El Papa y Venezuela

Página Siete, 9 de febrero de 2019

La situación que vive hoy Venezuela se asemeja a un banco en quiebra cuyo gerente, para no ser destituido por los accionistas, monta un auto atraco con el apoyo de sus colaboradores bien armados. Como en todo atraco, hay rehenes que sufren por la falta de alimentos y medicinas y que, por eso, merecen ser atendidos primero. Hay también negociadores que buscan soluciones razonables a la crisis, mientras los asaltantes van bajando sus pretensiones a medida que pasa el tiempo y descubren que no tienen apoyo ni escape. Una opción razonable sería llamar a una Asamblea de socios para elegir al nuevo gerente, sin presiones ni intromisiones, pero esa solución es rechazada por quién sabe que nunca jamás será repuesto en el cargo ¿Cuál será el desenlace? ¿El violento, con un alto costo de vidas humanas, o el negociado, en el que los asaltantes terminan cediendo a cambio de mínimas concesiones?

En este contexto, sigue causando fuerte controversia, especialmente en las redes sociales, la actitud del Papa Francisco. La mayoría lo acusa de no pronunciarse claramente y de ese modo amparar la permanencia de Nicolás Maduro, agravando el sufrimiento del pueblo. Hay quien cree hallar la razón de esa actitud en sus raíces peronistas y sus simpatías ideológicas con las corrientes populistas de izquierda. En mi opinión, el Papa actúa con base en tres principios.

El primero es que los problemas internos de cada país incumben a los Obispos de ese país; son ellos quienes deben pronunciarse y orientar a la Iglesia local cuando las circunstancias lo ameriten. De hecho la Iglesia de Venezuela (Obispos, religiosos y laicos) ha recogido valientemente el sentir del pueblo en varias ocasiones. La más reciente es el mensaje del 5 de febrero que pide evitar un baño de sangre; aboga por una salida política, mediante elecciones limpias y supervisadas; busca un alivio a las dramáticas necesidades del pueblo, el fin de la persecución política y la recuperación de las instituciones democráticas. La duda es si el silencio del Papa se justifica en casos de ataques violentos a religiosos y lugares de culto, como ya ha sucedido.

El segundo eje del actuar de Francisco es la prioridad del diálogo, como único camino a la paz, pero un diálogo sincero y productivo, todo lo opuesto de lo que Maduro ha buscado con la complicidad de políticos impresentables como Zapatero o Samper. No se trata solo de evitar que el régimen madurista tenga más oxígeno, sino  de dar soluciones rápidas, eficaces y duraderas al hambre de pan y libertad de todo un pueblo. Una vez más se extraña el silencio del Vaticano ante los desaires y mentiras de Maduro en esos “diálogos”.

En tercer lugar, el Papa es consciente de su rol como Jefe de Estado, además de máxima autoridad de la Iglesia. En efecto, la diplomacia vaticana es conocida y respetada por su alta profesionalidad que no se deja manipular por los intereses estratégicos de las grandes potencias ni por el discurso rimbombante y vacío de Maduro. Es una diplomacia que no actúa a través de la prensa sino mediante negociaciones pacientes y perseverantes en busca de soluciones pacíficas  y de largo alcance. De hecho, un bien informado sitio vaticanista (ilsismografo.blogspot.com) revela señales de hastío del Vaticano hacia Maduro quien, en una carta (manipuladora y desesperada) al Papa, se autoerige como “Paladín de la causa de Cristo”; un paladín cuyas manos están manchadas de sangre inocente.

Por último, en el vuelo de regreso a Roma desde los Emiratos, Francisco ha aceptado mediar “como en el diferendo del Beagle” si ambas partes se lo piden y se comprometen a acatar incondicionalmente  la solución que el Papa disponga. ¡Aun a sabiendas que no lo harán!

