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La vida, enfermedad terminal


Pagina Siete 29/10/2011

La participación en un encuentro de Centros Colaborativos de la Organización Mundial de la Salud, en vísperas del Día de los Difuntos, me da la oportunidad de ordenar algunas reflexiones en torno a la lucha por una existencia “saludable”.

En términos generales, la lucha a favor de la salud se parece a una historia sin fin que enfrenta más contradicciones que la CPE en el tema indígena. Mencionaré sólo algunas.

Los países que logran progresos en los indicadores sociales, como las llamadas “Metas del Milenio”, son los mismos que destinan mayores recursos a la salud, gracias a un crecimiento económico acompañado, casi siempre, por un deterioro del ambiente, causa de otras enfermedades del cuerpo y de la mente.

La necesidad de mayor actividad física que incida adicionalmente en un menor consumo de combustibles fósiles, como es el uso de bicicletas en las urbes, compite con la mala calidad del aire que puede afectar a los propios ciclistas, al margen de problemas de seguridad vial.

Finalmente, la efectividad de medidas populistas de corto alcance (bonos y subsidios) choca con la sostenibilidad de esa solución, a falta de respuestas estructurales a los determinantes sociales que originan la insatisfacción de necesidades básicas.

En este contexto, la pregunta que me hago es: “¿cuál es la mejor estrategia en favor de la salud?”

Conceptualmente, el hombre sufre de una sola enfermedad incurable, que es su “condición mortal”. Nacemos como “enfermos terminales”, cuya “esperanza de vida” (así le dicen) depende de causas intrínsecas (buenos genes) y extrínsecas (accidentes, infecciones, determinantes sociales).

Ahora bien, advierto dos estrategias básicas de ataque a esa enfermedad: la mitigación y la adaptación. Son las mismas que se aplican al cambio climático, la “enfermedad terminal” de la naturaleza.

La mitigación es lo que tradicionalmente hace la medicina: aliviar las dolencias (mediante fármacos e intervenciones correctivas o reparadoras), prevenir su ocurrencia (higiene, vacunas, cuidado del cuerpo y de la mente, ambiente saludable y educación) y regular comportamientos sociales (normas severas contra tabaco, alcohol y drogas; controles fitosanitarios). Pero no basta.

La adaptación a la condición de seres mortales es todo lo demás. Es lo que llamamos cultura, la cual trata de alejarnos del pensamiento de la muerte: el trabajo, el amor, los sueños, la solidaridad, el arte. Pero es, también, todo lo que nos acerca a aquel: la violencia, el apego al poder y a la riqueza, el pecado, la soledad. Transversalmente, está la respuesta religiosa, que da un sentido a la vida y a la muerte, más allá de esas realidades físicas.

Entre las medidas de adaptación propias del ser humano (en eso coincido con Umberto Eco) el humor representa el más original antídoto a la amenaza de la muerte, la cual, a priori, debería mantenernos deprimidos desde el momento de la concepción. Nunca olvidaré la respuesta de mi abuela a los nietos que bromeábamos con su inminente partida: “¡Cuidado, mueren más corderos que ovejas!”.

Sólo el humor, junto al amor – “más fuerte que la muerte”, canta el Cantar de Cantares – pueden proporcionar la calidad de vida que necesita ese enfermo terminal que es todo hombre.

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  1. Victor Chavarria
    octubre 29, 2011 a las 9:11 am

    Así como la felicidad es el aroma del amor, la salud es el aura de un equilibrio del humano con la naturaleza. En el pensamiento occidental vemos las cosas de un modo sistemista. Pero cuando no comprendemos una enfermedad la llamamos ideopática. Hay muchas veces más enfermedades que curas.

    Lo que pasa es que la salud es una consecuencia de un estilo de vida tanto física como mental y espiritual. Es la sombra que arroja el ser a la luz de un equilibrio con su entorno integro. En esta edad moderna queremos acomodar el suelo para arreglar lo que creemos que está mal con la sombra que arrojamos. La salud es una consecuencia holística de vida. No hay bala de plata para condicionar la salud; ni aire puro, ni una vitamina, o suplemento nutrimental, ni ejercicio físico. Es como el sonido de una sinfonía, no se puede decir que es debido al clarinete, o el tempo, o la ejecución, o la grabación o el conductor, es una consecuencia de un todo lo que resulta en música. Tampoco el humor. Es solo un paliativo, una curita o aspirina emocional.

