El crucificado de Bagdad

Publicado el 3 de abril de 2021 en el periódico Página Siete y otros medios nacionales.

Abu al-Mugh ith al-Husain al-Hallaj, en breve Al Hallaj, fue un controvertido escritor y maestro de espiritualidad islámica (“sufí”) que vivió entre el 858 y el 922 en la región entre Irán e Irak.

Es asombroso el paralelismo de la vida y muerte de Al Hallaj con Jesús de Nazaret.

Al Hallaj vivió en Bagdad en tiempos de grandes tensiones sociales, políticas y religiosas, al igual que la Jerusalén del tiempo de Jesús. En especial existían movimientos emancipadores (de los negros esclavos del sur) y movimientos religiosos y teosóficos que predicaban una religión más exigente y espiritual de la que prescribía el Corán.

Al igual que Jesús, Al Hallaj empieza su predicación compartiendo con un grupo de discípulos sus enseñanzas, destinadas tanto a la población islámica como a otros pueblos “infieles”. Su intensa actividad, sus viajes y su estilo no convencional de predicar lo hicieron sospechoso de querer revolucionar la religión y de alentar movimientos políticos subversivos incluyendo a grupos terroristas. Jesús también era considerado sospechoso de recoger la simpatía de los zelotas, un movimiento violento de oposición a la dominación romana. En algún momento Al Hallaj fue tildado de ser un “intoxicado”, el equivalente de la acusación de “poseído por el demonio” que se le hizo a Jesús. Valga una sola cita “escandalosa” del maestro sufí: “Para el amante perfecto, la oración se vuelve impiedad”.

Sin embargo, el paralelismo más sorprendente se da en la muerte de ambas personalidades. A raíz de una afirmación mística, Al Hallaj, “Yo soy la Verdad”, interpretada como una blasfemia, debido a que, según el Corán, Verdad es uno de los 99 nombres de Alá, fue arrestado y procesado. Una afirmación similar, y aún más intensas, la encontramos en Juan 14,6 (“Yo soy el Camino la Verdad y la Vida”). De hecho, los judíos condenaron a Jesús por blasfemo al declararse Dios (“Yo soy”), mientras que los romanos lo procesaron por subversor (Rey de los Judíos).

Después de un largo y controvertido proceso, marcado por el abandono de los otros maestros y las indecisiones de los jueces para condenar a un hombre justo (los Pilatos islámicos), el 26 de marzo del año 922 Al Hallaj fue condenado, ahorcado y crucificado en Bagdad, frente a una muchedumbre dividida entre admiradores y detractores del místico reformador, división que perdura en el seno del Islam hasta el día de hoy.  Sorprende aún más que, al igual que Jesús, el profeta islámico enfrentó la tortura y la muerte con serenidad y resignación, pronunciando palabras de perdón para sus verdugos.

Más allá de las innegables diferencias entre la vida de Jesús y de Al Hallaj, se me ocurren dos reflexiones. En primer lugar, cuando surge en una comunidad un profeta auténtico, la respuesta es el rechazo, la condena y la muerte. Pienso en Jeremías, Jesús, Al Hallaj, Gandhi, Martin Luther King, Oscar Arnulfo Romero, Luis Espinal y en tantos otros mártires de la verdad que nos enseñan a derrotar al mal y a la muerte con el perdón y el amor.

En segundo lugar, la responsabilidad histórica de los causantes de la Pasión de Jesús (y de Al Hallaj) no puede ser atribuida a Dios. Una lectura distorsionada de los acontecimientos de la Semana Santa induce a pensar que el Padre “exige” el sufrimiento y la muerte del Hijo para perdonarnos. ¡De ninguna manera! Dios no es sádico (ni masoquista).   La maldad, que se opone al Plan de Vida, lo hizo, sin lograr a cambio nada más que palabras de perdón.

La sociedad boliviana se considera cristiana, pero, al confundir justicia con revancha, ha renunciado, desde sus orígenes, a vencer el mal con el bien, el odio con el perdón y la exclusión con la fraternidad.

Nota: esta columna es la actualización de un artículo mío publicado el año 2003.

Pecados públicos y reconciliación

Cuenta la historia que el año 390 el obispo de Milán, Ambrosio, negó el ingreso al culto al emperador Teodosio I, debido a que éste había masacrado a miles de tesalonicenses, en represalia a un motín provocado por un escándalo homosexual y deportivo. El deporte suele mover multitudes en toda época y la homosexualidad, por entonces, había sido declarada delito público. Ambrosio no se dejó distraer por las justificaciones morales y políticas del emperador, sino que, ante el delito mayor, exigió a Teodosio el arrepentimiento y una severa penitencia para acceder al perdón; sin que se reportara la salida de espuma de la boca de algún amanuense.