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El discurso presidencial que no fue

Página Siete, 26/01/2019

Queridas hermanas y queridos hermanos de Bolivia, este discurso, el último de mi larga gestión de 13 años, será más breve que otros, no contendrá números que me cuesta leer, ni recuento de obras realizadas. Los logros de un gobierno no necesitan ser nombrados, ¡están a la vista de todos!; tampoco deben ser motivo de orgullo o de presunción de los gobernantes, que somos servidores del pueblo. Como bien dice el Evangelio, “cuando habrán hecho todas estas cosas, digan: siervos inútiles somos”.

Este informe, al comenzar el último año de mi gestión, será un repaso de conductas y actitudes que me han impedido ser mejor servidor de nuestra querida Bolivia. Y cuando digo “me han impedido” no lo hago en son de soberbia, sino asumiendo personalmente la responsabilidad de lo que han hecho mis colaboradores, la mayoría de los cuales los he nombrado personalmente como interinos, pasando por encima a normas y requisitos, de modo que tomo esa carga sobre mis espaldas.

Lo primero que me reprocho, y espero que me perdonen, es el derroche que hice del dinero de todos ustedes. Ahora entiendo que ese gas vendido y dilapidado lo quité a las generaciones futuras para las cuales tenía la obligación de transformarlo en obras duraderas y eficientes. Además fui un ingrato con las generaciones y gobiernos anteriores que lograron descubrir campos de gas y suscribieron contratos que mi gobierno heredó, junto a una bonanza de precios inédita, y que dieron los frutos que hemos gozado. Ojalá se pudiera decir lo mismo por lo que yo dejaré para el próximo gobierno.

He ordenado una revisión minuciosa de las empresas públicas que alegremente hemos creado e ineptamente hemos administrado. Las que no responden a criterio de eficiencia y de utilidad pública serán entregadas a manos de hermanos empresarios para que las operen con eficiencia. Las traspasaremos de manera transparente y en beneficio del país, para que no sigan despilfarrando sus impuestos.

Sin querer exculpar a mis colaboradores, siento que he fracasado en preservar las instituciones republicanas y democráticas que me permitieron llegar a la Presidencia, empezando por la justicia. De hecho, me dejé convencer en manipularla para reforzar mi poder totalitario, sin ni siquiera lograr ocultar ese juego sucio. Prometo, en este último año de mi mandato, tratar de devolver a la plena vida democrática instituciones como el poder electoral, el judicial, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo (¡perdón por la mala palabra!) y la Policía, entre tantas otras. Nombraré en los cargos públicos y en los mandos policiales y de las FFAA a los mejores profesionales, con los mejores perfiles y la más amplia experiencia. ¡Se acabó la era de la improvisación y la ineptitud!

A los amigos de la prensa, agradezco sus críticas por los desaciertos de mi gobierno, los exabruptos de mi persona y las contradicciones de mi conducta. Injustamente los he atacado, humillado y amenazado. Hoy entiendo que solo con una prensa libre el pueblo se libera de sus ataduras.

Reconozco que acudir a La Haya, para solucionar nuestro injusto enclaustramiento, fue una apuesta osada en la cual puse todo mi esfuerzo y voluntad. Reconozco humildemente que no tuvimos éxito, pero siento que otros vendrán con nuevas ideas y nuevos ímpetus para que un día nuestra querida Bolivia, con unidad y en paz, vuelva a las costas del Pacífico.

Finalmente, y sobre todo, deseo pedir perdón a todos ustedes, pueblo de Bolivia, por haberles mentido y engañado con la falsa promesa de respetar su voluntad y la Constitución que yo mismo les propuse y ustedes aceptaron.

Por todo eso, anuncio mi retiro de la política.

 En esto desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable (Jeremías 31, 26).

La era de (la nariz de) platino

Página Siete, 12/1/2019

Una leyenda afirma que el astrónomo danés Ticho Brahe (1546-1601), autor de medidas muy precisas de la órbita de Marte (gracias a las cuales Johannes Kepler descubrió las tres leyes del movimiento planetario), perdió su nariz en un duelo causado por celos científicos y la reemplazó con una prótesis de platino. ¡Toda una cirugía “metálica”! Sin embargo, a su muerte se supo que la prótesis era de latón, debido también a que el platino, originario de América, fue estudiado y utilizado recién a fines del siglo XVI.

