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Camas solares: ¿Sueño o pesadilla?


Pagina Siete 12/11/2011

“Donde entra el sol no entra el doctor”, solían afirmar nuestras abuelas, con razón. Piensen sólo en el rol de la radiación solar en la síntesis de la vitamina D, antídoto del raquitismo y del repugnante aceite de hígado de bacalao.

Sin embargo, lo bueno para latitudes medianas y altas, se vuelve ambiguo cuando se lo aplica a países tropicales, como Bolivia, donde se registran, durante todo el año,  tan elevados niveles de radiación solar – en particular de radiación ultravioleta (RUV) – que el problema se vuelve: cómo protegerse del sol sin renunciar a los efectos benéficos de la RUV.

Adicionalmente, la globalización ha impuesto el culto del cuerpo  y la moda global dicta que hay que exhibir todo el año una piel tostada al sol. Un número creciente de mujeres lo hace obsesivamente, víctimas de una patología conocida como “tanorexia”, o adicción al bronceado. A falta de sol, mujeres siempre más jóvenes acuden a centros de estética para realizar sesiones de “camas solares”, o sea de exposición a lámparas bronceadoras, que pretenden imitar el espectro solar bronceando el cuerpo mediante dosis controladas de radiación.

Las camas solares contribuyen, también en nuestro medio, a alimentar el “sueño” de tener un color más atractivo antes de lucirse en bikini o de mejorar la apariencia física en uno de los tantos concursos de “miss”. Hay mamás (no sólo en Santa Cruz) que fomentan esa práctica en sus hijas desde niñas, como si fueran a tomarse una ducha o lavarse el cabello. Ellas intuyen que son pocos los varones que siguen el sabio consejo de M. Proust: “dejemos las lindas mujeres a los hombres sin fantasía”.

La realidad es que se entra a las camas solares con un sueño y, muchas veces, se sale con una pesadilla. La pesadilla viene de los riesgos de una excesiva exposición a la RUV: cáncer de piel e, inclusive, el fatal melanoma. De acuerdo con la OMS, en el mundo se registran anualmente dos millones de casos cáncer de piel (un tercio de los tumores nuevos) y 132,000 casos de melanoma maligno, cuyo riesgo se  incrementa en un 75% con el bronceado artificial.

He constatado con asombro que el cáncer de piel no asusta a las fanáticas del bronceado. Sólo con una amenaza estética es posible despertar el interés en torno a los riesgos de la RUV. En efecto, las mismas señoras que se abanican con el cáncer, reaccionan rápidamente cuando se les informa que una excesiva exposición a la RUV deja “surcos” en la piel (envejecimiento prematuro por ruptura del colágeno),  con consecuencias estéticas y económicas imprevisibles.

Ante tanto riesgo, ¿qué hacer?

Prohibir no sirve: lo prohibido atrae más y se vuelve clandestino. De lo que se trata es de aplicar regulaciones estrictas, como: controlar equipos y lámparas; entrenar al personal a cargo de las camas; obligar a que cada centro tenga un dermatólogo que haga el seguimiento de los clientes; fijar los tiempos máximos de exposición por sesión y el intervalo entre sesiones consecutivas y, sobre todo, informar sobre los riesgos asociados a esa práctica. En todo caso, no debe permitirse el uso de esos aparatos a menores de 18 años, porque a menor edad mayor es el riesgo.

En ese contexto, es lamentable que en Bolivia no tengamos aún una regulación. El Foro “Camas  solares: ¿sueño o pesadilla?”, que tendrá lugar en La Paz el 17 de noviembre, ojalá logre sensibilizar a las autoridades de salud y a la sociedad sobre la necesidad de aprobar a la brevedad una regulación que prevenga daños irreversibles y hasta permita salvar vidas.

Categorías:ciencia y sociedad, varios
  1. Justo Verástegui
    noviembre 12, 2011 a las 8:16 am

    Con el Desorden de Déficit de Atención de las autoridades, hay otros problemas de salud que impactan ruidosamente a la sociedad boliviana; sobrepeso/obesidad y alcoholismo. Los cuales afectan en grandes proporciones, mas del 20%, a sectores como ser SCZ y EAL.

    Ambos problemas trascienden del enfermo al resto de la sociedad; está ya demostrado que en buena parte es el entorno el que coadyuva al obeso a auto-engañarse y continuar sus hábitos mórbidos. Y en el caso del alcoholismo,las víctimas son los familiares abusados física y moralmente, los heridos y fuertes en carreteras por accidentes viales y los propios alcohólicos sufriendo cirrosis hepática hasta demencia. Afortunadamente el bronceado a lo más que puede afectar a otra persona sería la envidia por el “look” ajeno.

    Uno puede arguir que el bronceado es una decisión personal; mientras que el tabaquismo por ejemplo no lo es porque afecta los pulmones de terceras personas contiguas al que fuma. El bronceado no afecta más que a quien lo ostenta. Es como tatuarse, hacerse cirugía plástica, inyectarse BOTOX etc.; es decir una muestra de algún complejo sicológico personal.

    Como doctor en física sería tal vez más relevante analizar las tendencias y potencialidades del uso de la energía solar en nuestra sociedad multi-vari-plural. Por ejemplo, es factible desarrollar su uso más allí de calentar agua con calefactores solares, y producir energía eléctrica a precios competitivos. Podríamos producir paneles solares en Bolivia a costos manejables? Es factible económicamente usar concentradores solares para conducir turbinas y producir luego energía eléctrica?

    Lo que saltó el artículo sobre las RUV es que estudios recientes han demostrado que los famosos cremas anti-solares son bastante nocivas para la salud y no nos protegen del efecto nocivo como se creia hasta.

    • noviembre 12, 2011 a las 12:31 pm

      Estimado Justo,
      tus consideraciones son correctas: hay muchos problemas de salud relacionados con el ambiente y algunos muy grave. Pero eso no quita la responsabilidad de las autoridades de dar respuestas a los problemas que se presentan. Ese es el caso de las camas solares: solo se requiere una regulacion que al ministerio del ramo no le da la gana de emitir, a pesar de las alertas.
      En cuanto a que arriesgarse a contraer enfermedades de la piel es un tema individual, discrepo totalmente contigo. El bronceado exagerado de hoy puede significar un cancer de piel dentro de 20 anhos, cuando esa persona, varon o mujer, esta’ en la plenitud de su vida.
      El costo, de toda indole, de esas enfermedades recae sobre la persona, la familia y la sociedad.

  2. Sebastian
    diciembre 8, 2011 a las 12:21 pm

    Don Francesco, creo que se olvido mencionar cuanto por ciento de la población en Bolivia usan las camas solares, y cuantos de ellas van a centros que no son acreditables.
    El señor Justo tiene razon, con la física deberia analizar otras potencialidades de la energía solar, que tanto necesitamos.

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