Los tiempos han cambiado: hoy la fe de los políticos suele ostentarse solo para ganar votos y a la autoridad moral del obispo se ha sumado la de la prensa, cuando es libre e independiente, y de la opinión pública cuando está bien formada. Por eso, en esta época de Cuaresma, sin menospreciar el camino penitencial individual, quisiera reflexionar sobre el alcance de los pecados públicos.

Para caracterizar los pecados públicos de las metáforas bíblicas (caída, extravío y deuda) me quedo con la deuda y entre los “ama” ancestrales (no seas flojo, no seas ladrón y no seas mentiroso) la que más califica es la mentira. En efecto, la flojera en el poder no se espanta con levantarse a las 5 de la mañana y recorrer miles de kilómetros al día por aire y tierra, sino que se identifica con la omisión, la inoperancia, la falta de previsión de las consecuencias de un acto de gobierno y el resguardo del dirigente detrás de las masas sindicalizadas. Asimismo, los ladrones públicos son por supuesto los corruptos, los que roban al Estado y al pueblo, pero también los que destruyen vidas de hermanos, bienes de la naturaleza, paz de las familias y esperanzas de los niños.

Sin embargo, el pecado público más común es la mentira, en sus dos vertientes bíblicas de idolatría y de falso testimonio. Me explico: creerse dioses y hacerse rendir culto incondicional; erguirse a medida del bien y del mal; ejercer un cargo sin tener las más mínimas destrezas; todo eso es vivir en la mentira, engañar al pueblo y extraviarse uno mismo. La otra vertiente es la calumnia, incluso bajo las formas hoy de moda de bulos y posverdades, que buscan aniquilar al adversario, sin considerar que la verdad de los hechos queda registrada de mil maneras.

Estos tiempos que vivimos en Bolivia nos dan innumerables ejemplos de mentiras públicas, con falsas acusaciones, falsos testimonios, falsas historias, que parecen ser piezas de un plan perverso de limpiar la cara de ídolos de barro y coca, a costa de impedir la reconciliación nacional. No necesito explicitarlos: están en las noticias, a cada hora.

Es notable que la Iglesia use diferentes denominaciones para el sacramento del perdón: penitencia (con énfasis en la reparación), confesión (que resalta el arrepentimiento) y, la que más me gusta, reconciliación (con Dios, con el hermano y con la creación). Lo cierto es que el perdón es tan necesario que las sociedades laicas le han encontrado sucedáneos, como la “autocrítica” de soviética memoria. 

Los actuales gobernantes, al incumplir hasta los simples y oportunos “ama” ancestrales, están condenados a seguir abultando la deuda contraida con el pueblo y con la historia, desde el momento en que abusan de una justicia servil, vengativa y manipulada; esa misma justicia que en vano prometieron transfigurar.

Como hizo hace 1630 años el obispo Ambrosio, hoy, ante la tentación de la espiral irrefrenable del odio y la venganza, los obispos de Bolivia nos instan a escoger el camino de la reconciliación y la paz, pavimentado por la justicia y la verdad.

Publicada en Página Siete el 20/3/2021

Cuatro preguntas acerca de la Planta de Biodiesel

He subido a mi blog mi más reciente columna de opinión. Comentarios bienvenidos.

Acusado de inoperancia en los cuatro meses de su gestión, el presidente Luis Arce Catacora ha revelado detalles de su proyecto estrella para reactivar la economía nacional. Al respecto, me propongo contestar a cuatro preguntas, para ilustrar la temática a mis lectores. 

La primera: ¿Qué se sabe de la Planta de biodiesel? 

No mucho. Despojado de la retórica, el anuncio revela que YPFB licitará el estudio de ingeniería, procura, construcción y puesta en marcha de una Planta de Biodiesel a partir de Aceites Vegetales Hidrotratados. La Planta estará ubicada en la Refinería Guillermo Elder Bell de YPFB en Santa Cruz, requerirá una inversión de 250 M$ (monto que suele incrementarse con el tiempo) y producirá 3 millones de barriles (3 MMbbl) anuales de biodiesel a partir del año 2025. Se sabe además que YPFB cuenta con el asesoramiento de empresas internacionales del ramo, interesadas en ofrecer servicios y equipos. Asimismo, la materia prima será aceites reciclados, grasas animales y, sobre todo, cosechas de plantas como la Jatropha y la Palma africana. Por tanto, no se utilizaría aceite de soya, lo que, vista su importancia en la balanza comercial, sería como vestir a un santo desvistiendo a otro.

