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Perspectiva a corto plazo de los hidrocarburos en Bolivia


Página Siete, Suplemento Inversion, 30/3/14

Han transcurrido casi ocho años desde la implementación de la política energética del actual Gobierno y, más que reiterar un balance de lo acontecido, es urgente hoy mirar hacia adelante para tener una perspectiva del sector en Bolivia por lo menos en el corto plazo (digamos cinco años), que lo demás es más tarea de adivinos que de analistas. En el actual contexto, las fortalezas son muchas, pero las debilidades no son menores.

El motor del sector son los contratos de exportación del gas a Brasil y Argentina, muy favorables para Bolivia por volúmenes y precios. Son el salario del Estado, que permite realizar gastos importantes en inversiones e infraestructura y derroches impensables en otros tiempos. La prioridad en el corto plazo es la renegociación del contrato con Brasil y la exigencia de un gasoducto argentino (el perenemente postergado GNEA), que permita exportar gas a ese país en los volúmenes contratados.

Sin embargo, para salvaguardar la gallina de los huevos de oro es necesario mantener la producción al nivel de la demanda, que ya ha superado los 60 MMm3/d (millones de metros cúbicos por día) incluyendo al pujante mercado interno.  Para eso se tiene la capacidad instalada y, para el plazo en análisis, también las reservas, aunque habrá que superar algunas dudas ligadas a la producción: la declinación de megacampos en operación desde hace 15 y más años (San Alberto), el manejo prudente de los nuevos campos (Margarita), los contados contratos de exploración vigentes y, sobre todo, la confianza que transmita YPFB. Al respecto, las recientes leyes de Inversión (con la innecesaria polémica en torno a nacionalizaciones futuras) y de Empresas Públicas (que amplía la regulación de la ANH al upstream) dan señales contradictorias que muestran la “bipolaridad” del Gobierno de Evo Morales, siempre oscilando entre los que quisiera hacer (ideología) y lo que le conviene hacer (pragmatismo).

No hay dudas que el mercado interno está más gasificado que antes, pero gran parte de ese gas se quema en las termoeléctricas, a un precio subvencionado que clama por políticas en favor de otras formas de generar energía, como hidroeléctricas o renovables. La diferencia entre el precio internacional (casi 10 “dólares por millar de pies cúbicos”, $/Mpc) y el nacional (1.3 $/Mpc) es tan grande que bien podría aguantar un subsidio para las energías renovables, sincerando paulatinamente el precio al consumidor de la energía eléctrica. En suma, es necesario que en los siguientes años se corte el nudo gordiano de la generación eléctrica.

Una piedra en el zapato de YPFB es la importación subsidiada de diésel y gasolinas. Son problemas distintos que requieren soluciones diferentes. La producción de diésel en Bolivia puede incrementarse con nuevos pozos de crudo (si acaso se lograra atraer inversiones de riesgo), con biodiesel (sin afectar la producción de alimentos) y con procesos industriales de conversión del gas a líquidos (si se cumplen las aún dudosas premisas económicas y técnicas). Si bien el condensado asociado con la producción de gas garantiza en teoría el auto abastecimiento de gasolinas, existe sin embargo un problema: por alguna incomprensible razón se ha descuidado la ampliación, modernización y renovación de las refinerías y seguimos importando aditivos para acondicionar la gasolina natural para el mercado interno manteniendo un frágil equilibrio. Por eso habrá que prestar mayor atención a la actividad de refinación en los próximos años si no se quiere seguir abultando la factura de importación de combustibles.

Entre las fortalezas está el gran excedente de GLP que YPFB tendrá a partir del funcionamiento de la planta de Gran Chaco. Allá habrá que balancear la posible exportación a países de ultramar (la región quedaría pequeña para semejantes volúmenes)  con un incremento del uso interno, por ejemplo en el parque automotor, especialmente en las ciudades de altura donde el metano tiene limitaciones en cuanto a potencia. Pero para eso es necesario que la comercialización de los combustibles sea mejorada. Por ejemplo da vergüenza no poder pagar con tarjeta la compra en una estación de servicio de YPFB. ¡En pleno 2014! ¿Tan difícil será modernizar empresas públicas o la intención es mantenerlas en manos de una administración arcaica y opaca?

