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Un jacobino platónico


Pagina Siete, 31/03/2012

De la dictadura militar de García Meza conservo el ingrato recuerdo de una anécdota que me contaron unos religiosos encarcelados en julio de 1980, junto a mineros, fabriles, estudiantes y activistas de las ONG progresistas de entonces.

Los domingos se les permitía celebrar misa en las instalaciones del cuartel de Miraflores, celebración a la cual solían acudir algunos jefes militares. Había sermones, oraciones y cantos. Un domingo, al terminar la misa, un coronel cochabambino, que luego tuvo que lidiar con la justicia de los EEUU, reprochó a los curitas que en sus sermones se ocuparan de las cosas de la tierra: “Ocúpense de las cosas del cielo y no se entrometan en las de la tierra”.

Hoy, 32 años después, me estremece escuchar los mismos argumentos, no en boca de un militar tal vez poco versado en temas históricos y filosóficos, sino en la del dueño de 25,000 libros; ayer autodefinido “el último jacobino” y hoy protagonista de la farándula nacional.

Nuestro personaje, con respecto al torpe general golpista, ha ido mucho más allá.

Con motivo de la presentación de la Carta Pastoral de los Obispos de Bolivia sobre la Ecología, antes de que ese documento se pusiera a disposición del público, respondiendo a un reflejo co(ca)ndicionado, nuestra estrella ha formulado sesudos conceptos de teología, indicando, con la pedantería  que lo distingue, el camino que los prelados bolivianos deberían seguir para ser fieles a su vocación. Y ese mandato es, en palabras del aludido (¿o serán de Pierre Bourdieu?), “administrar almas”.

Esa expresión me ha dejado aturdido. Es cierto que no presumo poseer ni mil libros (prefiero pedirlos a las bibliotecas o compartirlos con los amigos), pero una mínima cultura clásica aún me acompaña. La verdad es que “administrar” me sabe mucho a negocios, empresas, medios de comunicación, pegas, sumas, restas y porcentajes, operaciones en que es versado el intelectual de marras. Consecuentemente, “administrar almas”  me suscita imágenes de almas en fila delante de un escritorio eclesiástico, para ser catalogadas, ordenadas, pesadas, fichadas y reinscritas, tal vez con el fin de obtener algún bono-indulgencia, para las almas solteras o las copleras.

Los seguidores de Platón, a mi modesto criterio, han hecho mucho daño a la teología cristiana, induciéndola a separar  el “cuerpo” del “alma”; el cuerpo mortal, portador de vicios y pecados,  y el alma inmortal, sede de virtudes y de la chispa de divinidad. De esa manera, por una especie de colonialismo  filosófico,  se suplantó la sana distinción semítica de la unidad de la persona humana, hecha, como diría Pablo de Tarso, de un cuerpo carnal y, a la vez, espiritual, con la deformante visión platónica. Visión que, por lo visto, todavía enamora a los tataranietos de Maximilien Robespierre, el cual guillotinaba cabezas sin importarle si el alma quedaba liberada del cuerpo o pasaba bajo la administración eclesiástica.

Es justamente esa unidad del mismo hombre que vive ora según la carne y ora según el espíritu, en el cual lo carnal busca “transfigurarse” en lo espiritual, la que autoriza y obliga a los Obispos a dar su palabra de pastores para orientar a los que creen y desean escucharlos, siguiendo un enfoque que está muy cerca al sentir de los pueblos indígenas. Esos mismos pueblos que hoy son ultrajados desde el poder por no comulgar con los planes “carnales” de los que, parafraseando una acertada expresión de nuestros Obispos, actúan como paladines de la “ecología inhumana”.

El autor no es jacobino, ni platónico

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Categorías:homenaje, religion, biblia
  1. Memo Riza
    marzo 30, 2012 en 3:23 pm

    Ya llegará la hora en que algún prelado le “administre” la cantada boda real. Quien se aguantará de reir?

  2. Luis Blacutt
    marzo 30, 2012 en 3:57 pm

    Y añadiendo a tus argumentos Francesco, así como nosotros viviendo en esta “carne” somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen de Jesús (2a Corintios 3.18), asimismo, Jesús siendo Dios se despojó de sí mismo y tomó forma de hombre (carne) (Filipenses 2.7).

  3. abril 10, 2012 en 1:00 pm

    Muy interesante su columna , pero es necesario aclarar la diferencia entre: alma, espiritu y cuerpo. Ya que el espirtu no es el alma según la Biblia, sinó mas bien es la conjunción del cuerpo y del espiritu. Dios lo bendiga

  4. Justo Fausto
    abril 11, 2012 en 4:55 pm

    Cualquier cosa que se diga respecto al alma o el espíritu son falsos; a no ser que uno haya experimentado la neta verdad por si mismo. De otra manera son solo palabras vacías recogidas de algún texto. Y hay demasiados textos.

  5. David Navarro
    abril 11, 2012 en 4:57 pm

    Como el jacobino es el único que sabe leer en este país, debe ser el único que puede interpretar los textos sagrados correctamente, como el contrato con la OAS.

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