siguientes años.

De todos modos, los viajes y las investigaciones realizadas, plasmadas en sus escritos, le hacen merecedor con toda justicia del título de “descubridor científico de América”.

  • Amigo de Bolívar y mentor de Darwin

Humboldt fue un personaje muy reconocido en su vida y un incansable escribidor de cartas mediante las cuales se relacionaba con personalidades del mundo científico y político. Quisiera mencionar a dos de esas personalidades que son de particular interés para América y las ciencias naturales.

La relación de Humboldt con Simón Bolívar (un joven de 21 años) se consolidó en el viaje que hicieron juntos a Italia a fines de 1804. Se sabe que en Nápoles escalaron juntos el Vesubio y se asume que, junto a temas científicos que permitían al científico recién llegado de América de lucirse,  hablaron de las condiciones socio-políticas de la sociedad hispanoamericana, la esclavitud y la necesidad compartida de liberar a América de la dominación española.

También es de suponer que Bolívar se hizo de los mapas geográficos de Venezuela y Colombia, los que eventualmente fueron de gran utilidad durante sus campañas militares. Más tarde, sin posibilidad de volverse a encontrar, la correspondencia epistolar entre ambos revela una admiración mutua.

Charles Darwin era 40 años mas joven que Humboldt y su obra maestrea (El origen de las especies) vio la luz el mismo año que murió Humboldt.

Darwin tuvo acceso a la edición inglesa de la obra de Humboldt acerca de sus viajes a Hispanoamérica, antes de emprender su viaje en el Beagle (1831-1836). Después de un contacto epistolar, finalmente los dos científicos tuvieron un encuentro formal e intrascendente en 1842. La influencia de Humboldt se refleja en el interés de Darwin por la geología. En palabras de Darwin: “toda la trayectoria de mi vida se debe a haber leído y releído de joven su Narrativa personal”.

En resumen, Darwin aprendió de la lectura de Humboldt la curiosidad por viajar y la importancia de la Geología para el génesis de la gran síntesis de la Evolución.

Alexander Humboldt no llegó a Bolivia, pero, debido a su influencia sobre el Libertador y su valorización de la geografía y geología de América, ese gran polímata del ‘800 merece el reconocimiento y la gratitud también de nuestro país en la celebración de los 250 años de su nacimiento.

Publicado en IDEAS de Página Siete el 1/09/2019

Atila, el azote de la Pachamama

Página Siete 24/8/19

A mediados del siglo V de nuestra era apareció en las fronteras orientales del decadente imperio romano un “azote de Dios”, paradigma de la barbarie humana: Atila el huno, caudillo de unas tribus nómadas originarias de Asia Central las cuales desde la actual Hungría amenazaban a toda Europa. 

Un siglo después el historiador y obispo godo Jordanes relata la invasión del imperio por los hunos en el año 451 con estas palabras: “La locura de un solo hombre provocó con su ataque la destrucción de infinitos pueblos y el capricho de un rey arrogante destruyó en un instante lo que la Naturaleza había tardado tantos siglos en crear”. Hipacio de Bitinia añade: “Han dejado la Tracia tan devastada que nunca volverá a recuperar el aspecto que tenía antes”.

¿Cómo no actualizar esas palabras ante el desastre irreparable de los incendios en los bosques amazónicos y chiquitanos, provocados por otros hunos, amparados por políticas, leyes, decretos y complicidades a todo nivel? Desde luego, no me refiero solo al “Atila” Jair Bolsonaro.

Cuenta la historia que el chantaje de Atila y el pragmatismo de Constantinopla forjaron alianzas de beneficio mutuo entre los que buscaban más poder y los que anhelaban seguridad. De hecho, el Imperio pagaba con abundante oro la paz que Atila le otorgaba, por custodiar las fronteras orientales del mismo.

¿Cómo no relacionar esas tácticas con las alianzas entre empresarios agroindustriales y gobierno para permitir el uso indiscriminado de OGM, el programa del etanol y la ampliación irracional de la frontera agrícola? ¿Y qué decir de la alianza antiautonomista del rector de la UMSS con un candidato espurio, comprometiendo a toda una comunidad universitaria en lugar de exigir la devolución de las remesas robadas por correligionarios de ese candidato?

