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John el cazador


Ha recobrado cierta actualidad a propósito de “obligaciones” un articulo escrito hace 6 años en el extinto Semanario PULSO (21/9/2007), como muestra de que “nada nuevo hay bajo el sol”. Por eso lo pongo en mi blog para uso y deleite de (algunos de) mis lectores que se lo hubiesen perdido u olvidado.

Los antiguos romanos inventaron el aforismo “errare humanum est, perseverare diabolicum” para indicar que todos podemos pecar o caer en un error, pero que las recaídas muestran el dedo del diablo, o intenciones diferentes de las que sugieren las apariencias.

Para ilustrar esa sentencia, me vuelve a la mente la historia de John el cazador que un día salió a cazar osos. Caminó un día entero en el bosque hasta toparse con un osito y, a falta de otra presa, lo hirió con una bala de su rifle Winchester. No tuvo tiempo de recoger su presa que el papá oso le tocó la espalda, lo miró con ira y le dijo: “Lo que has hecho es indigno de un hombre, pero te perdono la vida a cambio de sexo”. Antes que la vida, John prefirió perder la vergüenza y, ultrajado, volvió a su casa meditando la venganza. En cuanto recobró las fuerzas y el valor, volvió al bosque, se apostó detrás de una roca hasta volver a divisar el mismo oso que lo ultrajó. Apuntó, disparó y vio el oso caer al suelo, al mismo tiempo que una pata de un oso aún más grande que el que acababa de abatir le tocaba la espalda. Misma reprimenda y misma opción, que John aceptó en pro de salvar la vida a cambio de su honor, ya abundantemente comprometido. A la estación siguiente, con toda la rabia en su mente y la vergüenza en su cuerpo, John vuelve al bosque con la firme intención de acabar con todos los osos, pero en particular con ese infeliz que lo abusó sin piedad. Lo encuentra y está a punto de dispararle, cuando otra pata de oso en la espalda le obliga a darse la vuelta. Aterrorizado, suelta el Winchester y se topa con el oso más grande jamás visto en aquel bosque. El oso gigante lo mira con aire indulgente, lo toma en sus brazos y le susurra al oído: “Admítelo John, tú no vienes al bosque a cazar”.

Sucede lo mismo cuando una persona se casa una vez, pudiendo cometer un error. Pero el que vuelve a casarse cinco veces, tal vez busca algo más que una linda novia y la alegría de la fiesta de boda. Asimismo aquel que visita un boliche de juegos de azar lo hará al comienzo por curiosidad o por espíritu de trasgresión, pero si gasta todas sus noches y todo su sueldo en aquello ya es presa de un vicio de consecuencias imprevisibles.

Finalmente, para cambiar de tema, si un capitán del ejército visita la tristemente célebre Escuela de las Américas una vez, puede ser que lo haga para salir del país, profesionalizarse, aprender otro idioma o, sencillamente, por obedecer órdenes. Pero, si vuelve a aquella infame “casa de estudios” más de una vez, es que le gustó lo que ahí se enseña o ha visto la oportunidad de poner en la práctica sus enseñanzas en algún momento y con algún gobierno, no importa cuál.

Categorías:homenaje
  1. mayo 9, 2013 a las 10:59 am

    Ni olvidado ni perdido, al leer las declaraciones recientes me trajo a la memoria a John el cazador

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