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Justicia, ética y estética

Página Siete, 23/3/2019

Hay tres categorías de la conducta humana que suelen confundirse y aplicarse equivocadamente, dando lugar a falsas polémicas.

La primera es la justicia que tiene que ver con lo que es acorde a la ley y lo que no lo es. Manosear a una joven mientras duerme en un bus, ejercer violencia familiar, violar a una reclusa a la que hay que custodiar, robar dinero del Estado o saquear una cooperativa son actos reñidos por las leyes y que conllevan una sanción. La justicia es un valor universal, presente en los genes de toda cultura: no matar, no robar, no calumniar, incluyendo todas las formas en las que han evolucionado esas normas “naturales”.  Es llamativo que, a pesar del mal que envuelve a nuestra sociedad, el valor de la justicia siga vigente y su violación genere indignación y rechazo.

La ética es el fundamento de la justicia, pero tiene que ver no con lo legal/ilegal, sino con lo bueno/malo. Es verdad que un asesino lo es antes de cometer un asesinato porque cree que la vida, que pretende quitar, no es un valor supremo. Sin embargo, no se puede imputar a una persona por el mero hecho de despreciar la vida. La justicia entra en juego cuando la ética actúa violando la ley, no por el sentido del bien y del mal que se tiene. Actuar, por supuesto, implica también omitir, instigar e inducir a cometer delitos. Estamos viendo cuánto daño puede hacer a las instituciones el encubrimiento de crímenes abominables como la pederastia. Por eso, Jesús habla de una justicia “superior”, o sea no circunscrita al cumplimiento de la ley; una que va al corazón de la condición humana. Él dijo que se mata también despreciando e insultando, incluso haciendo bromas ofensivas.

Para ilustrar la relación entre ética y justicia tomemos el caso de un dirigente cocalero autor de bromas sexistas (suponiendo que fueran bromas); un caso que muestra la escala de valores de quienes, escudándose en la impunidad que da un poder efímero, creen que pueden decir lo que se les venga en gana. A Leonardo Loza difícilmente se le puede procesar (sin forzar la ley) pero se le debe censurar públicamente desde la ética.

La mentira, cuando es infamia o falso testimonio, cae en el ámbito de la justicia. Pero hay promesas públicas -como la de respetar el resultado de un Referéndum- que pueden ser burladas precisamente manipulando la justicia; no obstante, los tramposos no se librarán de la condena ética ante la Historia. Tampoco hay una ley que impida al Presidente del Estado dirigir las Seis Federaciones del Chapare, pero el incuestionable conflicto de interés se vuelve un conflicto ético. En otro ámbito, el aborto provocado, no obstante sus diferentes grados de despenalización, conlleva una pesada carga de conciencia, principalmente en la mujer.

Finalmente, la estética tiene que ver con lo bello/feo de una acción. Pregonar que los alimentos son para la vida y no para las máquinas y luego incentivar el “biodiesel”, no es objeto de la ley ni de la ética, pero tiene la fealdad de la impostura, la cual delata la tendencia a usar máscaras ideológicas para intereses pragmáticos. Asimismo, en una red social he calificado la decisión de Maricruz Ribera de Revilla de  pedir los servicios legales de la esposa de un concejal afín al Alcalde (su esposo), como “antiestética”, porque ilegal no lo fue y antiética tampoco. En el fondo, cual “mujer del César”, ella hizo algo que “se ve mal” y tal vez hubiese sido mejor, para su imagen, no haberlo hecho.

En fin, la confusión –inocente o ladina-  entre actuar mal, pensar mal y verse mal lleva a que acciones poco “estéticas” sean calificadas alegremente como “antiéticas” y luego aparezcan salpicadas por el hipócrita y gastado estribillo “no tienen moral”.

Cambio de época del mercado del gas


El comercio mundial del gas natural está pasando, más que por una época de cambios, por un verdadero cambio de época.

