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Logros y frustraciones a ocho años del nuevo YPFB


Paginasiete, suplemento Especil del 6 de agosto de 2012

                Un poco de historia

El “nuevo” YPFB fue concebido en julio de 2004, por voluntad del pueblo boliviano expresada en el Referéndum del Gas. La sucesiva Ley de Hidrocarburos No. 3058, aprobada en un contubernio irracional del MAS con los odiados partidos tradicionales y neoliberales, condicionó la refundación de YPFB.

Por ejemplo, se desmembró la wawa recién nacida en diferentes regiones y provincias; no se le asignó ningún recurso de la comercialización de los hidrocarburos, tampoco se separó con transparencia sus funciones de las de fiscalización de la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Lo único que se mantuvo, de la propuesta original que hicimos de un YPFB corporativo, fue la concesión de áreas de exploración y explotación exclusivas para la empresa pública, como una “dote” para la wawa, que le permitiera crecer al nivel de las grandes empresas estatales latinoamericanas.

Luego, el gobierno del MAS empezó a “engordar” al nuevo YPFB, que apenas lograba gatear, fortaleciéndole económica y operativamente, gracias a una participación en las utilidades de las compañías petroleras, la confiscación de las acciones de la capitalización a cambio de un bono de vejez y la incorporación de Transredes, Chaco y Andina, junto a las refinerías, al patrimonio de YPFB.

De ese modo, se le dio a YPFB una fisionomía corporativa, pero siempre en el marco de la ideología estatista, descartando experiencias democráticas y transparentes, según los ejemplos de Petrobras o Ecopetrol.

Un hito fundamental fue la suscripción del contrato de exportación de gas natural a la Argentina, el cual abrió otro mercado, paralelo al del Brasil, para las reservas ociosas del campo Margarita y aseguró las inversiones necesarias para explotar ese reservorio.

Finalmente la Constitución promulgada en febrero  de 2009 consolidó el rol protagónico de YPFB en el sector, pero añadió nuevos elementos de confusión en sus operaciones, creando y bautizando a una innecesaria Empresa Boliviana de Industrialización de Hidrocarburos (EBIH), un rotundo fracaso práctico.

 

Las operaciones de YPFB

Analizamos ahora las principales actividades desarrolladas por YPFB en la cadena de hidrocarburos.

La más sencilla ha sido la explotación del gas natural: las inversiones de las empresas ya estaban realizadas, los reservas certificadas (aunque en un monto inferior al que se suponía) y los mercados regionales asegurados.

El problema principal a un comienzo fue la producción, claramente insuficiente para atender a los tres mercados principales: brasileño, interno y argentino. Los buenos precios pagados por Argentina y la firma de los “acuerdos de entrega”, para definir los porcentajes de la producción que cada campo debía entregar al poco atractivo mercado interno, lograron desbloquear un impasse que impidió al país tener mayores ingresos durante varios años. Actualmente, con el excelente contrato interrumpible de venta adicional a la Argentina, la producción ha llegado a niveles históricos (53 MMm3/d) y permite, por lo menos parcialmente, controlar las oscilaciones de la demanda del Brasil. Esto no quita que el mercado interno siga rezagado, básicamente por la falta de infraestructura de transporte y distribución en centros urbanos. En el camino, YPFB contribuyó al fracaso del proyecto Mutún-Jindal, al no poder garantizar el oportuno suministro de gas.

El verdadero dolor de cabeza de YPFB es la caída vertiginosa de la producción de petróleo crudo, del cual se refinan el diesel y, parcialmente, gasolinas y GLP. Consecuentemente cientos de M$ se han ido al exterior para asegurar el abastecimiento de esos combustibles. Las causas de esa caída son conocidas: agotamiento de pozos antiguos, falta de descubrimiento de nuevos campos de petróleo y, sobre todo, un precio interno poco atractivo. En honor a la verdad recientemente se ha intentado incentivar la producción de más crudo, mediante la otorgación de notas de crédito fiscales, sin embargo el problema radica en la exploración, considerando que Bolivia es un país fundamentalmente gasífero.

En cuanto a la exploración, es un hecho que en los últimos 10 años no ha habido un solo descubrimiento importante de hidrocarburos y no porque no haya reservorios en el territorio nacional, sino porque han faltado inversiones importantes de riesgo. Las primeras tentativas de hacerlo, mediante contratos de estudio al estilo del más burdo estatismo, han fracasado estrepitosamente. Asimismo, las acciones “nacionalizadoras” del Gobierno en diferentes ámbitos no son precisamente un aliciente para la inversión.

Tampoco se ha avanzado mucho en el tema de la industrialización, una vez perdido el tren de la alianza estratégica con empresas que saben del negocio, como Brasken. Ahora está en marcha el proceso de licitar la planta de urea y fertilizantes en el Chapare, un proyecto bastante controvertido y que presenta ya sombras en cuanto a transparencia.

 

Los retos futuros de YPFB

El reto principal es la exploración para incrementar las reservas de gas y petróleo.

El año 2019 termina el contrato con Brasil, que garantiza la venta de un promedio de 24 MMm3/d. Es difícil saber que pasará después, aunque la existencia de un gasoducto de 32” de diámetro y 3100 km de longitud es todo un desafío para seguir transportando gas, aunque sea a los Estados fronterizos.

De renovarse ese contrato, tal vez en términos más modestos, habrá que tomar en serio las tareas exploratorias para reponer las reservas que hoy en día se gastan al ritmo de 0.64 TCF/año, o sea con un tiempo de agotamiento de 14 años.

Si Argentina cumple su compromiso de construir el gasoducto al NorEste tendremos un importante mercado, de 27 MMm3/d, hasta que el vecino país logre desarrollar sus reservas de gas no convencional (Vaca Muerta).

Adicionalmente, el precio de los hidrocarburos en el mercado interno, aunque el consumo es marginal con respecto a los volúmenes de exportación, no ayuda a transparentar muchas actividades económicas, desde la generación eléctrica hasta el contrabando de combustibles.

Finalmente, la solución a la escasez de líquidos, pasa por una amplia gama de posibilidades, que incluye la producción de biodiesel, siguiendo el ejemplo de los países vecinos que han avanzado en ese asunto, con prudencia y sin muchos enredos ideológicos.

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