Un obispo y poeta contemporáneo de Atila, (san) Sidonio Apolinar, destaca la habilidad para cabalgar de los hunos hasta exclamar: “otros pueblos se dejan llevar a lomos de caballo, éste vive en ellos”.

A falta de caballos, hoy tenemos violentos ponchos rojos y coches truchos y contaminantes, que hacen una sola cosa con sus conductores, listos para “incendiar” las ciudades.

Gran parte del poder de los hunos se debía a que controlaban las rutas comerciales entre oriente y occidente de Europa, asfixiando, si fuera necesario, la economía del Imperio.

Así fue y es hoy el Chapare entre el Oriente y el Occidente de Bolivia, recurriendo a bloqueos para imponer sus intereses, con el agravante de que, a diferencia de hace 1500 años, las mercancías que controlan no son siempre legales y suelen sembrar muerte en jóvenes del mundo entero.

Atila era temido porque “por donde pisaba no volvía a crecer la hierba”, en el sentido que a su paso sembraba muerte y destrucción, espantando hasta a los más aguerridos pueblos bárbaros.

Hoy las tácticas de decapitar personas han sido reemplazadas por otras más sofisticadas: la división de las corporaciones y movimientos sociales que se oponen a la voluntad del caudillo; el uso de la “espada de la justicia”, corroída por una corrupción infinita; el servilismo de instituciones conducidas por personajes de comics; la imposición del desarrollismo en contra de la preservación de la madre tierra; el cinismo y la hipocresía sin límites que no respetan la ley ni la palabra; el vaciamiento de la democracia que los hunos locales no valoran ni defienden porque a su recuperación contribuyeron poco o nada.

Atila fue un caudillo único e irremplazable. A su muerte (por una hemorragia en su noche de boda), sus hijos se enfrentaron, destruyeron la obra del padre y su pueblo desapareció del mapa de la historia. ¿No es ésta la suerte que le espera a la versión local de los hunos?

Soberanía no rima con Cancillería

Página Siete, 27/07/2019

Los conflictos por ríos y aguas internacionales siguen jugando un papel protagónico y avivando sentimientos encontrados en las relaciones internacionales con Chile. De hecho, sin necesidad de remover el doloroso tema del río Lauca, ni de referirse a la demanda en curso en la Corte de La Haya sobre las “aguas del Silala”, he conocido otra disputa que involucra a nuestro país sin que aparentemente el Gobierno esté enterado.

Manuel José Ossandón es un senador chileno del partido conservador Renovación Nacional, un personaje mediático y polémico por sus posturas. Hace pocos días, alertado por un reclamo de los pobladores de la punta chilena inserta entre Perú y Bolivia, el senador hizo una denuncia que encontró cierto eco en la prensa de su país y que me llamó la atención en cuanto incluye también a Bolivia en un reclamo de Chile a Perú sobre desvío de aguas internacionales.

Según la noticia reportada por El Mercurio (edición de Antofagasta), el senador Ossandón acusa a Perú de haber desviado unilateralmente las aguas del Uchusuma, un río de trazado sinuoso que nace en Perú y cruza territorio chileno, con el fin de alimentar un canal que lleva esas aguas a la región peruana de Tacna para fines de riego.

Estuve leyendo en El Mercurio los comentarios de los lectores a la noticia (un género que nuestros periódicos digitales aún no han desarrollado a plenitud) y, después de ojear unos 50 comentarios y descartar loas e insultos al senador, llegué a ciertas conclusiones.

En primer lugar, el desvío de marras ocurrió hace treinta años aproximadamente, de modo que la denuncia del senador es, cuanto menos, extemporánea. Pero, para el arraigado nacionalismo chileno nunca es tarde para denunciar una irregularidad y exigir a su Cancillería actuar en consecuencia. Curiosamente, no ha habido reacciones oficiales, de ambos lados.