Comúnmente, el platino es considerado un metal más precioso del oro, aunque su precio no alcanza hoy al 70% del precio del oro. Sin previamente informarse, el Ministro de Hidrocarburos, al unísono con el inefable Vicepresidente, ha “anunciado” (¿cuándo no?) la próxima “era de platino”, metal que revestiría el sector de los hidrocarburos, a pesar de las dudas de que la prótesis, también en este caso, termine siendo de latón.

La era platinada (el color de la cabellera de la Zapata) presupone una época dorada, que fue la lotería de los precios internacionales y la herencia de reservas y contratos muy ventajosos. Esa época dorada se fue, tal vez para siempre. El contexto regional ha cambiado radicalmente; nuestros clientes tienen abundante gas y, aunque siguieran comprándonos, lo harán a un precio menor que el actual. De hecho, las reservas, “valoradas” en 10.7 Tcf por Sproule, no alcanzarán para 15 años, como se pavonea el Ministro, sino para 20 o 30, si la producción sigue bajando al ritmo actual (¡apenas 35 MMmcd en diciembre!). Por tanto, venderemos menos gas y a precios ya no vinculados al petróleo. ¿Era de platino?

Además, para vender gas hay que descubrirlo y extraerlo. Las inversiones no pasan de anuncios que no se concretan o avanzan a paso lento, consecuencia de un clima de negocios negativo para la inversión de riesgo. Los frecuentes anuncios de inversiones únicamente producen anuncios de exploración y anuncios de “potenciales” campos, que, a su vez, solo sirven para la propaganda – electoralista por añadidura- del Gobierno. Más que platino yo veo espejos muy opacos.

En cuanto a la industrialización – suponiendo que habrá gas suficiente- los números siguen siendo rojos, debido a las conocidas falencias de ubicación, diseño y manejo de las plantas y a la insuficiencia y precariedad de los mercados. No obstante, se sigue soñando con licitar plantas de polipropileno sin materia prima y con costos astronómicos que no responden a la nueva realidad. Una vez más, no se vé platino en el horizonte sino madera, la de los martillos de los jueces que deberán ocuparse de todas las obras realizadas en condiciones legales y éticas dudosas.

Adicionalmente, en la “era de platino” Bolivia seguirá quemando gas en las termoeléctricas a un precio de 1.30 $/Mpc, pudiendo generar electricidad con energías renovables e incrementar los volúmenes exportables de gas.

Si quedaran dudas, a los profetas de la “era de platino” no les interesa el medio ambiente; ni los indígenas, porque estorban; tampoco la pachamama, útil solo para la retórica electoralista; menos el cambio climático, al cual Bolivia contribuye con la deforestación, los pesticidas y la conversión de cultivos alimenticios en cocales, con el fin de satisfacer la angurria de “platino” –oro le sobra- de la corporación que ha secuestrado el Estado a la cabeza de Evo Morales.

La era futura de la Bolivia no es metálica, ni gasífera. Es la era de las energías renovables que avanza irreversiblemente en todo el mundo, cargada de sol, viento y agua. ¡Lástima que los actuales gobernantes no logren verla, por culpa de su miopía ideológica y del estorbo visual de su postiza nariz, del metal que sea!

Categorías:Uncategorized

Militantes

Página Siete, 29/12/2018

El militante es una persona que toma partido por una institución o una idea. La raíz latina, “miles” (soldado), alude a la lucha, la dedicación y el sacrificio que implica el ser militante.

Ese vocablo se ha puesto de moda a raíz de la publicación de las listas de militantes de organizaciones políticas, a tal punto que militante se ha vuelto sinónimo de “perteneciente a una tienda política”.

