Nobel del cinismo


 ANF,  5/5/2016

El reciente 1 de mayo el premio Nobel de la Física del 2015, Prof. Takaaki Kajita, ha llegado al país para impulsar un importante proyecto de astrofísica, en el marco de la cooperación horizontal entre institutos de investigación.

El mismo día, el Gobierno de Evo Morales anunciaba la aprobación del DS 2754 que abroga el DS 1359 del 26/9/2012, levantando aparentemente la prohibición del uso de “bombas, materias explosivas, inflamables, asfixiantes, toxicas u otros materiales relacionados, en manifestaciones y movilizaciones sociales”.

¿Qué tienen que ver las dos noticias entre sí? Hallo dos aspectos que las relacionan.

El primero es la dinamita. Como se sabe, el premio Nobel toma su nombre del químico noruego Alfred Nobel, quien inventó en 1867 la nitroglicerina, que es la base de la dinamita. Como todo invento de la Ciencia, la dinamita ha sido muy útil en el desarrollo de la vida moderna, al mismo tiempo que su poder destructivo ha sembrado luto y muertes. El remordimiento de conciencia empujó a Alfred Nobel a crear la Fundación que asigna anualmente un premio a avances científicos relevantes, no rara vez con el mismo ambiguo perfil de la dinamita. De modo que el decreto de marras debe haber hecho revolver en su tumba al filántropo noruego, por haber restituido a su invento el poder destructivo y mortífero que él repudiaba.

El otro aspecto que relaciona las dos noticias es el Premio Nobel. Fracasado el intento de postular a Evo Morales al Nobel de la Paz, queda la posibilidad de que el Gabinete en pleno reciba el “Nobel del cinismo” por la promulgación del DS 2754. Al respecto, se han escuchado dos explicaciones. Por un lado, se ha afirmado que la dinamita es parte de la “cultura” de los movimientos sociales (como el Dakar es parte de la “cultura” del proceso de cambio) y, por otro lado, que la dinamita ha sido protagonista de revoluciones y luchas contra las dictaduras, de modo que no es ni culto ni justo negar su uso.

Al respecto sólo dos apuntes. Primero que la abrogación no se refiere sólo a la dinamita sino a bombas y materiales asfixiantes, entre otras linduras, seguramente para permitir a los universitarios movilizados conservar la tradición “cultural” de lanzar bombas molotov y, en segundo lugar, en caso de convulsiones sociales y revoluciones, nadie suele preocuparse del uso lícito o ilícito de ciertos medios de luchas. En suma, se trata de justificaciones “post factum”, como corresponde a una corte de los llunkus.

Sin embargo, no es por eso que el Gabinete en pleno merece el Nobel del cinismo, sino por la soberana tomadura de pelo que el decreto de marras hace a la COB y a los trabajadores. En efecto, resulta que desde el  18 de septiembre del 2013 está vigente la Ley 400 (“de control de armas de fuego, municiones, explosivos y otros materiales relacionados”) que sigue prohibiendo todo lo que alegremente se ha abrogado, por ser jerárquicamente superior a un decreto. A menos que la ALP no derogue la Ley 400 … a punta de dinamita.

En fin, ayúdenme a decir, junto a toda la ciudadanía: ¡“Una bombita para el Gobierno”!

 

                                                                     

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