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La energía nuclear en tiempos de tsunami (19/3/2011)



La catástrofe de la planta atómica de Fukushima, provocada por un devastador  tsunami, ha vuelto a encender la polémica en torno a la oportunidad del uso de la energía nuclear.

De hecho, la  emergencia nuclear del Japón ha producido ya algunas reacciones que, no por esperadas, resultan menos impactantes. El gobierno alemán acaba de congelar el permiso de prórroga de operación a siete plantas vetustas,  a la espera de tener mejores elementos de juicio y de que pasen las próximas elecciones. En otros países, ha resurgido vigorosamente la oposición a nuevas plantas nucleares ya planificadas. Se trata de decisiones muy serias, que merecerían ser abordadas con serenidad, lejos, en todo caso, de la emotividad que provocan los hechos de Fukushima. De todos modos, no me cabe la menor duda de que el precio de los inmuebles cercanos a plantas nucleares bajará sensiblemente en los próximos meses.

Las ventajas de la energía nuclear producida por los reactores de fisión de material radioactivo, radican en la soberanía energética que buscan países pobres en recursos energéticos no renovables. De hecho, en la lista de los países que han optado por la energía nuclear encontramos a Francia, Japón, Corea del Sur, India y China. Sin embargo, se encuentran también países ricos en energía convencional y hasta exportadores, como EE.UU, Rusia, Reino Unido e Irán, a los cuales, obviamente, los guían también  motivos estratégicos y comerciales. La otra ventaja es que la energía nuclear contribuye al calentamiento global en medida irrelevante, comparada con los combustibles fósiles.

Las desventajas  de las plantas nucleares son principalmente dos: la seguridad, que debe ser altísima, proporcional al riesgo inherente a una falla, y el destino de los desechos nucleares radioactivos que tienen tiempos de vida de cientos de años e inclusive más. En cuanto a seguridad, en 55 años de historia de las casi 500 plantas nucleares del planeta, se han registrado sólo tres incidenctes serios: dos debidos a fallas técnicas y humanas y la actual, consecuencia de un fenómeno natural extremo. Además, cada incidente ha ayudado a mejorar la seguridad de las nuevas plantas.

En cuanto a los argumentos de los detractores de la energía nuclear, me parece reconocer en ellos esa misma visión pesimista en torno al rol de ciencia y de la tecnología en la sociedad que se manifiesta en otros campos, como el cambio climático, la bioingeniería o los biocombustibles, blanco preferido de los “pachamamistas”.  Aunque, si es con el apoyo de Irán, el Presidente de Bolivia no vacilaría en producir energía nuclear, como declaró el 29 de octubre pasado (por si las dudas, prefiero tener un buen respaldo, en tiempos de denuncias por desacato).

Se trata, a toda vista, de un debate necesario, pero falso. La tecnología salva vidas, como demuestran las construcciones antisísmicas que han aguantado, en Chile y en Japón, el embate de grandes terremotos. Pero es cierto también que toda obra del hombre tiene un grado de riesgo, a veces calculado, en otras imprevisto. Por eso, sólo de la población, debidamente informada, debería depender la aceptación de  ciertas opciones, como la energía nuclear, y de los riesgos que ellas implican.

Categorías:ciencia y sociedad
  1. Carlos Morales Hernández
    marzo 20, 2011 a las 4:33 pm

    Me parce interesante tu comentario, pues es evidente que ante las catástrofes sucedidas en Japón sucintan a temas de reflexión entrono al uso de la energía nuclear, y en general al uso de las tecnologías que son de influencia global. Algo interesante de mencionar, y que en tu escrito está remarcado es la cuestión del riesgo, punto que únicamente le compete al hombre ante sus acciones, en este caso ante el uso o no uso de energía nuclear.
    Toda decisión llevada a la acción implica consecuencias, los cuales no siempre son los esperados; algunas veces son buenos resultados en otras malos resultados, todo depende de las contingencias ya sean humanas o de la naturaleza. Al final de todo, es el riesgo que se corre latente en toda acción. Lo único que se puede hacer ante ello es tratar de reducirlo lo más posible pero nunca desaparecerlo de nuestras acciones.
    Este es el caso que presenta ahora el uso de energía nuclear y los riesgos a que nos conlleva, lo único queda es reflexionar sobre ellos y llegar a la decisión mas conveniente.

    Estudiante de licenciatura en filosofía
    Universidad Veracruzana, México

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