Sin embargo, algún lector informado, con base en un conocido trabajo científico del ingeniero y arqueólogo chileno Hans Walther Rafael Niemeyer Fernández (fallecido el año 2005) sobre la hidrografía de esa región, comentó e hizo notar que en el Tratado de Lima del 1929 Chile cedió al Perú los derechos de aprovechamiento del río Uchusuma. Textualmente el art. 2 del Tratado dice, en la parte pertinente: “…Chile cede a perpetuidad a favor del Perú, todos sus derechos sobre los canales de Uchusuma y del Mauri, llamado también Azucarero, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo…”

Por tanto, como los tratados se respetan (un “leitmotiv” de la Cancillería chilena), muchos lectores hicieron hincapié en la artificiosidad de la denuncia y sugirieron al senador de marras dedicarse a causas más nobles.

Ahora bien, en el texto de Niemeyer se lee que el río Uchusuma corre 40 km en territorio peruano, 8 km en Chile y los últimos 30 km en territorio boliviano, hasta confluir en el río Mauri, un afluente del río Desaguadero, el cual finalmente muere en el lago Uru Uru al sur de Oruro. Pero resulta que desde hace 30 años el lecho del Uchusuma es seco en los 8 km chilenos y en los 30 bolivianos.

Consecuentemente, si bien Chile no tiene motivos para reclamarle a Perú, en virtud del Tratado de 1929, Bolivia sí conserva derechos sobre las aguas del río Uchusuma, debido a que no firmó el Tratado de marras.

La pregunta que se hará usted, estimado lector, y que transmito a nuestra Cancillería, es: ¿conoce el ministro este asunto? Y, si lo conoce, ¿qué acciones ha desplegado la Cancillería en los últimos 30 años para defender los intereses y la soberanía de Bolivia sobre las aguas del río Uchusuma?

La internacionalización de YPFB

Página Siete, 13 de julio de 2019

Agobiadas por la crisis que está sufriendo la mayor empresa pública del país y desorientadas ante el “cambio de época” del mercado regional del gas, las actuales autoridades han sacado del sombrero, adornado con su gastada retorica, el conejo de la “internacionalización” de YPFB.

En efecto, hasta ahora YPFB ha participado del negocio del gas exclusivamente en territorio nacional: el gas, la urea y el GLP de exportación se entregan en la frontera. Sin embargo, emprender negocios en otros países es algo que YPFB debería haber hecho hace diez años, cuando las condiciones eran favorables para sentar presencia en países limítrofes y asegurar mercados y futuro para el sector. Se podía haber participado comprando acciones de termoeléctricas del Brasil o de Refinor de Argentina, con la cual – como denuncié oportunamente-  se prefirió hacer turbios negociados antes que poner en práctica estrategias de largo alcance en beneficio del país.

Por lo visto, para el actual Gobierno “internacionalizar” YPFB implica, en primer lugar, firmar un sinnúmero de cartas de intenciones -viajes y eventos mediáticos de por medio- que casi siempre quedan archivadas en elegantes carpetas de cuero.

Un ejemplo son las intenciones reveladas a raíz del reciente gabinete binacional Perú-Bolivia; tres disparates a los que lo mejor que les puede pasar es que se queden en el papel. Me refiero a la red con LNG en el lado peruano del Desaguadero, la construcción de una engarrafadora de GLP en Puno y, sobre todo, la exportación de LNG por un puerto peruano, un proyecto rechazado, hace 20 años, por Evo Morales y sus aliados, pero anhelado hoy cuando no se tiene el gas, ni el financiamiento para la infraestructura, ni el mercado.

Un nuevo escenario se abre debido a la reingeniería en curso de Petrobras, que consiste en la obligación de salir de las actividades de transporte y distribución del gas y reducir drásticamente su rol de importador. También en Brasil, el monopolio ha tenido como consecuencia un costo escandaloso del gas al consumidor, injustificable dadas las nuevas condiciones del mercado regional, inundado de gas del Presal, de Vaca Muerta y de un LNG cada vez más barato. El objetivo principal de los cambios es fomentar el uso masivo de gas en hogares, vehículos e industrias. Consecuentemente, a contramano de lo que se comenta, Brasil requerirá volúmenes crecientes de gas, incluso de Bolivia  si se dan las condiciones.

Ante esa situación, sería un error tremendo por parte de YPFB adquirir activos de esas actividades abandonadas por Petrobras, como pretende una alta autoridad adicta a deportes extremos. No se trata de invertir dinero (que YPFB ya no tiene) para hacerse de “fierros” para cobrar tarifas de no se sabe qué gas, sino de asociarse con distribuidores locales, especialmente de los Estados fronterizos, para asegurar mercados estables y duraderos para el gas que sí podemos ofrecer, a Petrobras y a otros clientes.

