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La importancia de la memoria


Pagina Siete, 21/01/2012

¿Qué sería del hombre sin la memoria?

Algunas películas han intentado describir ciertos traumas de la memoria en sus aspectos negativos – la pérdida de todo lo acumulado en el día anterior –, y positivos – volver a enamorar a su pareja cada día.

Gracias a raras patologías, la medicina ha identificado los lugares del cerebro donde se almacena la información valiosa, después de descartar la que parece basura. Se ha descubierto así que existe una memoria superficial, donde se registra, por ejemplo, las ocurrencias de nuestro Canciller,  y una memoria profunda, que hospeda las incongruencias del “proceso de cambio”. Aparentemente la primera memoria es la que se desgasta más rápidamente con la edad: comúnmente se la reemplaza con la “memoria de papel”, cuando no es destruida por el Alzheimer. Al contrario, los ancianos suelen recordar episodios de su infancia (depositados en la memoria profunda) con una nitidez extraordinaria.

Hay hechos asombrosos y poco estudiados, como la pérdida repentina y absoluta de la memoria de unos huéspedes de Chonchocoro, que otrora no olvidaban cara, nombre y apodo de los opositores de su dictadura. Al contrario, mi tía Anna, de 87 años, puede describir cómo vestían los invitados a mi bautizo el año 1947, o repetir, palabra por palabra, una charla de hace años.

La manera cómo el cerebro selecciona los recuerdos para  colocarlos en el nivel adecuado de memoria es un misterio, como la mayoría de las actividades de esa galaxia de neuronas que desafía la exploración de la ciencia. Pero no es un misterio que el estilo de vida moderno está debilitando la memoria. Eso se debe a dos factores: la falta de ejercicio y la cantidad de información que recibe el cerebro diariamente.

La primera causa es fácil de comprender: hace sólo algunos decenios, cuando no existía el karaoke, era una tarea común aprender de memoria algunos temas: canciones, poesías o prosas insignes. Aunque criticado como parte de la educación “mnemónica”, ese método desarrollaba y entrenaba la mente.

La otra causa es la capacidad, limitada y selectiva, que tiene nuestro cerebro de almacenar la avalancha de información diaria que nos inunda. Por suerte, la mayoría de la información recibida transita por la memoria superficial, al igual que el número de celular que creíamos poder recordar fácilmente.

Junto a la memoria personal, existe una memoria colectiva que se parece asombrosamente, en su funcionamiento, a la memoria individual. De igual manera, selecciona eventos que vale la pena conservar, los protege en los niveles profundos de la mente y deja que otros menos valiosos sean borrados en el sueño. Por lo general, la memoria, personal y colectiva, tiende a preservar los recuerdos lindos y agradables (un enamoramiento, una victoria deportiva, un éxito profesional) y a borrar u ocultar los desagradables,  no obstante las lecciones que nos dejan. Por eso es necesario que la sociedad conserve y propague la memoria de eventos que la memoria colectiva tiende a olvidar, como las muertes provocadas por los diferentes Gobiernos, incluido el actual.

Recientemente visité el Museo de la Memoria en Santiago, donde los crímenes de la dictadura pinochetista quedan documentados de varias formas para que, si algún día un déspota se sintiera tan poderoso de violar los derechos más elementares del hombre, la vida, la libertad, la democracia, se enfrente a la resistencia del pueblo, con la seguridad de que recibirá el castigo correspondiente.

O si no, ¿qué será de los pueblos sin memoria?

  1. Mateo de Juan
    enero 21, 2012 a las 11:25 am

    Perdonar no borra el pasado amargo. Una memoria sanada no es una memoria borrada. Al contrario, perdonar lo que no podemos olvidar crea una nueva manera de recordar: Cambiamos la memoria de nuestro pasado en una esperanza por nuestro futuro.- Lewis B. Smedes.

    Muchos hombres fallan como pensadores originales porque sus memorias son demasiado buenas. F. Nietzche.

    La mente en realidad es una archivero de ideas fósiles, las que nunca fomentarán una visión creativa del universo. La sabiduría viene no de una excelente memoria, sino de profundas reflexiones de nuestras experiencias. Claro que hay una memoria funcional que nos debe permitir recordar como guiamos un auto, o que alimento comer. Pero memoria no es equivalente a conocer la verdad. La memoria es como la detección de señales del cosmos. Cuando nos llega es que han atravesado millones de años luz; es un conocimiento que viene como pasado. Para aproximarse a la verdad, la realidad, hay que sumirse en el presente, que no está sujeto a memorias.

  2. enero 21, 2012 a las 5:57 pm

    “Antes de la peluca y la casaca fueron los rios, rios arteriales.
    Fueron las cordilleras, en cuya onda raída el condor o la nieve
    parecían inmóviles.
    Fué la humedad y la espesura, el trueno, sin nombre todavía, las pampas planetarias.
    El hombre tierra fué, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla,
    fué cántaro caribe, piedra chibcha, copa imperial o sílice arahucana.
    Tierno y sangriento fué. Pero en la empuñadura de su arma de cristal humedecido
    las iniciales de la tierra estaban escritas.
    Nadie pudo recordar después. El idioma del agua fué enterrado. Las claves se perdieron o se inundaron de silencio o sangre.
    No se perdió la vida, hermanos pastorales, pero como una rosa salvaje cayó una gota roja en la espesura y se apagó una lámpara de tierra.
    Yo estoy aqui para contar la historia.
    Desde la paz del búfalo, hasta las azotadas arenas de la tierra final, en las espumas acumuladas de la luz antártica y por las madrigueras despeñadas de la sombría paz venezolana, te busqué, padre mío, joven guerrero de tiniebla y cobre. O tu, planta nupcial, cabellera indomable, madre caymán, metálica paloma. Yo, incásico del légamo toqué la piedra y dije: Quién me espera? Y apreté la mano contra un puñado de cristal vacío.
    Pero anduve entre flores zapotecas y dulce era la luz como un venado y era la sombra como un párpado verde. Tierra mia sin nombre, sin América, estambre equinoccial, lanza de púrpura, tu aroma me trepó por las raíces hasta la copa que bebía, hasta la más delgada palabra aún no nacida de mi boca”.

    Esta introducción al Canto General de PABLO NERUDA la memorizé hace casi cuarenta años con la intención de repetirla como un mantra contra el desgaste del tiempo y la pierda de los sentimientos más importantes de mi propio percurso de vida. Parece que todavía funciona. Per quanto tempo ancora?

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