La segunda: ¿Qué impacto tendrá la Planta en el balance energético y financiero?

En condiciones normales se importan 9 MMbbl/año de diésel, con tendencia a crecer hasta 15 MM el año 2025, cuando la Planta entraría en producción. Por tanto, se reemplazaría solo el 20% de las importaciones, un impacto poco significativo. En cuanto al ahorro en dinero, a falta de una bola de cristal que nos revele los precios del petróleo a futuro, solo se pueden hacer consideraciones generales: el biodiesel suele ser más costoso que el diésel fósil, de modo que el ahorro en divisas de ese 20% que ya no se importaría resulta compensado con creces por el costo incremental de la producción de la planta, si se mantiene el subsidio alos combustibles.

La tercera: ¿Es la Planta amigable con el medioambiente?

Al producir biodiesel de segunda generación el impacto es menor que si se utilizara aceites de soya; asimismo, los cultivos vegetales son cíclicos y, en el caso de la Jotropha Curcas, crecen en suelos no aptos para otros cultivos. Sin embargo, reunir 450 mil Tm/año de materia prima requerirá sembrar otro millón de Has, más maquinaria (o sea más diésel), herbicidas, y fertilizantes, antes de empezar a producir el biodiesel. Si esa tarea se asignara a la inversión privada, para no incurrir en fracasos que se han dado en otras latitudes, se requerirán compromisos en firme y mucha fe en YPFB, como en el caso del bioetanol.

La cuarta: ¿Existen alternativas al proyecto presentado?

Las crecientes importaciones de diésel son insostenibles y, en eso coincido con el gobierno, precisan soluciones urgentes. Sin embargo, aun cuando se quiera incluir la Planta en el plan de diversificación de la matriz energética, debido al estado calamitoso de las finanzas de YPFB (y del BCB, su prestatario), lo más sano sería que los mismos agroindustriales asuman la responsabilidad de llevarla a cabo. Seguramente el país ahorraría tiempo y dinero. No obstante, dudo que para ellos el proyecto tenga sentido a los precios actuales el diésel. Por eso, existe el riesgo de que el gobierno “le meta no más” y le transfiera al país otro fracaso “industrializador”. 

Alternativamente, la temática de los biocombustibles debería ser parte de un Plan de Transición Energética que permita sustituir el uso del diésel por electricidad en las minas, desincentivar el transporte urbano y liviano a diésel y autorizar producción y consumo propios de biodiesel en la agroindustria. 

Mientras no haya ese plan, el gobierno seguirá moviéndose sin rumbo, proyectando e inaugurando, de manera inconexa, plantas estatales solares, eólicas, hidroeléctricas y de biocombustibles, muchas de las cuales producirán un ulterior incremento de la población de elefantes azules en el zoológico de la inversión pública.

Publicado en Página Siete (y otros medios nacionales) el 6 de marzo de 2021

Patria

Patria es el título de una serie de HBO, basada en la novela homónima de Fernando Aramburu, que aborda algunos aspectos de la temática de Euskadi (país vasco) durante y al final de los “años de plomo”.

Más que la historia del insano camino que tomó la lucha de esa singular nación, con su correlato de represión estatal, Patria es la descripción de los desencuentros de dos familias de un pequeño pueblo azotado por ETA.

En efecto, la narración explota las relaciones de dos familias amigas (una obrera y otra empresarial), enfrentadas a partir de la extorsión de ETA al empresario, tachado de “traidor” por resistirse a pagar.

Los lazos entre las dos familias se deterioran aún más luego del asesinato del empresario, en el cual participó un hijo de la familia obrera, quien, finalmente, termina arrestado, torturado y condenado como autor del crimen.

El drama se centra en dos poderosas figuras femeninas: la viuda del empresario y la madre del joven terrorista. La viuda, obligada a dejar el pueblo ante la hostilidad del entorno y aquejada por un mal terminal, regresa, una vez que ETA abandona la lucha armada, con la obsesión de buscar (para otorgarlo) el perdón de la familia obrera. Sin embargo, encuentra una barrera infranqueable en el fanatismo de la madre del terrorista que se resiste a reconocer la responsabilidad de su hijo (que en el fondo es la suya) en el crimen. El desenlace, largo y complejo, es la victoria del amor y del perdón sobre el fanatismo y el resentimiento, gracias también a la fe religiosa, sólida, aunque diferente, que comparten las dos mujeres.

La visión de la serie me ha dejado varias enseñanzas cuya descripción no cabe en una columna de opinión. Por eso me limitaré a dos aplicaciones, una general y otra para la casa.