De hecho, internacionalizar YPFB implica descartar las malas prácticas e imitar las buenas de las empresas estatales de la región. Aprender de PDVSA a no usar la empresa como oficina de empleo de militantes y caja chica de proyectos faraónicos. Aprender de Ecopetrol a democratizar la empresa, abriendo el paquete accionario a los ciudadanos para que apoyen y fiscalicen la gestión de una empresa que es del pueblo y no de un partido o un gobierno. Aprender de Petrobras la exigencia irrenunciable de la transparencia institucional, de la guerra a la corrupción y de las alianzas público-privadas.

En suma, internacionalizar YPFB significa abandonar la lacra del estatismo secante y remontar la grave crisis en la que la han sumido la improvisación y la ineptitud.

Debatir o no debatir: el dilema de los candidatos

Página Siete, 29/6/19

Es una costumbre universal que los candidatos a ocupar cargos públicos debatan entre sí sobre los temas relevantes de la campaña electoral. En Bolivia también el público, televisivo esencialmente, esperaba con interés la confrontación de ideas, acusaciones y, a veces, insultos entre los candidatos a la silla presidencial. Esa costumbre ha sido interrumpida por Evo Morales en la campaña del año 2005, inaugurando, de ahí en adelante, la costumbre de sus partidarios de evitar el debate y preferir dar rollos ante audiencias domésticas y domesticadas.

Generalmente, existen razones, reveladas y ocultas, para eludir un debate democrático: los que se sienten ganadores prefieren evitar riesgos inherentes a una confrontación con un adversario sediento de protagonismo y de remontar las preferencias electorales. No es el caso de Evo Morales cuya ventaja en las encuestas es por mucho inferior al porcentaje de indecisos, que esperan ser conquistados mediante el relato y la defensa de los logros del “proceso de cambio”.

Entre las razones ocultas están la inseguridad del candidato oficialista para  hacer frente al discurso y los ataques de sus adversarios. Según una norma universal, rinde más atacar y criticar que defender y justificar, con el añadido de que lo fuerte de Evo Morales no son las matemáticas ni la lógica. En suma, para el oficialismo el dilema consiste en sopesar el costo-beneficio de evadir el debate.

Por esas razones, y al margen de las bravatas del Vice, los estrategas oficialista prefieren curarse en lo sano y “debatir con el pueblo”, lo cual consiste en llegar del cielo en helicóptero, sonreír ante los  disparates de los llunkus locales, dar el rollo que se ajusta a la audiencia, empoderar a los “operadores” electorales y ascender nuevamente al cielo en el mismo medio.

A su vez, el dilema de los opositores es más complejo. Por instinto electoral y por las razones arribas mencionadas, les convendría exigir un debate con el candidato oficialista. En particular, los candidatos más rezagados en las encuestas no tendrían nada que perder y mucho que ganar, aunque el protagonismo lo llevarían, como es obvio, las candidaturas mejor posicionadas en las encuestas.

Sin embargo la elección de este año es un tanto peculiar. La dupla oficialista es considerada espuria por la mayoría de los opositores, a raíz del Referéndum Constitucional del 21 de febrero de 2016, de modo que para ellos no sería políticamente correcto “legitimar” a candidatos que no deberían estar en la papeleta electoral, aún a costa de perder la posible ventaja que tendrían en un debate.

Ahora bien si los candidatos opositores declinaran ir a un debate estarían haciendo el juego de los masistas, que en el fondo anhelan eludirlo. Si, al contrario, los opositores decidieran desafiar a los oficialistas, recibirían las críticas de la mayoría de los ciudadanos que el 21F dijo NO a las pretensiones de perpetuación en el poder de Evo Morales.

¿Cómo salir de este entuerto? De hecho, el oficialismo no hará nada para viabilizar un debate, o dirá que estaría dispuesto, pero son los opositores quienes se rehúsan, condicionados por el 21F.

Sin embargo, pienso que los opositores tienen dos formas de seguir exigiendo el debate entre candidatos a presidente. La primera es debatir con el Presidente en ejercicio (no con el “candidato espurio”) con el fin de cuestionar la gestión de 13 años de su gobierno.