    Los científicos lo llaman un efecto multifactorial, siempre tratando de hacer creer que hay muchos pero definibles y limitados factores que se pueden explicar. Podrán parar el crecimiento canceroso pero no la propensión de las células a seguir creciendo sin límite para manifestarse como tumor cancerígeno. Podrán arrestar la bioquímica pero no la des-estabilización del cuerpo y mente debido al estress emocional, espiritual, químico, bioquímico, electromagnético, sicológico, nutrimental etc.

    La tan mentada armonía pudiera ser la respuesta. Equilibrio, respeto, consideración, comprensión de todos los actos con relación a la naturaleza, al otro individuo, a la sociedad en su conjunto, a uno mismo, y de yapa, en el proceso ( no de cambio) gozar de buena salud.

    Por último hemos olvidado la sutil relación de l a mente con el cuerpo. Ya no creemos en el inmenso potencial del ser para manifestarse en plenitud. La salud es gran parte es un pensamiento, una verdad propia experiencial que solo puede ser asumida por el ser en total y vasta libertad.

  2. Federico Campero
    octubre 31, 2011 a las 11:13 am

    Excelente artículo!!!, nada más claro que esta verdad: “Todos vamos a morir y la única condición requerida es estar vivo”. Entonces la pregunta más interesante debería ser: Dado que vamos a morir, ¿estamos preparados para la muerte?. Los humanos vivimos como si nunca fueramos a morir, y esa no es la idea. Debemos entender que esta vida es solo UN PASO temporal. Lo que realmente importa es la eternidad, y hay solo UN camino para tener una eternidad “con calidad de vida”, ese camino se llama Jesucristo.

    Por último les dejo un texto que está en Santiago 4:13-15:

    “Presten atención, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero». ¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma. Lo que deberían decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».”

    un abrazo,

    Federico

  3. Augusto
    noviembre 4, 2011 a las 9:44 am

    “Con la ayuda de Dios puedes llegar a la orilla, pero sigue remando.” Proverbio humano.

    Dos casos históricos. Los médicos de a pié. En China, la época de Mao Ze Dung, para hacer algo efectivo y concreto de proveer mejor asistencia médica, los chinos decidieron movilizar médicos que no tenían las credenciales del título pero tenían conocimiento suficiente para aliviar enfermedades básicas y profusas. Los llamaban de a píe porque iban por los pueblos así mismo, a pié, a pulso. Así pudieron llevar medicina a lugares donde nunca había puesto los pies ningún médico antes.

    Otro caso de voluntad de acero de una sociedad es la de VietNam. Después de la guerra genocida de los yanquis, los vietnamitas tuvieron que reconstruir su pais literalmente. Los campos agrícolas estaban minados y convertidos en millares de cráteres por las bombas. Pues los rellenaron a pulso, pues no tenían ni Komatsus ni Caterpillars. Sucedió que una plaga letal diezmaba a los vietnamitas, provenía de un parásito de que encontaba por las aguas, rios, lagunas, riachuelos. Pues los méndigos orientales fueron al capo y naturaleza y a MANO se dedicaron a encontrar los bichos y a destruirlos, hasta acabar con la plaga.

    Otro ejemplo de verdadero tesón. Cuando los efectos de la desaparición de abejas polinizadoras comenzó a afectar la producción de peras en una región del norte de China, los agricultores desesperados no sabían como evitar que sus cultivos desaparecieran porque las abejas venían cada vez menos a polinizar las flores de sus perales. Entonces aceptaron el reto de la naturaleza, y a mano , una por una, flor por flor, polinizaron ellos mismos sus árboles. Claro, donde antes las abejas polinizaban sin esfuerzo cien mil árboles, los chinos llegaron a polinizar unos pocos de miles con miles de manos. Pero lo hicieron.

    Mi pregunta: ” cómo es que que nosotros remamos a la orilla en Bolivia?”. Creo que nos es más fácil danzar 300 entradas folklóricas y sacrificarnos con orgias de música, danza bebidas y otras cosas , como ofrendas a alguna virgencita, que demostrar tesón, sacrificio, y voluntad de acero.

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