En general, la historia narrada es una denuncia del poder destructor del fanatismo (más allá de justificaciones subjetivas y objetivas) cuando desemboca en el terrorismo y la muerte. Es una fuerza ciega que ataca no solo instituciones, deja no solo víctimas inocentes, profundiza no solo las divisiones sociales, sino que destruye familias, amistades y sueños. Ese fanatismo, en nombre de un resentimiento nacionalista, devasta valores éticos y políticos, familiares y religiosos. La respuesta no es la violencia, que solo logra alimentar la espiral del mal, sino el poder sanador del amor, cimentado en la fe en la bondad del hombre.

Pensando en Bolivia, las muestras públicas, incluso de las más altas autoridades políticas, de glorificación del pasado guerrillero, violento y terrorista de algunos personajes recientemente fallecidos, por cierto no ayudan a crear esa cultura de paz, tolerancia y convivencia mutua que el país necesita. Indudablemente, el ser consecuente con sus ideales es una virtud, excepto cuando se vuelve pretexto para seguir en el camino equivocado.

Lo mismo se puede decir de la “nueva justicia” en la cual muchos pusimos ingenuamente nuestra esperanza. En los hechos, renunciando al camino de la rectificación de las causas que, por la insana ambición de dos individuos, originaron dolor y luto en la población boliviana, se exasperan las divisiones, los resentimientos y el odio, transmitiendo una sensación de impunidad de los crímenes del “bando vencedor”. Como si una victoria electoral pudiera otorgar privilegios éticos. ¿Acaso no lo denunció hace 2700 años el profeta Isaías?: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!”

En fin, ¡cuánto nos cuesta aceptar que la Patria, antes que un territorio para dominar y explotar es un conjunto de lazos que nos atan, en un destino común, a la tierra, a la gente y a las diferentes culturas que la habitan!

Columna publicada en Página Siete y otros medios nacionales el 20 de febrero de 2021.

Sin transición energética el futuro es más sombrío

(Mi más reciente artículo puede ser ahora leído y comentado también en mi Blog de zaratti.wordpress.com )

En más de una oportunidad se ha reclamado la urgente necesidad de encarar un Plan de Transición Energética (PTE), sin que se perciba el más mínimo interés por parte de las autoridades para encaminar esa transición que todos los países, incluso nuestros vecinos, han tomado muy en serio desde hace varios años.

En breve, un PTE es una política de estado para transformar la matriz energética del país, incorporando las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) a la generación eléctrica, mediante acciones concretas y plazos definidos.

Bolivia tiene dos razones de peso para elaborar y aplicar el PTE. La primera es la suscripción de acuerdos internacionales (COP-21) que nos obligan a disminuir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera a la mitad de las actuales hasta el año 2050. En Bolivia, esas emisiones se originan, más que en el sector energético, desde la quema de cobertura vegetal. Por tanto, la tarea es simple: proteger los bosques y regular las quemas agrícolas.

La segunda razón es más relevante: el ciclo del gas (principal sustento de la economía del país) está agonizando y el resfrío de sus exportaciones provoca la fiebre de la balanza comercial energética, próxima a ser deficitaria. Se produce menos gas, se lo exporta menos y a precios cada vez menores, mientras se sigue importando y subsidiando combustibles.

En ese contexto se perciben dos actitudes: el empecinamiento en seguir buscando fuentes no renovables que mantengan campante al inviable modelo de desarrollo rentista y la voluntad de encaminar una transición hacia el uso masivo de las fuentes de ERNC, que abundan en el país y detonarán una transformación estructural del modelo actual.

El gobierno de Luis Arce, contagiado por el virus del populismo, parece obstinado a aferrarse a un modelo rentista, agotado e insostenible. El avance de las ERNC no se detendrá porque se perfore exitosamente uno o dos pozos más o se construya con dinero público otro elefante azul, como la polémica planta de biodiésel. Sin contar con que, sin importar las intenciones, las empresas estatales han demostrado ser, en su mayoría, un mal negocio para el Estado; una deuda oculta, diría mi abuela.

Por tanto, más vale estar preparados y tener una “vacuna” con que enfrentar la dura realidad que nos traerá el fin del ciclo del gas. Ciertamente es necesario optimizar el uso del gas como recurso energético y financiero durante la transición, para lo cual deben caer las barreras ideológicas que han llevado al estancamiento del sector y a espantar los escasos capitales de riesgo. Simultáneamente, un plan de electrificación masiva del país, en todos los nichos posibles, asegurará la “energía para los bolivianos”, permitiendo ahorrar el escaso gas que nos queda.

