Inicio > política y economía, religion, biblia > Gobernar disculpándose

Gobernar disculpándose


Pagina Siete 25/6/2011

Eso de “gobernar obedeciendo” es un cuento de hadas hasta para los que lo repiten como loros.

En rigor de lógica, si uno de veras gobernara obedeciendo, sólo debería equivocarse por haber obedecido, disculparse por su obediencia y enmendar su conducta desobedeciendo. Por otro lado, si se reconoce que uno se ha equivocado por no haber obedecido, ¿por qué no se consultó al pueblo antes de tomar una medida nefasta, producto de un acto de desobediencia? Continuando con esta dialéctica, se podría retrucar que “por un lamentable descuido” o “en un momento de ofuscación”, no se consultó previamente al pueblo y por eso se cometió la equivocación. Sin embargo la discusión se zanja observando que ese argumento justificaría sólo la primera equivocación, pero no así las sucesivas.

En realidad, ni se consulta al pueblo, ni se le obedece, simplemente se recula cuando las medidas o sus consecuencias imprevistas se vuelven inmanejables. Pasó con el decreto del gasolinazo (una medida que tenia la dirección correcta pero un camino equivocado), volvió a suceder con  la Ley Electoral para el sistema judicial (aunque, a criterio de muchos, el remedio fue peor que la enfermedad) y se volvió a reincidir con el reciente DS 890 de los coches antiguos. Lo curioso es que esta última medida, aunque inconsulta, era totalmente racional y tenía el apoyo de gran parte de población, según diferentes encuestas. Por tanto, si se derogaron los artículos pertinentes no fue por obedecer al pueblo, sino para zafarse del aguerrido sector de los transportistas. Pero, al mismo tiempo, se desautorizó a uno de los pocos ministros rescatables del actual gabinete, quien defendió el decreto con valentía, convencido, como estaba, de lo correcto de la norma.

Adicionalmente, el retiro de las normas suele estar acompañado por “las disculpas” a la población por parte del Presidente del Estado Plurinacional. Cuando las disculpas son muy frecuentes, se aplica el adagio latín, atribuido a Séneca: “errare humanum est, perseverare diabolicum”. De hecho, en este caso, más que la hidalguía asombra la reincidencia.

En estos casos me vuelve a la mente una crítica que las Iglesias Protestantes nos hacen a los católicos (de cultura, no sólo militantes): la frivolidad con que solemos acudir al pedido de perdón para remendar un pecado. El pedido de perdón no “deshace” la historia ni repone los hechos a “foja cero”, de modo que cuando se lanza una medida o se dicen irreflexivamente ciertas frases – fuente de un reciente éxito editorial – no todo se arregla con las disculpas. Definitivamente, el perdón no puede ser concedido sin recibir muestras sinceras de arrepentimiento, cambio de conducta y reparación del daño ocasionado.

Si trasladamos el tema de las disculpas y sus consecuencias al ámbito internacional, vemos que la imagen del país, y no sólo la de un ministerio o de su joven ministra, ha sufrido un grave deterioro con la invitación “institucional” al internacionalmente buscado señor Ahmad Vahidi, a pesar del “lamentable” mensaje de disculpas a la Argentina, ¿Y por qué no al propio ministro iraní, quien, al fin y al cabo, era un huésped del Gobierno boliviano?  Por si acaso, nunca es tarde: el martes 28 de junio es su cumpleaños.

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: