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Un juez guerrero


Hay jueces y jueces.

A parte del Justo Juez, última esperanza de las víctimas de toda injusticia, hay juez de paz, juez de línea, juez de silla y, ¡sorpresa!, hasta un juez guerrero.

Este último es una contradictio in terminis: él que debería traer la paz en medio de la discordia, la independencia por encima del abuso, la seguridad contra el miedo, aparece como la expresión de la guerra, la violencia, la arbitrariedad y el servilismo más descarado.

El juez guerrero es un combatiente que se agota fácilmente. Si ha trabajado (¿luchado?) hasta las 11:20, ya no puede juzgar: el descanso del guerrero dura semanas.

El juez guerrero no acepta reclamos, ni admite réplicas. Sabe que la mejor defensa es el ataque: “o se callan o llamo a la policía”.

El juez guerrero es consecuente en todas sus acciones y fanático del “cambio”. Cambia hora y fecha de la audiencia como le da la gana. Así no más, por puro gusto.

El juez guerrero es religioso. No suspende la audiencia una, sino siete veces. Y si alguien le reclama, la suspenderá setenta veces siete. Además, su lema es: felices los hambrientos de justicia, porque serán ajusticiados.

El juez guerrero es temático: “nos veremos en enero”, pero no especifica de qué año.

El juez guerrero es ambicioso y leal: sabe que los poderosos de hoy y tal vez de mañana, pero nunca de pasado mañana, lo premiarán. Es la ley: se accede a un cargo de la justicia con el 1% de los votos populares y con el 100% de la confianza de jefazos y adláteres. Pero esa confianza hay que ganársela en la corte, no con méritos y estudios (que eso es neoliberal) sino fastidiando, hasta por iniciativa propia, a los enemigos, verdaderos o presuntos, del “proceso de cambio”. Le dicen “la nueva justicia”.

El juez guerrero duerme tranquilo: ninguna prensa “independiente” lo mencionará, ni lo criticará. Para esos medios “toda injusticia nos ofende, mientras no nos traiga algún provecho”. Sólo algunos periodistas, “indignos y viles”, informarán sobre las hazañas de semejante guerrero de la justicia.

En fin, el juez guerrero me inspira una duda: si para honrar la deuda pública me corresponde pagar mil dólares; para reparar la justicia boliviana, ¿cuántos años de cárcel deberé descontar?

Francesco Zaratti                                                                                                                                                                  La Paz, 27/12/11

No es juez, ni guerrero

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Categorías:homenaje
  1. Augusto
    diciembre 29, 2011 en 12:15 pm

    Los nuevos jueces aún están por instalarse. La mente imparcial esperaría a que comiencen a operar para ejercer juicios.

  2. Mateo de Juan
    diciembre 30, 2011 en 9:30 am

    Venturoso Año Nuevo.

    Y que el 2012 podamos leer al menos unos cuantos artículos que sean balanceados y, ojalá, con propuestas.

    La visión de retrovisor es siempre 20/20.

    La visión hacia adelante, é cosa da paura!

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