Es cierto que las ERNC no generan regalías ni IDH, pero sí empleo y riqueza, sin necesidad de apostar a quiméricas exportaciones de electricidad. Para ese fin, se requieren cambios en las leyes para fomentar la generación distribuida, para que nuevos actores, de todo tamaño, puedan invertir y contribuir al aprovechamiento de sol, viento y agua. ¿Qué se espera para incentivar la electromovilidad urbana y desalentar el uso de combustibles contaminantes y subsidiados en las ciudades? ¿Cuánto ahorro se tendría sustituyendo en las minas el diésel por electricidad?

Finamente, un estudio, encargado recientemente por el Programa las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a la Universidad Católica Boliviana, ha abordado toda esa temática y ha propuesto una “hoja de ruta” para construir en plazos razonables el Plan de Transición Energética que Bolivia requiere y espera, detallando tiempos, actores y acciones. La pelota está ahora en la cancha del gobierno.

Publicado en Página Siete el 6 de febrero de 2021

El EkekoVid-21

También mi “columnita” de Alasita está incluida en mi página web, para robarles una sonrisa.

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De la Lunita su satélite

EkekoVid-21

Irresistible y contagioso, apareció en la sede de gobierno el fenómeno viral del año: el EV-21, popularmente llamado EkekoVid-21.

Según el prestigioso Chukuta-Lab que lo descubrió, se trata de un minúsculo ser geoide (abultado en la cintura); una mutación del tradicional Ekeko: sin joroba, ni cigarro, ni sonrisa en los labios; en su lugar lleva un barbijo que funge de escudo para su aliento a coca mascada y caldo de cardán.

El EV-21, a diferencia de su antepasado, no carga bienes esenciales; tan solo una Tablet último modelo, con wifi de 80 Mbs, gracias a la cual procesa los pedidos que llegan a su página web y organiza la respectiva entrega mediante una recua de alpacas-móvil, de establo a domicilio.

En efecto, ingresando a www.ekekovid21.bo se accede al amplio catálogo de productos en oferta a precios módicos. Además, el EV-21 emite facturas; pero no sirven para el RE-IVA, debido a su exiguo tamaño.

Un breve recorrido por el catálogo permite apreciar una amplia gama de productos, como: bonos contra la sed (auspiciados por la cervecería); vacunas Micro-Vudú, traídas desde el Congo belga, cuyo precio depende del Henry Hub; respiradores con tanques llenos de aire beniano; pititas para mocasines; océanos de gas (en miniatura); biocombustibles sin subsidio; autos propulsados por “energía social” renovable (la rabia de los buscapegas); plantas de urea en producción, un teleférico línea blanca Chapare-Brasil y otras gangas más.

Entre las ofertas originales encontrarán el set “Cortaúñas y Lima milagrosa”, para reformar la justicia, y el “Pozo de dióxido de cloro”, para prevenir el embarazo no deseado en varones; cédulas de identidad con rebaja de edad (solo para aspirantes a viceministras) y certificado de perseguido político (exclusivo para candidatos a alcaldes).

Antes de que se acaben, he pedido al EkeKoVid-21 dos audiolibros de cuentos infantiles: “No fue fraude, fue golpe”, leído por un Vocero, y “Mi culpa fue de ella”, declamado por el mismo presidente de Ekekolandia.

Panchito Zarate, el jocoso Willka.                                                                                           Alasita 2021

Categorías:cosas de la vida, humor, ironia

LA QUINTA

Estoy actualizando mi página web, subiendo mis más recientes columnas

Solo para este año 2021 rige una nueva adenda (LA QUINTA) del contrato de exportación de gas a la Argentina, en reemplazo de la anterior (LA CUARTA) firmada en febrero de 2019, la cual, a su vez, modificaba sustancialmente el Contrato firmado en octubre del año 2006.

¿Por qué y en qué aspectos se acaba de modificar LA QUARTA?

Sintéticamente, LA CUARTA se originó por la imposibilidad por parte de YPFB de cumplir con el Contrato, haciéndose pasible a penalidades. Por esa razón, se redujo los volúmenes mínimos para verano (11); invierno (18) y meses intermedios (16). No obstante, la fórmula de cálculo del precio, anclada a una canasta de combustibles, incluyendo al diésel, se mantuvo sustancialmente inalterada.

Sin embargo, como resultado de 15 años de deplorables gestiones, YPFB no puede cumplir ni con esa reducción por lo que, eventualmente, se ve obligado a enviar gas rico para compensar los menores volúmenes, en perjuicio de su economía.

Por su parte, Argentina acaba de aplicar el Plan Gas 4, el cual otorga importantes incentivos a las empresas que operan el fracking de Vaca Muerta, con el fin de disminuir las importaciones de gas, LNG principalmente pero también el gas de Bolivia. Al mismo tiempo, según la contraparte argentina (IEASA), la baja global del petróleo no se reflejaba en el precio acordado en LA CUARTA.