En cuanto a la industrialización, en el corto plazo llegará el momento de la verdad de la política de shopping que ha realizado el Gobierno con la planta de urea (al igual que con el satélite TK, la ensambladora de baterías de litio y otros emprendimientos menores). Comprar fábricas y empezar a producir sin tener claro el mercado y los precios puede llevar a seguros fracasos o a milagrosas sorpresas. El tiempo lo dirá.

En los próximos cinco años se cerrarán los litigios internacionales (e internos) pendientes de la “nacionalización”. Habrá que pagar las justas indemnizaciones para limpiar la imagen del país, por cierto a veces más limpia de la de las empresas transnacionales que se aprovecharon de la guerra anunciada ingenuamente por el Gobierno. Es un paso inevitable si se quiere reposicionar a Bolivia en el campo de los inversores.

Finalmente, a la brevedad el Gobierno necesitará constituir en el sector energético un equipo pensante más que operante. Los desafíos que se acercan son de tal tamaño que requieren desarrollar una estrategia clara. En este artículo sólo puedo mencionar algunos: la posible autonomía gasífera de Argentina (léase Vaca Muerta) y Brasil (léase Presal), junto a insuficientes reservas de gas, puede llevar a reducir el interés de nuestros vecinos por el gas. El “qué” hacer se sabe: fortalecer los mercados fronterizos e internos; fomentar la exploración; reducir los subsidios; seleccionar, junto a socios competentes, los nichos de industrialización que permitan exportar y atender la economía doméstica al mismo  tiempo; usar el gas para desarrollar otros emprendimientos industriales para mirar al futuro con optimismo. El desafío está en “cómo” hacerlo.

Nuestra generación será fuertemente interpelada por las generaciones futuras. Si habrá aferrado la tal vez única oportunidad histórica de cambiar la estructura económica del país será recordada como una generación sabia y exitosa. Si al contrario, como otras veces en la historia, habrá derrochado los ingentes recursos que el esfuerzo de varios gobiernos y la coyuntura han puesto en sus manos, será considerada la más abyecta y fracasada de la historia.

  1. chasqui
    abril 8, 2014 a las 11:38 am

    De viento en popa, ahora a nagevar ceñido contra vientos. Vaca Muerta, Presal y el fin de la bonanza de materias primas apuntan a que nos “farreamos” esta oportunidad. El derroche carnavalero del gobierno financio durante su “movimiento al socialismo” es de dimensiones gargantulesca. Ironicamente el proceso de cambio fue gracias a China transformandose a una sociedad capitalista y liberando de la pobreza y miseria a la mayor cantidad de seres humanos en la historia.

    Estados Unidos sera el principal motor de la economia goblal a corto y mediano plazo y el 2015 producira mas petroleo que Arabia Saudita gracias al fraking y otras tecnologias. Rusia, Brasil y China, por otro lado estaran en un periodo de ajuste e impactaran de forma negativa a nuestras perspectivas.

    Dicho todo esto, estas elecciones el gobierno merece el apoyo del pueblo. Estos proximos cinco años el modelo socio-economico propuesto por el MAS por primera vez tendra que justificarse. Toda esta temporada han vivido de lo plantado durante la epoco neoliberal. No solamente se han farreado los beneficios de la privatizacion, si no que han matado a la gallina de los huevos de oro. Parece para que Bolivia madure un poco como pueblo, hay que nuevamente re-vivir el 1982 para que la gente aprenda que el populismo y el adular la ignorancia solo lleva al mas miserable de todos los posibles desenlaces.

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