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Los “falsos positivos” de la nacionalización


Página Siete, 7 de mayo de 2016

En las ciencias se denomina “falso positivo” a un resultado que aparenta ser lo que en realidad no es. Por ejemplo, un test de embarazo que dé positivo, cuando la mujer no está encinta. Esos resultados son producto del error estadístico, el cual, a su vez, muestra el tipo de “verdad” que proporciona la ciencia.

El concepto de “falsos positivos” ha sido adoptado por las ciencias sociales y aplicado en Colombia a inocentes ejecutados por el ejército, para fines de propaganda,  mostrándolos como si fueran criminales o  insurgentes caídos en combate.

En Bolivia, la nacionalización de los hidrocarburos – sin desconocerle los méritos que tuvo en llevar a cabo sin traumas la renegociación de los contratos y la recompra de acciones –  presenta varios falsos positivos inventados por la propaganda oficial. El más recurrente ejemplo es el origen de los ingresos: más de 31,000 millones de dólares en diez años atribuidos por el Gobierno a la nacionalización cuando, en realidad, son fruto del cambio de régimen tributario operado por la Ley 3058 del año 2005 (con base en el Referéndum del año 2004) y de las favorables condiciones del mercado (subida del precio del petróleo) y de los contratos (mayores volúmenes exportados).

Un segundo falso positivo de la nacionalización es la refundación de YPFB. Determinada por el mencionado Referéndum y diseñada alegremente por la Ley 3058, esa medida ha traído más problemas que soluciones. Hoy YPFB aparenta ser una empresa del pueblo, pero resulta ser una empresa ajena a la gente y carente de transparencia. En efecto, después de diez años la empresa más importante del país está encabezada por un funcionario interino, a quien, en teoría, se le exige hablar un idioma nativo pero no inglés; desde hace once meses no actualiza sus boletines estadísticos, lo que impide al pueblo conocer el estado de salud de YPFB; desde hace tres años no reporta el monto real de las reservas de gas, un dato fundamental para negociar y renegociar contratos, incumpliendo la ley que obliga a certificaciones anuales; y constantemente muestra, en su organización corporativa, duplicidad de funciones y competencia interna entre la empresa matriz y sus subsidiarias. Todo esto sin mencionar los recurrentes escándalos de corrupción que han salpicado a la empresa (Santos Ramírez, Refinor, coimas en Rio Grande, narco-camiones Creta).

El empleo, que ha incrementado el personal de YPFB de 500 a seis mil funcionarios, en gran parte administrativos, es otro falso positivo. No es un éxito aumentar la planilla si no se aumenta la eficiencia de la empresa o se contrata personal incompetente con base en cuotas de aliados electorales.

Hay también falsos positivos en la industrialización. Lo que conceptualmente es bueno (agregar valor a las materias primas) puede resultar un doloroso fracaso por malas elecciones de ubicación (la planta de urea), de diseño (planta separadora de Gran Chaco) o por desconocimiento de la complejidades del mercado (LNG “virtual” y polipropilenos).

Finalmente, los mismos contratos renegociados, al priorizar la obtención de la máxima renta con el fin de realizar gastos no siempre racionales, en lugar de concertar un plan de inversiones para la exploración, han frenado la reposición y acelerado la monetización de las reservas. De hecho, cuando se habla de inversiones en el sector, se olvida mencionar que ésas han ido principalmente a la explotación de las reservas heredadas de anteriores gobiernos y no a la búsqueda de nuevos campos, hipotecando así el futuro de los contratos de exportación y la misma industrialización.

Frente a tanta manipulación, hasta es posible que toda la nacionalización de Evo Morales sea un “falso positivo”.

  1. junio 5, 2016 a las 10:20 am

    Entre 2006 y 2016, Bolivia sigue creciendo y además tiene superhábit, aún con el precio internacional más bajo del barril de petróleo que se conoce en la historia. Algo como la nacionalización debe estar tan bien que muchos no les cabe en la cabeza que un campesino casi analfabeto con su inocente honradez consiga lo que Harvard y Bolognia no regalan.

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