De esa pugna de aspiraciones y necesidades, surge LA QUINTA, cuyo contenido aún no se ha hecho público. Lo poco cierto, en medio de declaraciones sibilinas, fragmentarias y contradictorias, es que se establecen dos períodos, verano e invierno, con volúmenes mínimos de 8 y 14 MMmcd, respectivamente. Es todo lo que le alcanza a YPFB para cumplir holgadamente con el mercado interno (13), Petrobras (20) y Argentina (14), en el orden. Si sobrara gas, IEASA recibiría, con prioridad, volúmenes adicionales.

En cuanto al precio, según Darío Martínez, Secretario de Energía de Argentina, el nuevo precio sería menor que el anterior: ¡objetivo cumplido! Además, se habría introducido una curiosa referencia al “Henry Hub”, cumpliendo el sueño (que es pesadilla para Bolivia) de un exministro nacionalizador. En efecto, cuesta entender qué pito toca un precio del mercado interno de los EE. UU. en un contrato entre países de otra región.

En cambio, las autoridades bolivianas sostienen que el precio de LA QUINTA será mayor que el anterior. Como las dos afirmaciones no pueden ser ciertas a la vez, alguien está equivocado o, alternativamente, ambas partes nos cuentan verdades a medias.

Cuando nuestro ministro Franklin Molina afirma que el precio para IEASA es mayor que el precio para Petrobras dice una verdad de Perogrullo: desde 2006 los precios han tenido ese comportamiento. Y cuando declara que el precio en enero será probablemente mayor que el precio de diciembre apuesta, tal vez, a la recuperación del precio internacional del petróleo.

Por su parte, cuando el Secretario Martínez asegura que Argentina pagará un precio menor, posiblemente está comparando el precio de la anterior fórmula con el de la nueva. En suma, el nuevo precio resultaría inferior a los 5 $/MMBtu con la agravante de que, si se enviaran volúmenes adicionales, el precio de éstos tendría un “castigo” entre el 15% y el 30%, según la estación. Lo cierto es que disminuirán nuestros ingresos (regalías e IDH) por los menores volúmenes y, tal vez, menores precios.

Finalmente, nada se menciona acerca de la modalidad de pago del gas que IEASA pretendía canjear con diésel, pero que, aparentemente, no ha sido aceptado. ¡En buena hora!

En fin, LA QUINTA es solo un “antipasto” de lo que nos espera: la ardua renegociación del contrato YPFB-IEASA hasta su vencimiento en el ya cercano 2026.

Publicado en Página Siete el 9/01/2021

¿Postergar o no postergar?

Hace una semana, en este mismo espacio de opinión, la periodista María Silvia Trigo (a quien doy la más cordial bienvenida al club de los columnistas sabatinos) planteaba la insensatez de postergar las elecciones municipales y departamentales a causa de la pandemia.

Me propongo analizar críticamente los argumentos esgrimidos en la mencionada columna para mostrar que la decisión no es tan sencilla como se la pinta, ni es aún el momento de tomarla.

El primer argumento se basa en la comparación entre las secuelas pandémicas de la votación de octubre pasado que, estadísticamente, mostrarían que no hubo un rebrote postelectoral en los días sucesivos a los comicios, y las posibles consecuencias de acudir a las urnas en marzo. Sin especular sobre el contagio del virus de la inoperancia gubernamental a partir de noviembre, hago notar que la comparación falla por la incertidumbre acerca del período de incubación del virus, del número de asintomáticos que pueden haber contribuido al rebrote de diciembre y, sobre todo, de la diferente pendiente de la curva de contagio. En efecto, en octubre la curva estaba en descenso, ahora está ascenso, con la única esperanza de que se aplane si seguimos el consejo de “resistir y aguantar”. El autor del consejo anterior acierta en señalar que el número de casos detectados es proporcional a las pruebas de detección, pero no aclara si esas mismas pruebas son las causantes de la mayor cantidad de muertes, incluso de candidatos, que sufrimos. En resumen, el argumento no vale, porque las dos situaciones (octubre 2020 y marzo 2021) no son comparables, y solo queda esperar la evolución de la curva de contagios, que dependerá de los cuidados de la gente y de la capacidad de respuesta del sistema sanitario, hoy saturada.

El segundo argumento -la relativa seguridad de los recintos- depende de la infraestructura de los colegios, fiscales y particulares, que suelen destinar un aula entera para emitir el voto y un pasillo estrecho para las mesas. Quien sabe hay más seguridad en un templo o en un supermercado que en esos recintos.

