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Un invierno inusual


En mi reciente estadía en Europa, he podido constatar a qué punto la polémica entre defensores del calentamiento global y sus negacionistas ha calentado el clima científico.

Primero fue el “climategate” a echar una sombra de duda sobre la transparencia de los resultados de los modelos climáticos. En breve, se acusa a algunos “modelistas” de manipular datos para sustentar las proyecciones más catastróficas del incremento de la temperatura de la Tierra en los próximos decenios. Además, se percibe un tufillo “filo-tercermundista” de esas proyecciones (alimentado por la ONU y varias ONG), en el sentido de apoyar las reivindicaciones, casi siempre económicas, de los países pobres por los eventuales daños al planeta inferidos por los países ricos. De modo que la discusión de científica se ha vuelto ideológica y ética y ha tenido consecuencias hasta en el fracaso de la cumbre de Copenhague.

En el curso de ese debate se ha presentado, en Europa y Norteamérica, el invierno más crudo de los últimos 50 años, provocando muchos chistes en torno al tan mencionado “calentamiento global” y el incremento del número de escépticos de esa teoría, propuesta por un grupo importante de climatólogos, respaldada por la gran mayoría de la comunidad científica y asumida como propia por la ONU y sus agencias.

A mi criterio, la actitud crítica hacia teorías comúnmente aceptadas es el motor de la ciencia, de modo que el escepticismo debería ser siempre bienvenido, tanto para desmitificar como para aclarar afirmaciones científicas. Creo que lo último calza perfectamente con lo que pasa actualmente.

De la misma manera que el efecto invernadero, un fenómeno positivo para el balance energético de la Tierra, es diferente del calentamiento global, que es una distorsión del primero que pone en riesgo la vida, así el cambio climático, un desequilibrio del clima acelerado por causas humanas, es diferente del calentamiento global, un término estadístico y por demás ambiguo, como les consta a los europeos en estos días. Lo cierto es que la Tierra está sufriendo un cambio violento y no uniforme del clima, pero no hay consenso sobre la incidencia del desarrollo humano en ese fenómeno.

Aclarado esto, la causa específica del frío excepcional en Europa ha sido ya identificada: una inversión de los vientos polares que han desviado la cálida Corriente del Golfo desde las costas occidentales de Europa (Irlanda, Inglaterra y Noruega) hacia Groenlandia y el norte de Canadá. En estos últimos lugares se ha registrado temperaturas hasta 10 grados superiores a las medias estacionales (con efectos sobre los glaciares), mientras Europa sufre un frío inusual.

La pregunta es si se trata sólo de un episodio meteorológico natural o de una muestra del trastorno del clima por causas humanas. La respuesta sólo se puede dar haciendo observaciones durante tiempos largos porque, y eso algo que no es fácil entender, las proyecciones de los modelos climáticos buscan revelar tendencias del clima a largo plazo (décadas), mientras las previsiones meteorológicas sólo están interesadas en el corto plazo (días). Por tanto, los dos pronósticos no tienen por qué coincidir ni ser confundidos.

Francesco Zaratti

Es Físico

Fuente: La Razón
Fecha: 21-Ene-2010

Categorías:ciencia y sociedad
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