Al igual que el soldado, el militante lo es por vocación (militante de carrera) o por obligación (una especie de servicio militante obligatorio). Es el caso de miles de empleados públicos obligados, so pena de perder su trabajo, a enrollarse en una guerra que no es suya. A algunos de ellos incluso se les exigió reclutar a familiares, amigos y conocidos, de modo que, aparentemente, no les quedó más remedio que inscribir a los incautos que alguna vez dejaron sus datos personales en una oficina pública. En justicia, también otros partidos hicieron lo propio con el fin de engrosar sus listas, como quien toma hormonas para desarrollar su pobre musculatura.

Como consecuencia de las inscripciones arbitrarias, una vez conocidas las listas saltó el escándalo de los falsos militantes los cuales se manifestaron indignados en las redes sociales, la prensa y las tertulias diarias. Entre ellos, yo también tuve la sensación de haber sido “violado” al enterarme de haber sido inscrito en las listas del MAS el día que paseaba dichoso por Shanghái.

Sin embargo, pasada la indignación, traté de separar esa bronca de la dignidad del verdadero militante. En particular, me irritó la actitud de algunos colegas columnistas que, a causa del fraude de las inscripciones, descargaron su tinta contra los militantes, haciéndose eco de  la clásica (y falsa) dicotomía entre hacer Política (con la P mayúscula) y hacer política partidaria. Uno de ellos llegó a exigir textualmente: “que los cargos fundamentales de nuestra institucionalidad no toleren a bordo personal de ningún partido o sigla.  Los sin partido somos mayoría, nos lo merecemos”.

Opiniones y criterios como ése refuerzan en los lectores la percepción de que militar en una agrupación política sería lo mismo que pertenecer a una banda criminal, un clan mafioso o una asociación para delinquir. La nueva bienaventuranza rezaría: “Felices los apartidistas, porque a ellos pertenecen los cargos públicos”. En suma, los militantes serían los leprosos de la política, que hay que separar del cuerpo sano de la sociedad.

Nada más equivocado. Si bien es cierto que existen militantes que -para seguir con la similitud castrense- solo buscan saquear y enriquecerse, los hay también honestos, los que creen en los ideales de su partido y están dispuestos a luchar por aquellos hasta con su vida o, por lo menos, a sacrificar mucho de lo personal y familiar para el logro de una sociedad más justa y próspera. ¿O no es verdad que la mayoría de los mártires de la democracia, que arriesgaron y entregaron su vida y a los cuales admiramos y celebramos, fueron militantes de alguna tienda o ideología política? ¿Se puede decir lo mismo de los “sin partido” siempre dispuestos a ocupar cargos “técnicos” en gobiernos de diferentes ideologías?

No niego que hay que quitarle a la militancia toda carga de beligerancia y odio hacia sus ocasionales adversarios. Todos los bandos deberían defender pacíficamente sus propuestas, denunciar los actos de corrupción y reconocer las buenas obras ajenas (“coincidencia de programas”, dirán en ese caso).

Pero, si me preguntan, prefiero la responsabilidad de quien se arriesga y toma partido por el bien común a los que eligen refugiarse en su zona de confort a la espera de ser invitados a ocupar espacios vetados a los militantes.

Psicosis hidrocarburífera

Página Siete, suplemento IDEAS, 16/12/2018

Buscando una explicación de la peculiar conducta del ministro de Hidrocarburos, encontré en el portal Psicólogos de Madrid la siguiente definición de la psicosis: “La distorsión de la realidad es uno de los mecanismos de defensa en el que la persona presenta una visión desajustada de sí misma y/o los acontecimientos. La Psicología del Yo clasificó este mecanismo dentro de los problemas narcisistas, debido a la dificultad de estos sujetos para representarse actos propios que fisuren su auto-imagen. No se debe confundir la distorsión de la realidad con las tentativas conscientes de producir engaño”.

Las relaciones energéticas con Argentina, el segundo mejor cliente de nuestro gas, son una mesa de prueba de esa definición. Para no ser tildado de opositor resentido o de querer mezclar la ideología con los intereses nacionales (cosa que el gobierno hace constantemente y el ministro secunda), me limitaré a dos hechos concretos.

