Voto nulo


Pagina Siete, 23/07/2011

Se sabe que el invento del número cero, ocurrido presuntamente en la India en la Edad Media y divulgado por los árabes en el mundo occidental, representó un avance vigoroso de las matemáticas. Intenten sumar  666 + 333 en números romanos y coincidirán con la anterior afirmación. De hecho, los romanos no conocían el cero y en su lugar usaban el concepto de “nullus”, “non ullus”, ninguno.

El adjetivo nulo, con sus derivados, ha quedado en muchos idiomas, inclusive con un significado diferente de cero. Una pelea de boxeo nula, es una pelea sin vencedores, empatada. Una transferencia nula no tiene validez jurídica y Mallasilla vuelve al Estado.

Coloquialmente, se dice que alguien es nulo para los trabajos manuales, es decir, que no sirve para esos menesteres. En las coplas picarescas nulo es una palabra muy buscada, porque hace rima con… Catulo, por ejemplo.

Finalmente, en la política electoral se ha clasificado el voto nulo como aquel emitido de una manera ambigua (marcando dos casillas) o impropia. No se trata de un voto “vacío” (ese sería, en todo caso, el voto en blanco), sino mal marcado. No se contabiliza como voto válido y, al final del día, favorece al candidato más votado. Sin embargo, si el voto nulo es un acto de masas y alcanza porcentajes significativos, puede representar una legítima protesta por parte de la ciudadanía, no en contra de uno o más candidatos, sino del proceso eleccionario en sí.

La prohibición de hacer campaña por el voto nulo, anunciada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), responde a una interpretación arbitraria de la Ley y del Reglamento, el cual no prohíbe  hacer campañas (de hecho,  el propio TSE hará campaña a favor de todos los candidatos y del mismo proceso), sino de hacer campaña a favor o en contra de uno o más candidatos.

En nuestro caso, si la consigna del voto nulo fuera en contra de todos los candidatos, tildados de deshonestos y serviles, el TSE tendría toda la razón y, en apego a la ley, debería aplicar las sanciones correspondientes. Pero, si la campaña por el voto nulo, hecha individual o colectivamente, expresara una legítima protesta contra el opaco proceso de selección de los 118 candidatos, sin aludir a los méritos y defectos de aquellos, la campaña del voto nulo no violaría la ley.

Consecuentemente, en lugar de amenazar a los que discrepan con una muestra más de las políticas erróneas, por intolerantes y amañadas,  del actual Gobierno, el TSE, que ha dado ya señales de su obsecuencia con el Gobierno que lo ha nombrado, bien podría realizar una campaña de disuasión del  voto nulo, defendiendo, con argumentos,  la transparencia y legitimidad del proceso. Inclusive, podría promover una campaña en contra del voto “en blanco”, debido a la escasa o nula fiscalización orgánica que van a tener las mesas electorales, especialmente en ciertos lugares alejados de las urbes.

Personalmente, ante la alternativa de tener que escoger, si fuera alérgico al pescado azul, entre trucha y pejerrey, no sé aún si ayunaría calladito o tiraría el plato por la ventana junto a muchos comensales indignados; manifestación de la bronca que explota cuando, a tener  jueces probos e independientes, se prefiere mantener el  pluralismo actual.

 

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