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El mensaje de Francisco desde Bolivia


Revista COSAS Internacional, julio 2015

En su visita pastoral a Bolivia, el Papa Francisco ha dejado seis discursos oficiales. Si bien cada uno de ellos estaba dirigido a una audiencia particular, también se interconectaban entre sí y estaban en sintonía con otros documentos de su Pontificado como  la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” (EG) y la reciente Carta Encíclica “Laudato Si’” (LS).

Al igual que las Escrituras, los mensajes del Papa tienen diferentes niveles de lectura, motivo por el cual se prestan a una variedad de interpretaciones y aplicaciones, pero también a descontextualizaciones y manipulaciones. Entre esos diversos niveles, están el pastoral (el Obispo de Roma que habla a su Iglesia dándole directivas y normas de acción); el universal (Francisco, la “conciencia moral de la humanidad”- acertadamente definido así por CNN-, que clama en defensa de los hombres, de sus derechos y de su ambiente); el local (el Líder esperado para iluminar la problemática que vive el país que visita y la Iglesia local) y, finalmente, el nivel personal (el Papa que habla al corazón de cada uno de los oyentes). Distinguir estos niveles y no precipitarse a aplicar los mensajes ajustándolos a nuestros deseos, intereses o conflictos, es fundamental para no tergiversar su contenido.

Las seis alocuciones de Francisco en Bolivia han generado amplia repercusión en la prensa nacional, regional e internacional. Sin pretender repetir su contenido, intentaré realizar una lectura “transversal” de su mensaje,  a manera de síntesis de lo que nos ha dejado el Papa en su paso por nuestro país, con una mirada de lo universal a lo nacional.

Para lograr ese propósito, buscaré ordenar y sintetizar las palabras del Papa, a partir de cuatro sentencias que él suele mencionar recurrentemente en los documentos y discursos pontificios.

La primera, “el tiempo es superior al espacio”, es una sentencia que Francisco utiliza para apoyar cambios impostergables que se requieren a todo nivel, a partir de la siguiente constatación: “este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza”- según sus propias palabras.

Parecería un apoyo pleno a las políticas de varios gobiernos populistas de América Latina. Sin embargo, el Papa ve los cambios como procesos dinámicos más que como la suma de logros inmediatos, políticos o, en muchos casos, electoralistas. En efecto, detrás de palabras como “cambio” se esconden a veces ideologías de poder que no cambian nada, porque no llegan a modificar la conducta personal y colectiva; al contrario traen nuevas formas de dominación y corrupción.

Este sentido universal del cambio, como lo entiende Francisco, adquiere un particular significado para Bolivia, considerando que en nombre del “proceso de cambio” se están logrando importantes avances en la inclusión y la lucha contra la extrema pobreza, pero al mismo tiempo se están repitiendo prácticas de corrupción e intolerancia, cuyo costo político y social es y será elevado para la presente y futuras generaciones. El cambio, según Francisco, requiere de tiempos largos y una conversión permanente, mientras los cambios de los políticos populistas sufren la tentación del éxito inmediato y la propaganda vanidosa.

La segunda, “el diálogo es superior al conflicto”, implica levantar puentes antes que muros, un concepto que a Francisco  le recuerda el diferendo marítimo entre Chile y Bolivia, pero que también se aplica a toda clase de conflictos que vivimos. El diálogo no es una táctica que se usa cuando se es más débil, es una elección incondicional de vida y de conducta. Personalmente, “estoy pensando” en las relaciones entre Iglesia y Estado en Bolivia  o entre oficialismo y oposición.

Tercero, el Papa sabe que “la realidad es superior a la idea”. ¡Cuántas barbaridades se han hecho en Latinoamérica, incluso con la complicidad y el silencio de la Iglesia, en nombre de ideologías, de derecha y de izquierda, extrañas a la idiosincrasia y a la realidad de nuestros pueblos! Francisco alerta sobre las falsas utopías y las recetas de escritorio para resolver los graves problemas globales de nuestros tiempos. La ideología alejada de la realidad o las culturas distantes de la sabiduría popular  han traído demasiado sufrimiento a nuestros pueblos.

Finalmente, “el todo está antes que las partes” significa que hay intereses comunes antes que particulares, hay un bien común antes que un bienestar personal y una visión universal antes que una meramente provincial. La dolorosa lección de la ecología es que somos interdependientes y la verdad del Reino de Dios es que somos huéspedes y peregrinos en una tierra que no nos pertenece. Cuando se pone la economía de una generación como pretexto para destruir la Madre Tierra, incluso en Bolivia, estamos poniendo la parte antes que el todo, el espacio antes que el tiempo, el conflicto antes que el diálogo y la idea antes que la realidad.

Francisco y su Iglesia saben que no hay que quedarse en el diagnóstico y la denuncia, pero también saben que no tienen recetas técnicas para encaminar un verdadero “proceso de cambio” de la humanidad, ante la crisis ecológica y humana de la actualidad, cuya solución es una tarea y responsabilidad de todos.

No obstante, en su discurso más “político”, pronunciado en la clausura de la Cumbre de los Movimientos Populares en Santa Cruz, el Papa se animó a proponer tres tareas para un cambio real, más allá de las poses ideológicas.

La primera es  poner la economía al servicio de los pueblos a partir de lo que tenemos, como hizo Jesús cuando multiplicó los panes y los peces, sin utopías frustrantes ni derrotismos tecnocráticos, con el fin de alcanzar las “tres T” (Tierra, Techo y Trabajo) para todos. La motivación central de esta lucha es la búsqueda del bien común, más allá del bienestar o del bien vivir de unos cuantos privilegiados.

Francisco también insta a desterrar el colonialismo ideológico mediante “la unión de los pueblos en el camino de la paz y la justicia”. En esa perspectiva, el Papa ve necesario cultivar la memoria de lo que somos, de dónde venimos, de la sabiduría de la vida que recibimos de nuestros padres, abuelos y antepasados; la mejor herencia que podemos dejar a los que vendrán después de nosotros a habitar la tierra.

Y, por último, reiteró la necesidad de unirse, como humanidad, en la defensa urgente de la Madre Tierra, en la línea trazada por la encíclica LS. Esa actitud implica renunciar al interés individual en beneficio de un bien mayor, la sobrevivencia de las futuras generaciones.

Quien sabe se le puede reclamar al Papa algunas omisiones,  como la contribución al bien común de las siempre más numerosas clases medias latinoamericanas o una mención explícita al cáncer del narcotráfico diseminado en la economía regional y a la manipulación política de la justicia, pero no se le puede negar la contundencia, claridad y valentía con las que ha abordado problemas fundamentales de la humanidad.

 

 

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