El primero: en abril de 2016, cuatro meses después de la asunción al mando de Mauricio Macri, el ministro de energía de Argentina, Juan José Aranguren, solicita a Bolivia que se incremente el suministro de gas durante el invierno, ofreciendo incluso una mejora del precio del gas extra. Nuestro ministro de hidrocarburos se niega, debido a que la producción no alcanza para cumplir con Brasil y el mercado interno. Por esa razón Argentina tuvo que comprar LNG regasificado de Chile al precio de 10 $/Mpc, casi el doble de lo que ENARSA pagaba a Bolivia en ese momento. Esa era la realidad y hasta aquí no había nada raro. Lo raro sucedió en el momento en que el ministro Sánchez declaró que Bolivia podía suministrar más gas a la Argentina si ENARSA lo solicitaba. Con base en esta declaración el senador argentino Pino Solana presentó una denuncia penal contra el ministro Aranguren, el cual, por más caballero que fuera, puesto contra las cuerdas tuvo que mostrar el correo de su homólogo en el cual negaba por escrito lo que luego había afirmado a la prensa. Aranguren se salvó de la denuncia, pero Sánchez no se salvó de la desconfianza que desde entonces le tiene Argentina ante cualquier declaración, hecha generalmente sin sustento en la realidad. Tampoco se conoce un pedido de excusas de nuestra autoridad por el papelón que hizo.

El segundo: cuando asumió la presidencia Mauricio Macri, la deuda de ENARSA con YPFB era de 260 M$. No se conocen declaraciones ni amenazas públicas de parte del ministro Sánchez para cobrar esa deuda al gobierno de Cristina Kirchner. Mezclando la ideología con el interés nacional, sí se reclamó con vehemencia el pago atrasado a la nueva administración, la cual la honró en un plazo de tres meses.

Ahora, por motivos que son públicos, Argentina ha vuelto a entrar en mora. Hace unos días, por declaraciones del Presidente del Banco Central, hemos conocido que IAESA (el nuevo nombre de ENARSA) habría honrado la deuda. En realidad lo que ha sucedido es que en octubre YPFB ha ejecutado la boleta de garantía del contrato de venta de gas, que asciende a 150 M$. Un gesto inamistoso, desesperado y lleno de implicaciones, que no se puede justificar ni por el acelerado descenso de las reservas internacionales que sufre el país.

Es evidente que hay un problema de fondo: Argentina ya no necesita el gas boliviano como hace 15 años. Es casi autosuficiente y está destinado a volverse un importante exportador de LNG en pocos años. Por tanto pide renegociar el contrato y adecuarlo a las nuevas condiciones, asumiendo que seguirá comprando gas boliviano en el futuro. La renegociación implicaría precios y volúmenes. De hecho Argentina ha cancelado el proyecto del GNE, gasoducto al noreste, por los costos, la corrupción y la inutilidad práctica que tendría en el futuro. No solo, sino que está presentando otras quejas en torno al cumplimiento del mismo contrato y sobre la calidad del gas enviado.

La posición principista y legalista de YPFB es que los contratos se respetan. Cuesta escuchar esto de un Gobierno que no se ha destacado precisamente por cumplir este contrato o por respetar contratos durante el proceso de “nacionalización”.

Lo ideal sería evitar dirimir la controversia ante un tribunal internacional (ya sabemos cómo nos va en esas instancias) y buscar un acuerdo de beneficio mutuo, que nos permita asegurar un mercado (el único después de Brasil) con precios y volúmenes razonables para varios años más.

Los “anuncios” del ministro Sánchez (al igual que muchos otros) de estar negociando con varias empresas privadas argentinas la compra-venta de gas son producto de la distorsión de la realidad que caracteriza a esa autoridad; una distorsión reforzada por la absoluta falta de transparencia de su gestión y la ausencia de crítica al interior del partido gobernante, en los hechos co-responsable de la ruinosa gestión del sector.

