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Entre la espera y la esperanza


Pagina Siete 10/12/2011

No conozco otro idioma que el castellano en el cual los conceptos de espera y esperanza estén tan entrelazados que hasta se confunden. Para un inglés no es lo mismo “to hope” que “to wait for”; un francés nunca confundiría “espoire” con “attente”, y lo propio sucede con el portugués o el italiano.

La vida es una espera. Se espera a un ser querido que llega de viaje; un hijo que madura en el vientre de la madre; la luz verde al semáforo, la atención en el SENASIR o la muerte. Es un tiempo que normalmente se quisiera lo más corto posible, un tiempo aparentemente “muerto”. Por eso se llega al aeropuerto sobre la hora; los radiotaxis se pasan con el rojo y nos “colamos” en una fila. Todo para no esperar, mientras nos preparamos para otra espera.

Me atrevo a afirmar que una de las enfermedades del mundo de hoy es la desvalorización de la espera: se quiere todo y ahora. En ese mundo de desesperados, por ejemplo, las relaciones afectivas de los jóvenes giran en torno a tener “todo” si no a la primera, por lo menos a la segunda cita, con consecuencias devastadoras para el futuro de la pareja, debido a que se omite ese tiempo de maduración, conocimiento, gusto y placer que es el enamoramiento.

La espera me trae el recuerdo de mi madre: mis visitas debía anunciarlas  con meses de anticipación. Ese tiempo ella lo dedicaba a compartir la noticia con sus amigas, preparar la lista de platos que me iba a cocinar, a arreglar mi cuarto como acostumbraba tenerlo en mi juventud, con la alfombra tunecina, el frasco de arena del Sahara y los posters sugerentes en la pared. Una vez quise darle la sorpresa de llegar al día siguiente de avisarle. Mi madre no me habló durante días: le había privado de la parte más linda de mi visita, la espera.

Normalmente se espera a alguien o algo que se conoce. Hace unos días hice la estresante experiencia de esperar en el aeropuerto a un colega de Europa, al que yo no había visto antes. Hasta tuve que preguntar a un par de personas con cara de científicos (¿cómo será eso?) antes de identificarlo. Pero lo más paradójico es esperar a alguien que ya “está con nosotros”. Eso es lo que, en el fondo, nos propone la Iglesia en este tiempo de Adviento: esperar a alguien que ya está aquí.

Hace muchos años, viviendo en El Alto, un niño me preguntó  por qué Jesús nace cada año mientras él había nacido una sola vez. La respuesta, que se tornó  en un canto, fue que Jesús volvía a nacer en cada Navidad porque cada año el mundo lo volvía a matar;. Sin embargo, Él  insistía en volver a nacer porque tenía “la esperanza” de que ese año los hombres, viviendo “la espera” de su venida, cambiaran de actitud, eligieran el bien en lugar del mal, la solidaridad en lugar del egoísmo, la risa en lugar del llanto, el amor en lugar de la muerte.

En efecto, la espera llega a cansar y a exasperar si no se convierte en esperanza. Si sólo esperamos a la persona amada por obligación, sin gozar del placer de soñar, imaginar y esperar todo lo lindo y lo nuevo que nos traerá ese encuentro, hemos vaciado a la espera de su contenido. La esperanza es lo contrario de la autosuficiencia: los pobres, los débiles, los últimos viven de esperanzas, porque sienten la necesidad de ser salvados, liberados, rescatados de una vida plagada de frustrantes esperas.

En versos del poeta granadino Rafael Guillen:

La esperanza es un premio gratuito

a la espera; un don casi infinito

por un merecimiento casi humano.

 

Categorías:religion, biblia, varios
  1. diciembre 10, 2011 a las 7:04 am

    Sencillamente magnífico!

  2. Augusto
    diciembre 11, 2011 a las 2:11 pm

    La paciencia es poder. Con paciencia y tiempo la hoja de la mora se torna en túnica de seda.- Proverbio Chino.
    La espera es un acto, mientras que la esperanza es un sentir que implica algún cambio benéfico para uno u otros. Uno espera que llegue el amanecer, pero tiene la esperanza que la economía mejore.
    La espera puede implicar algo dinámico. Esperamos al enemigo, mientras que nos preparamos para enfrentarlo. El proceso de la espera puede tener factores todavía bajo nuestro control. Pero la esperanza se tiene no se hace. Sin embargo nada podemos hacer para intervenir en el proceso que dará algún resultado benéfico. La esperanza se alberga. Tengo la esperanza que me devuelvan el dinero que presté, pero realmente depende del prestatario.
    Sin embargo, la paciencia es una virtud que actúa como el agua que orada lentamente la roca. Implica ambas una espera consciente y necesariamente una esperanza. Por eso es tan poderosa.
    Allende de la religión la paciencia es un fenómeno activo pero quedo, porque decidimos tener paciencia. Nos permite por su propia virtud a rebasar la efervescencia de la mente, su aleatoriedad y febril actividad para acercarnos al umbral de la experiencia consciencial intrínseca del ser. La paciencia requiere dominar los impulsos tan desgastantes con que nos flagela la mente y el ego. Pero más que sujetar a nuestros impulsos en furia, es que llegamos a comprender que esos impulsos son vanos, y por ende los desvanecemos. Por eso la paciencia aparea tanto la espera como la esperanza. Es poderosa, sin etiquetas, sin afiliaciones, sin credos.

  3. Lilian Auza
    diciembre 18, 2011 a las 6:42 pm

    Muy linda meditación, profunda y reconfortante. Gracias Francesco!

    • Mario Vela
      junio 30, 2012 a las 11:02 pm

      Concuerdo plenamente!!!

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