En cuanto a las campañas electorales, podemos convenir que éstas son las más pobres y distanciadas, en el tiempo y en el espacio, de la historia. De hecho, la gente votará en su mayoría por siglas, en perjuicio de los candidatos outsiders que ven reducida la posibilidad de darse a conocer con medios baratos (visitas puerta a puerta, panfletos, mítines). Si, como es previsible, el máximo del rebrote coincidirá con el clímax de la campaña, la votación será un mero acto formal, obligado, además, por las anacrónicas sanciones por no querer ejercer un derecho (sic).

Además, se menciona la presunta intención de las autoridades en ejercicio de prorrogarse con la excusa de la pandemia. No conozco autoridades electas que, escudándose detrás del nefasto tema de la re-reelección, estén en campaña. Al contrario, las elecciones pueden motivar al gobierno a posponer la toma de urgentes medidas económicas que, de tomarse ya, posiblemente afectarían sus aspiraciones electorales. En efecto, una postergación prudente les obligaría a actuar de una vez o a seguir difiriendo su responsabilidad. ¡Quisieron la bici, pero se resisten a pedalear!, diría mi abuela.

Finalmente, una encuesta podría avalar la percepción general que las familias tienen hoy otras prioridades que votar: salvar su vida y la de sus seres queridos, a la espera de medidas económicas que les devuelvan la esperanza.

Por todo lo anterior, lo más sensato sería no precipitarse, esperar un tiempo prudencial y evaluar, sin prejuicios ni cálculos, la tendencia de los contagios y el plan de vacunación para tomar la decisión de postergar o seguir adelante con los comicios.

Publicado en Página Siete el 23/01/2021

Puntos de no retorno

Actualizando mi pagina web, subo la última columna del año 2020

La ciencia ha acuñado la expresión “tipping points” (puntos de no retorno o de inflexión) para señalar situaciones críticas que cambian una tendencia. Por ejemplo, todos los sistemas tienen un grado de resistencia a una deformación, después de la cual suelen volver a su estado o tendencia inicial. En realidad, un elástico es tal si se lo estira “un poco”, pero se rompe si se lo estira “mucho”, o sea más allá de su punto de ruptura.

La física que se enseña en colegios y universidades versa sobre sistemas lineales, fuerzas débiles y oscilaciones pequeñas. Solo recientemente la ciencia, que consiste en problemas por resolver antes que en disciplinas por estudiar (K. Popper dixit), encaró el estudio de los problemas complejos, relacionados con la biología, los fluidos y el clima, con nuevas herramientas matemáticas.

Un típico punto de no retorno es el derretimiento de los glaciares tropicales. Durante milenios el hielo de nuestros Andes se derretía con el calor de la primavera, pero se regeneraba con las lluvias del verano, hasta que, por los cambios del clima y la intervención humana, ese ciclo se alteró más allá de toda posibilidad de recuperación y se llevó la pista de esquí más alta del mundo.

En otros campos, el año 2020 representa un punto de inflexión para el estilo de vida moderno: un microscópico virus ha desmoronado la “superestructura” de la globalización, dejando al desnudo la “estructura” de la condición humana. Nada será como antes: educación, afectos, trabajo, fiestas, ni religión.

Dicen que el tipping point del comunismo no ha sido la caída del muro de Berlín (1989), sino su construcción (1961) para evitar que los berlineses se escaparan del paraíso soviético. Con el mismo argumento se podría afirmar que la caída del “evismo” no fue el día de su renuncia, sino el 21F de tres años antes. Puede pasar mucho tiempo entre la aparición del punto de no retorno y el colapso del sistema, pero la tendencia es irreversible y la anterior “normalidad” jamás regresará.

El ciclo del gas en Bolivia, al igual que los de la plata y del estaño, tuvo su tipping point el año 2013, cuando se optimizó la monetización de las reservas de gas heredadas de los gobiernos neoliberales y se desvirtuó la industrialización del gas con proyectos “faraonoicos”. Cada día que pasa se confirma la declinación de ese ciclo, sin que se manifieste preocupación alguna por encarar su sustitución (la transición energética). El gobierno actual, condicionado por los errores (técnicos y económicos) de los 14 años, tampoco logra librarse de las mañas de exagerar descubrimientos que, sin revertir la tendencia, solo prolongan la agonía y ofuscan la realidad. ¿Cuándo se dejará de mirar al pasado, para no actuar en el presente y olvidar el futuro?