Al contrario de la Argentina, el futuro gasífero de Bolivia es gris. Sin éxitos exploratorios, sin reservas ciertas y con campos en vía de agotamiento, la producción de gas se ha vuelto insuficiente, la de líquidos deficitaria, al tiempo que el contrato de Brasil se vence sin tener alternativas concretas (no hablo de los anuncios angelicales que escuchamos cada día) y se reducen drásticamente los ingresos de divisas del país,

Aunque el Presidente Morales repita que Bolivia ya no depende del gas, la triste realidad es otra.  Bolivia necesita de Argentina mucho más de cuanto Argentina necesita del gas boliviano y esa simple verdad debería estar presente en la mente de nuestros negociadores si no quieren dejar a la próxima administración un país devastado económica y energéticamente.

La democracia inédita de los Garcías

Página Siete, 15/12/2018

17 de julio de 1980: el General Luis García M. desconoce una elección democrática y toma el poder mediante un cruento golpe de Estado cuyo objetivo era perpetuarse en el gobierno durante 50 años.

La manera de conseguirlo era la clásica: clausura del Congreso, intervención de las instituciones, cierre de radios “subversivas”, mordaza a la prensa, carta blanca a los órganos de represión del Estado (los “paramilitares”) y compra de dirigentes sociales, policías y comandantes militares para asegurar lealtad. En medio de montajes y “fake news”, para el ciudadano común la recomendación era “andar con el testamento bajo el brazo”; para los opositores más recalcitrantes la disyuntiva era la cárcel o el exilio y, en casos extremos, la morgue.

A este proceso el “antiimperialista” García lo denominó “democracia inédita”.

En los hechos, esa dictadura no duró ni dos años, aislada internacionalmente  (con excepción de sus camaradas argentinos) y corroída por la corrupción y la crisis económica galopante, pero las consecuencias de esa aventura se sintieron los años siguientes hasta desembocar en la hiperinflación y el programa de ajuste estructural del año 1986.

Casualmente, en una reciente entrevista a un medio impreso, otro antiimperialista García ha defendido su original “democracia inédita” que le permitiría retener el poder los próximos 500 años.

¿Cómo lograrlo? Cuales conversos sin fe, el nuevo comandante García y sus acólitos se ponen máscaras para aceptar tácticamente la vigencia de las odiadas instituciones democráticas y los valores universales. De ese modo pueden alcanzar su objetivo manteniendo una democracia formal, sin paramilitares  ni torturas físicas. De hecho, la represión logra infundir el miedo en los adversarios y la democracia inédita pretende, en el fondo, que la población la acepte también por miedo.

La “democracia del Siglo XXI” que vivimos hoy en Bolivia consiste en mantener las instituciones bajo el control de la “ineptocracia” servil al poder: ahí tenemos una Asamblea Levantamano Plurinacional para aprobar las contadas normas que el Poder Ejecutivo no puede sancionar mediante decreto; ahí están los Tribunales de Justicia, cuyos miembros ejercen sin el respaldo del voto popular; asimismo, se tiene un sinnúmero de autoridades puestas interinamente para que no tengan poder autónomo.

La nueva democracia inédita consiste también en utilizar a “parafiscales” y jueces para perseguir a opositores y críticos; en asfixiar a la sobreviviente prensa libre con impuestos, controles abusivos y negación de la generosa publicidad estatal; en adormecer con el opio de la prebenda a dirigentes sociales, policías y militares; en vender infraestructura escolar como si fuera educación liberadora.

En síntesis, la nueva democracia inédita consiste en meterle primero y arreglarlo después (en eso, ni la Segunda Ley de la Termodinámica se salva), gracias al control generalizado de las instituciones del Estado. Así fueron cayendo, una tras otra, las diferentes máscaras del régimen: la indigenista, la ecologista; la de la austeridad, de la palabra empeñada, del sometimiento a la Constitución; la de la fábula del “ama sua, ama llulla, ama quella”.

Las similitudes entre ambas democracias inéditas se han acentuado a raíz del Referendo del 21F que ha abatido la última máscara – la del respeto al voto popular – revelando los groseros sofismas que han destrozado la institucionalidad y están arriesgando la paz del país.