La otra es ir al debate para “cantar las verdades” de una candidatura no sólo espuria sino contaminada por el absoluto sometimiento a ese binomio de las instituciones que deberían garantizar una elección transparente. Aún a sabiendas que un tal debate público siempre tendrá una silla vacía.

Categorías:política y economía

MAS NARCOPODER QUE NUNCA

Recien he subido a mi blog esta columna publicada en Página Siete el 15/6/19

No sé si los últimos dos casos sonados de narcotráfico en Bolivia hayan salido a la luz por casualidad, por delación interna, por un exitoso trabajo de inteligencia o, con más probabilidad, por una mezcla de las anteriores hipótesis. Lo que sí no puedo ignorar son las graves consecuencias de esos hechos sobre la salud institucional de Bolivia.

Si bien sabemos que el crimen internacional organizado actúa como un pulpo de muchos tentáculos (trata y tráfico de personas y armas, prostitución, secuestros, etc.), en Bolivia su brazo más desarrollado sigue siendo el narcotráfico, debido a la producción de la materia prima y al conocido “efecto cucaracha”.  De hecho, debido a la corrupción y la debilidad institucional, Bolivia es particularmente atractiva para ese pulpo como territorio de paso, acopio y despacho.

El caso Pedro Montenegro ha puesto en evidencia la infiltración del crimen organizado en la policía, la fiscalía y la justicia en todos sus niveles. Personalmente, he quedado impresionado con la revelación del ex magistrado Ivan Lima, en el programa “El Pentágono” del 9 de junio, de la burda manipulación de la página web del Tribunal Supremo de Justicia para que el texto alterado de una resolución sustentara una amañada sentencia en favor del narcotraficante. ¿Tendrá eso que ver con la desinstitucionalización del sistema de Justicia a partir de injerencia política del actual gobierno? La misma pregunta sirve para la Policía, objeto de un manoseo político en las designaciones y destinos nunca antes visto. En el mejor de los casos son efectos no previstos por los operadores del sector.

El otro caso sonado, que ha llevado al apresamiento del clan beniano Candia-Castedo-Yañez, sin que hasta ahora se conozcan sus nexos internacionales, muestra abiertamente la otra faceta del crimen organizado: las conexiones políticas de alto nivel. La jefa del clan no aparecía en una narco-foto, sino en narco-álbumes enteros, posando junto a la plana mayor del MAS.

Cuando una locuaz diputada afirma que Mayerling Castedo se unió al MAS con intenciones oscuras dice una perogrullada que alude al efecto cucaracha, pero se podría sospechar que fue el MAS quien reclutó a la abogada con intenciones del mismo tono. De hecho ella fue la fiscal (¿cuándo no?) que logró la destitución “hormonal” de Ernesto Suárez, el Gobernador electo del Beni, y solo por un lamentable descuido fotográfico no llegó a ser magistrada del TSJ, gracias a la credencial de “Capitán Grande” de la comunidad de San Francisco de Moxos, certificada por Pedro Vare, dirigente del CIDOB oficialista (¿cuándo no?) el año 2017.

Hace un año, en un esclarecedor reportaje sobre el narcotráfico en Bolivia para World Politics Review (WPR), Max Radwin preguntaba retóricamente: “¿Quién no está involucrado?”, apuntando a la debilidad institucional del Estado y a la corrupción, incluso política, imperante.

A su vez, Thierry Rostan, representante  de la UNODC, ha recalcado el creciente riesgo del narcotráfico en Bolivia, con base en la modernización de la industria de la cristalización y en el incremento del 95% del clorhidrato de cocaína incautado e incinerado en el país en el año 2018.

La verdad es que la lucha contra el narcotráfico debería ser una política de Estado que castigue sin piedad a la corrupción, pero que también recupere la institucionalidad en la Policía, la Justicia, y la Fiscalía y promueva valores “luminosos” en la educación, capaces de ahuyentar las cucarachas del crimen organizado.

En esta lucha hace falta la cooperación internacional sin exclusiones, aunque restringida al ámbito de la inteligencia y de la legislación comparada, para diseñar estrategias de lucha más eficaces y  eficientes.