El turismo masivo es un invento moderno. Millones de personas, en su mayoría jóvenes y jubilados, han estado ahorrando dinero y planificando viajes para visitar lugares exóticos, gracias a la rapidez y comodidad del transporte aéreo y a la infraestructura de acogida de los países privilegiados por el arte, la cultura o la naturaleza. Este año hemos descubierto que podemos visitar en detalle cualquier patrimonio de la humanidad cómodamente sentados en nuestros sillones, pagando una módica suscripción a canales de entretenimiento, en contraste con las dificultades económicas y sanitarias de desplazarse de un país a otro.

Incluso la Navidad parece haber llegado a su punto de no retorno, en lo referente a la parafernalia comercial. ¿Será ese uno de los pocos regalos que nos dejará el “año del virus”?

No obstante, amados lectores, nunca habrá punto de inflexión en mis deseos de que en el 2021 logren alcanzar todo el bien que les hace falta.

Publicada en Página Siete, 26/12/2020

¡Políticas de Estado, ya!

Actualizando mi sitio web, subo las columnas de diciembre.

Los prolijos programas electorales han quedado atrás y llegó la hora de afrontar “con guitarra” la cruda realidad económica del país. De nada sirve, ni siquiera políticamente, seguir buscando culpables (que sin duda los hay y muchos), sino buscar soluciones (que tal vez las haya). En verdad, los problemas son de tal magnitud que no pueden ser encarados con éxito por un solo gobierno, no importa cuán grande es su mayoría legislativa.

Como mencioné alguna vez, estamos ante un “cambio de época” que la pandemia ha desnudado con crudeza. Ahora se requiere con urgencia visiones de largo alcance apoyadas por gobierno y oposiciones, trabajadores y empresarios. De hecho, más grandes son los problemas, más consensuadas deben ser las soluciones

El camino, a mi criterio, lo ha emprendido el ministro de Justicia: ante el descalabro del sistema judicial, haciendo gala de una apertura sorprendente, el ministro Lima ha convocado a destacados juristas, algunos incluso poco afines con su gobierno, para que propongan a los poderes del Estado medidas de consenso que sean eficaces en la lucha contra los muchos males de la justicia (corrupción, retardación, incompetencia) y sean aceptadas como políticas de Estado, o sea a prueba de cambios de gobierno.

Ahora bien, el “método Lima” debería aplicarse también a otras áreas críticas, empezando por el área de la Energía, donde el actual Gobierno ha enviado señales contradictorias: ha unificado las carteras de Hidrocarburos y Energías, como se había sugerido con el fin de tener una visión holística del sector hoy más necesaria que nunca, pero, al mismo tiempo, sigue condicionado por una visión irreal del sector, como cuando el presidente Arce se refiere a la planta de urea de Bulo Bulo.

La ducha fría de los fracasos exploratorios (que quede claro: de las empresas multinacionales y de YPFB, para descartar teorías conspirativas) ha revelado una verdad irrefutable: la exploración sufre no solo por la inseguridad jurídica, sino por la más grave “inseguridad geológica”, desde el momento que solo uno de los 75 pozos exploratorios perforados en los últimos 20 años ha resultado productor: ¡un espantoso 1.3% de éxito!

 Hay dos filosas espadas de Damocles sobre la cabeza de la economía de Bolivia: la agonía del ciclo del gas, devastadora para los ingresos, y la creciente importación de diésel, un imparable derrame de divisas y subsidios. Esa combinación explosiva hace presagiar un escenario insostenible. No lo deseo, pero lo temo, y de nada sirve ocultarlo.

Por tanto, ¿por qué no aplicar el “método Lima” también al sector de la Energía? La dirección está clara: Bolivia necesita encaminar cuanto antes un Plan de Transición Energética, gradual e irreversible, hacia el uso masivo de las fuentes renovables; un Plan que requiere continuidad a lo largo de las próximas décadas. Sin embargo, los pasos específicos demandan la orientación de expertos que, al margen de sus preferencias políticas e ideológicas, sugieran las necesarias políticas de Estado para transformar la crisis actual en nuevas oportunidades. En suma, hay que diseñar, con responsabilidad y profesionalismo, un plan energético para los próximos 20 o 30 años y consultar a la sociedad civil en temas de su interés (empleos, suministros, subsidios y tarifas).

Además, junto con ese Plan, se abre campo una transición aún más profunda: del rentismo actual a un modelo de desarrollo en el cual la economía de Bolivia no dependa solo de los recursos naturales y la energía no se genere y consume mayoritariamente a partir de fuentes fósiles. El futuro que hay que engendrar hoy es una economía productiva, alimentada por las energías que la naturaleza nos regala: sol, agua y viento.

Publicada en Página Siete el 12/12/2020