¿Qué hacer ante tantas bravuconadas del totalitarismo?  Se me ocurre, entre otras legítimas, la receta del Adviento: vigilancia, espera y esperanza, a contramano de la resignación a la cual nos quieren empujar los actuales impostores.

Categorías:política y economía

Binomios

Página Siete, 1/12/18

Me había propuesto escribir sobre hidrocarburos, en particular sobre la inclinación del ministro del ramo a distorsionar sistemáticamente la realidad, pero, como al poeta César Vallejos, “solo me sale espuma”. Por eso, me subí a la palabra de la semana, el“binomio”, para darme un paseo  sobre significados e implicaciones de ese sustantivo.

Binomio es una palabra de origen griego, compuesta por “bi” (un par, dos) y “nomos”, que significa término,parte, norma, nombre. Por tanto un binomio es un conjunto de dos elementos. Bicicleta,bípedo, bizcocho (galleta cocida dos veces), binocular y bisagra son sencillos ejemplos del uso del prefijo bi-, mientras que, de modo más rebuscado, “bidente”- un apodo que hace años se ganó un dirigente sindical- es un vidente que tiene solo dos dientes. Más de dos términos hacen  un polinomio, donde “poli” significa  muchos, como en la poligamia, esa extraña patología que suele hacer trizas el binomio matrimonial.

Sospecho que el ÓrganoElectoral Plurinacional (OEP) ha preferido el término “binomio” (entendido como conjunto de dos candidatos) a sus sinónimos (dúo, pareja, dueto, dupla, yunta) con la mirada puesta en el significado algebraico de esa palabra. Sin embargo, el OEP debería haber hablado de binomios y binomias, por una elemental igualdad de género. Ese imperdonable descuido ameritaría la anulación de las elecciones primarias más que por su costo insulso o por el pandemonio de las falsas militancias.

Volviendo a las raíces matemáticas, los dos elementos de un binomio suelen ser números o letras; reales o imaginarios; concretos o abstractos, susceptibles de suma o resta. Entre los binomios de letras se ha hecho famoso el binomio C y M, en el cual no se busca el resultado, sino el origen de esas letras. Una comisión especuladora de alto vuelo se ha roto el coco para explicar qué es C y qué es M; en realidad para hacer coincidir C y M con lo que querían que fuera, cuando cualquier estudiante podía haberles indicado que CM es centímetro. Casualmente una insidiosa serpiente yoperojobobo mide unos 70 cm.

Siguiendo con la similitud algebraica, los binomios no triviales deben ser diferentes: dos mesas no hacen un binomio, pero “mesa y piedra-za” sí lo hacen. Un binomio puede contener valores mixtos (cerveceros y espirituales),  materiales (gallo y barriga), coloridos (rosado y katarista). Sin embargo, me rehúso a considerar a los binomios espurios a los que Bolivia dijo NO. Se trata de binomios que  no tienen soluciones y solo traen problemas. Si lograran forzar su participación, nunca deberían ser legitimados, ni antes, ni durante, ni después.

Un importante resultado matemático que hay tomar en cuenta en el momento de potenciar a un binomio es: un binomio al cuadrado no es lo mismo que un binomio de cuadrados.

¿Cómo construir un Binomiode candidatos? Una teoría dice que los dos debe ser diferentes, número y letra, (3+b), porque sus funciones lo son (ejecutiva y legislativa). Otra corriente afirma que los dos deben ser complementarios, vocal y consonante, (a+b), debido a que la Constitución Política mezcla las funciones respectivas y ahora el Vice es un ministro y el Presidente dirige con control remoto la Asamblea.

Sin embargo, si se construye un binomio solo en función de un hipotético rédito electoral (occidente-oriente; eje-periferia; varón-mujer; indígena-mestizo) se pierde devista lo esencial: el Binomio no se construye solo para ganar una elección sino para gobernar; para lo cual se requiere coordinación, lealtad, complementariedad de destrezas y comunión de principios y objetivos.

Acabamos de conocer varios Binomios. Corresponde a los electores discernir cuáles son problema y cuáles solución.