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El cisma silencioso de la Iglesia Católica


Revista Oxigeno, marzo 2013

   No deja de ser una paradoja que la iglesia Católica siga perdiendo peso en el ámbito de la política internacional y de las consciencias individuales y que, al mismo tiempo, sus peripecias acaparen la atención de los medios de comunicación a lo largo del planeta. Esa atención se focaliza hoy en la renuncia de Benedicto XVI, los desafíos de la Iglesia y el perfil del nuevo Papa.

El peso de la carga

A tres semanas del sorpresivo anuncio de la renuncia de Benedicto XVI, queda claro que la única explicación coherente es el peso de la carga. No el peso del cargo, que para eso aceptó ser elegido, sino de la carga que el timonel de la barca de Pedro ya no pudo llevar. No pudo hacerlo por la carga de la edad (la vista, el corazón, la locomoción) que aleja cada vez más la voluntad de la realidad, pero también por lo que las redes han sacado a flote.

Junto a tantas cosas buenas (y por eso ignoradas por los medios) que hay en la iglesia, las redes echadas por el Papa trajeron escándalos y corrupción. Siempre hubo en la Iglesia pecados y negaciones del Cristo (Pedro fue el primero) – es el lado humano de una institución llamada a mostrar el rostro de Dios – pero nunca como en estos tiempos se han conocido tantos escándalos morales, financieros y políticos que, no lo dudo, han deteriorado aún más la salud del Papa.

Otra gran frustración de Benedicto XVI se relaciona con el nombre que escogió, una clara indicación de su voluntad de re-evangelizar a Europa, repitiendo la misión del santo patrón de Europa, Benito de Norcia, 15 siglos antes. A pesar del gran esfuerzo intelectual realizado por Ratzinger, Europa sigue aun más laica, indiferente y agnóstica que antes. Hay que reconocerlo, más allá del gran legado espiritual que nos deja Benedicto XVI.

La crisis de la Iglesia al inicio del siglo XXI

La Iglesia hoy tiene dos frentes de lucha, uno interno a la institución y otro externo en su relación con el mundo. Esquematizando la misión de la Iglesia en evangelización y culto-oración, veo que cada uno de esos mandatos presenta problemas.

La evangelización – la Iglesia Misionera – sufre una tremenda sequía de vocaciones sacerdotales y religiosa, que empezó en Europa desde los años sesenta. Se la disfrazó con vocaciones de otros continentes – el Este (Polonia), América Latina y África -, para reconocer que ni ese maquillaje sirvió de mucho, ni hay canteras inagotables en las Iglesias jóvenes para suplir a la crisis de las comunidades locales.  Desde el punto de vista sociológico no es difícil explicar la falta de vocaciones religiosas, pero desde la visión cristiana esa crisis debería ser vista como un signo para operar cambios profundos en la institución. No se trata de relajar las exigencias del sacerdocio o de la vida religiosa, sino de ampliar los requisitos para acceder a ese servicio, recuperando la tradición original.

En el tema del culto, no se puede desconocer que la misa (el centro de la vida cristiana) se ha vuelto un “optional” en los domingos, ni que decir de los sacramentos.  Pero lo que más preocupa es ciertamente el denominado “cisma silencioso”, la indiferencia de la gran mayoría de los católicos a las enseñanzas del Papa y de los obispos, y no sólo en materia de ética sexual.

En cuanto a la oración, el camino está trazado. Hay un interés, casi un hambre diría, por la Palabra de Dios, conocida, gustada y puesta en práctica mediante la lectura atenta, con la mente y el corazón, de la Biblia y el acercamiento a la persona de Jesús el Natzoreo. Hace falta más dedicación por parte de los agentes pastorales a esta exigencia del pueblo.

En lo externo, enumeraré tan sólo los problemas que el mismo Ratzinger ha reflexionado más de una vez: el relativismo moral; la confusión entre religión y política, especialmente en el Islam; la persecución que sufren Iglesias jóvenes en África y Asia; la identidad misma de la Iglesia ante los ojos del mundo, es decir, ser comunidad de creyentes en la salvación del Cristo o ser una ONG más al servicio de las necesidades básicas de la humanidad.

            ¿Qué hacer?

Muchos indicios avizoran la necesidad de una nueva Reforma. Al igual que la de Lutero logró acercar la Biblia a los bautizados, aun con el riesgo de distorsiones y abusos,  ahora quien sabe es la hora de dejar que el juicio moral esté más al alcance de las comunidades de los bautizados, aun con el riesgo de tergiversaciones y  excesos, teniendo al magisterio de los Obispos como guía permanente.

De lo anterior sale el perfil del nuevo Papa: joven y saludable; culturalmente menos “europeo” y más abierto a las comunidades “emergentes” de Asia, África y América Latina; pastor más que intelectual; valiente para reformar la Curia, dar un rol activo a las mujeres y discernir las orientaciones que el Señor está dando a través de las transformaciones del mundo moderno; más accesible a los pecadores que obsesionado por los pecados.

Me pregunto: ¿entre los 116 cardenales del Conclave habrá uno con esos rasgos o dispuesto, como Papa, a adoptar ese perfil?

Categorías:religion, biblia
  1. Victor Chavarria
    marzo 17, 2013 a las 11:55 am

    Tengo que estar de acuerdo con el esquema del autor en relación al carácter de la crisis interna de la iglesia. Apunta a tres aspectos, requisitos para el sacerdocio, el ritual, y acceso a la palabra. No podría coincidir más. Son aspectos que soslayan el carácter operativo, mecánico e institucional a la que ha llegado la iglesia católica. Dónde quedaron los valores espirituales,la fe, la compasión y caridad? Relegados tras un monumental estado organizacional, que ahora sufre de crisis de identidad.

    No es cuestión de requisitos para reclutar a jóvenes. Es que la predica de la iglesia no ofrece más una clave, pauta, propuesta espiritual que satisfaga el hambre de verdad, de inspiración, de sosiego, de ecuanimidad para entender el mundo.

    Y es que precisamente la luz que alumbra el camino a la verdad, se ha vuelto penumbra debido a cariz que enfatiza el culto, el ritual, la organización, aquellas prácticas mundanas y mecánicas y has desposeído al mensaje de Cristo de mucha de potente y pura cualidad espiritual.

    Y la tercera, Mateo se;ala en su¨evangelio que Jesus recuerda dejar a un el ¨Señor, Señor! y no seguir y realizar sus pasos. Vemos pocos actos que apuntalen los hermosos sermones. Pareciera que la iglesia es más cercana a sus parroquias que a aquellos con hambre de paz espiritual. Las parroquias pudieran ser trincheras en vez de ser portables, moviles, junto a la gente necesitada.

    La historia muestra que la iglesia llegó a tener un poder, económico, social y hasta político enorme. Este èxito, un par de siglos atrás, fue la semilla de su disyuntiva. Se acostumbró a que los fieles fueran explícitamente a la iglesia – el edificio – y se olvídó de su verdadera misión. Sí, es una misión al fin y al cabo. Ahora que la gente va mucho menos, o si va va por razones poco espirituales, ahora sus miembros no saben como recuperar el camino apostólico.

    Pero el mismo mensaje de Cristo es aquello que debería ser la respuesta, la inspiración, la pauta. No solo el mensaje sino su obra, sus actos, su proceder, su manera de interactuar con el mundo. Creo que Jesús empleó muchísimo mas tiempo en las calles, los campos,los huertos, los pozos de agua, y los caminos que en las sinagogas. Aquí está la clave para la nueva iglesia.

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