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Oleada de nacionalizaciones en América Latina


Revista Perspectiva (Bogotá, Colombia) 8/08/2012

PREGUNTA

Bajo el argumento de que los productos básicos no pueden ser un negocio privado, idea que históricamente ha gozado de gran simpatía entre las sociedades latinoamericanas, varios gobiernos del subcontinente han adoptado políticas de estatización en sectores estratégicos como los hidrocarburos, las telecomunicaciones, la generación y el transporte de energía eléctrica.

 Estas medidas han proporcionado a los mandatarios de turno importantes réditos electorales, pero el balance en términos de eficiencia económica, tecnología productiva y financiación deja mucho que desear, además de desmotivar la inversión extranjera, tan necesaria -para algunos- para el crecimiento de la economía y la consecuente mejora de la situación social de las poblaciones.

 Por su importancia radical para el desarrollo económico presente y futuro de los países y sus profundas implicaciones sociales, la conveniencia del modelo de nacionalizaciones de recursos naturales tiene grandes partidarios como detractores en el mundo entero.

RESPUESTA 

Una medida de “nacionalización” de recursos naturales en América Latina, independientemente del amplio significado que suele tener ese término, es siempre buena para los gobiernos populistas, casi tanto como lo es una declaración de guerra. Pero no siempre lo es para la gente, que luego sufre las consecuencias de medidas precipitadas.

Las nacionalizaciones, más que buenas o malas, son necesarias cuando se cumplen ciertos requisitos, como: abundantes reservas, mercados en firme y precios elevados. En ese escenario, el excedente está garantizado y, sin duda, es preferible emplearlo en beneficio del país a que se vaya a las arcas de las multinacionales.

Pero no se trata sólo de llevar adelante un negocio encaminado. Hay que tener la capacidad en recursos humanos, financieros y tecnológicos para prescindir de las empresas trasnacionales. Caso contrario, la “nacionalización” debe mantener, bajo otras reglas, la asociación estratégica entre Estado y empresas privadas en beneficio mutuo, y convencer a la gente de que se ha “nacionalizado” verdaderamente los recursos naturales y esa asociación es un “mal necesario”. Eso es precisamente lo que en Bolivia ha logrado, aunque sólo coyunturalmente, Evo Morales. ¿Lo logrará Cristina en la Argentina?

 

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