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Razones, dudas y consecuencias del éxito de la COP-21


IDEAS, Suplemento de Página Siete, 20/12/2015

Hay una percepción generalizada en torno a que la Conferencia de las Partes (COP-21) celebrada en Paris ha sido un éxito. Y lo es, si tomamos en cuenta la diversidad de objetivos de los casi 200 países participantes y los cambios “epocales” que  suponen los compromisos asumidos. En este artículo me propongo analizar las razones y el contenido de ese éxito y señalar algunas limitaciones del Acuerdo alcanzado.

LAS RAZONES DEL ÉXITO

En primer lugar yo pondría la madurez de los tiempos. La COP-21 ha hallado al mundo más preparado, casi urgido diría, de que un cambio de actitud era impostergable; para todos los países, los desarrollados, siempre preocupados de no poner en riesgo su estabilidad económica, y los menos desarrollados, siempre temerosos de salir perdedores de cualquier acuerdo que no reconociera las “responsabilidades diferenciadas” y de seguir sufriendo, también “diferenciadamente”, los impactos del calentamiento global.

Los fracasos anteriores, los llamados de atención de muchas personalidades, entre las cuales sólo mencionaré a Al Gore y al Papa Francisco, los pedidos de cumbres sociales de instaurar un “tribunal de justicia climática”, y los siempre más frecuentes fenómenos extremos del clima han convencido a los países más radicales, de ambos bandos, a llegar al Acuerdo de París.

Luego, considero que la COP-21 ha sido mejor organizada, conducida y concluida que las anteriores conferencias, mérito de la diplomacia francesa, en especial del primer ministro François Hollande y de su ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, presidente de la COP-21.  De hecho, una movida magistral fue la incorporación de ministros de los países más radicales a la comisión redactora del documento final.  En esa sede, y no en la Plenaria, se ventilaron y resolvieron muchas controversias.

La sociedad civil, mediante medidas de presión en la esfera política, pero también pacíficamente en la calle, tuvo un protagonismo positivo. El llamado “Pueblo de Seattle” actuó esta vez con madurez y acompañó los esfuerzos diplomáticos para no perder el “último tren” de la historia ecológica del planeta.

Un último elemento que explica el éxito de la COP-21, radica en que los países desarrollados, señalados como responsables del desastre ambiental, llegaron a la COP-21 con algunas tareas ya realizadas, especialmente la conversión energética del carbón  al gas natural, o el desarrollo, mediante incentivos, de energías limpias en el transporte y en la generación eléctrica. Destacan, entre aquellos, los EE.UU., gracias al impulso del presidente Obama en su segundo mandato, y los países europeos, pioneros del uso masivo de las energías renovables.

¿EN QUÉ CONSISTE EL ÉXITO?

El Acuerdo alcanzado en la COP-21 puede ser considerado exitoso por varias razones que han permitido fijar metas ambiciosas y mecanismos para acompañarlas, evaluarlas, certificarlas y apoyarlas.

La meta principal ha sido la decisión de contener el incremento de la temperatura media del planeta “muy por debajo de los 2°C” hasta fin de siglo, con un llamado a esforzarse por no superar 1.5°C. Evidentemente eso no se hace del día a la noche, sino mediante una serie de medidas, graduales pero irreversibles, que reduzcan y reemplacen los combustibles de origen fósil (en orden de contaminación atmosférica: carbón, petróleo y gas) con energías limpias, buscando no afectar a las economías de los países  en desarrollo. Razonablemente se ha proyectado que las emisiones de carbono a la atmósfera seguirán subiendo hasta el 2030 para reducirse luego drásticamente a un techo de 40 Giga toneladas. Estas decisiones están acompañadas por mecanismos eficaces de seguimiento y certificación de lo que cada país declare como tarea propia.

Un segundo éxito es la voluntad, aunque no obligación, de constituir un fondo de apoyo a la mitigación y adaptación de los países en desarrollo más vulnerables al cambio climático, con el fin de atenuar los efectos de eventos extremos y de incrementar la capacidad tecnológica y humana de adaptación a los cambios. Hoy se prefiere hablar, más que de adaptación, de “resiliencia”, que es la adaptación a los cambios preservando el crecimiento económico. El fondo, que se constituirá hasta el año 2020, alcanzarás a un mínimo de 100,000 millones de dólares anuales que si bien no serán necesariamente fondos “frescos”, sino cooperación redirigida y concentrada en las área de mitigación y adaptación al cambio climático, representan un incentivo muy atractivo para transformar las matrices energéticas de los países en desarrollo.

Es un éxito también que los acuerdos alcanzados, aunque no siempre vinculantes, marcan un cambio de tendencia en la economía y la finanza internacionales. Es de suponer que será más conveniente para la banca apostar a proyectos de energías alternativas que a los tradicionales de energías fósiles debido a las mejores utilidades que se esperan de los primeros. Sin duda la energía de acá en adelante será más cara para el usuario, lo que no es malo si lo caro implica un uso más responsable de la misma, evitando derroches, ineficiencias y menores daños a la salud y al ambiente.

Considero un éxito también la creación o el fortalecimiento de varios mecanismos de control y certificación de las contribuciones de cada país a la disminución de las emisiones. Esos mecanismos técnicos están descritos de manera minuciosa en el Proyecto de Decisión del cual el Acuerdo forma parte como Anexo. Este hecho evita que algunos países intenten “pasarse de vivos” o mantener la ambigüedad entre el discurso ecologista y la realidad desarrollista a costa de bosques y biodiversidad.

DUDAS QUEDAN

Si bien existe un consenso generalizado en torno a la eficacia de las conclusiones de la COP-21, subsisten al mismo tiempo algunas dudas sobre su ejecución cabal y sus resultados.

Algunas organizaciones de la sociedad civil creen que, aun respetando el tope de 2°C, las desviaciones de ese valor medio pueden aún producir desastres irreversibles en algunos territorios, especialmente las islas de los océanos y las regiones tropicales en altura.

Otros consideran que el Acuerdo alcanzado ayuda a enfrentar sólo una parte del problema, el calentamiento global en lo que depende de la voluntad política de los países signatarios. Quedan otros problemas relacionados con la agricultura de escala, las migraciones, el desarrollo lento y las precarias condiciones de vida de tantos habitantes del mundo, sin que esos asuntos sean consecuencia directa del cambio climático.

Las causas profundas del deterioro ambiental, nos recuerda el papa Francisco y muchos pensadores modernos, están en el corazón de los hombres, en la codicia de poseer sin necesitar, en las relaciones entre hermanos mercantilizadas. Se trata de causas que no se remueven con cumbres, ni con obligaciones legales entre Estados, sino con la recuperación de una actitud “franciscana” hacia la creación, donde, en síntesis,  el apego a tener  más sea reemplazado por el apego a la justicia y el respeto amoroso para todas las criaturas.

 

 

 

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