Las razones son fáciles de entender. Primero está la necesidad de remplazar  las energías fósiles contaminantes y destructoras del ambiente con energías renovables, en cuyo proceso el gas natural se ha posicionado como el combustible de transición, abundante y menos contaminante que los combustibles fósiles líquidos.

Luego, se observa la consolidación del LNG (Gas Natural Licuado) como un “commodity” abundante que ha alcanzado precios realmente competitivos hasta con el gas natural tradicional.

En tercer lugar está la irrupción del “shale” gas obtenido mediante el método del “fracking” (fracturación de rocas gasíferas) que ha multiplicado reservas y producción de ese hidrocarburo y ha hecho, por ejemplo, de los EEUU una potencia energética  mundial, autosuficiente en energía, y un firme exportador.

Finalmente, el desarrollo de relevantes yacimientos marinos a gran profundidad, como el Presal brasileño, ha añadido otro factor de complejidad en el mercado del gas en el mundo y en nuestra región en particular.

Como consecuencia, actualmente en los mercados compiten por lo menos cuatro “tipos” de gas: el tradicional, el shale gas, el gas de offshore, todos ellos trasportados regionalmente por gasoductos, y el LNG, trasportado a escala planetaria por barcos metaneros.

Definitivamente el precio del gas se ha “desacoplado” del precio del petróleo y es determinado por la competencia de los otros tipos de gas que existen en cada mercado.

La competencia para abastecer a un mercado de gas natural se juega por tanto entre costos de producción/entrega al distribuidor y costos de transporte, de modo que cada actor deberá sopesar lo más conveniente en función de la distancia propia y de las otras fuentes competidoras.

Las implicaciones para Bolivia de este cambio de época del comercio del gas son, en algunos casos, buenas y otros malas.

En cuanto a los mercados, es evidente que cuando más cerca estén a nuestras fronteras (y cuantos más lejos estén las otras fuentes) más ventajas tendrá el gas boliviano. Por tanto, la buena nueva es que las regiones fronterizas de Brasil y Argentina, para no mencionar eventuales mercados menores, son el campo de batalla vencedor de nuestro gas. La mala es que la competencia se hace más y más aguerrida a medida que nos alejamos de nuestras fronteras.

Sobre los precios, la buena nueva es que, en el marco limitante del punto anterior, el costo de producción del gas tradicional (el de Bolivia lo es) resulta siempre inferior a la competencia. Sin embargo, la mala nueva es que ese precio competitivo es mucho menor del precio que Bolivia se ha acostumbrado a recibir cuando era el casi único proveedor, gracias a los contratos en firme, de largo aliento y con cláusulas estrictas, los “peores contratos de la historia, a decir del (no muy) confiable ministro de hidrocarburos actual. En otras palabras, hay que estar preparados para recibir menores ingresos, regalías e IDH.

Hablando de contratos, a la hora de firmar compromisos, aunque sean de corto alcance, tiene mucha relevancia la garantía de suministro. Por tanto, se requiere tener reservas creíbles,  “certificadas” (y no solo “evaluadas”, como hizo Sproule con YPFB). Lo anterior implica mayores inversiones en exploración; reglas claras e incentivos razonables para las empresas privadas que en Bolivia siguen haciendo todo el trabajo del sector, además de tener que lidiar con la burocracia de YPFB. Los precios futuros y el alto riesgo asociado a la perforación de pozos profundos (8,000 metros o más) no son precisamente un atractivo para las empresas que siguen en Bolivia.

En el caso de YPFB, a todo lo anterior se añaden intereses cruzados. Por ejemplo, la “imposición” de Argentina de la modificación del contrato ENARSA-YPFB, aparte de no tener obviamente el objetivo de pagar más a Bolivia, puede estar dirigida a ahorrar unos cientos de millones de dólares útiles para hacer sostenibles los incentivos en Vaca Muerta y elevar la producción de gas. O sea, con el dinero ahorrado con Bolivia, Argentina buscaría depender menos de Bolivia, y competir mejor con YPFB.

Finalmente, en cuanto a Brasil, que es el otro mercado real y significativo que se tiene, está claro que Petrobras reducirá sus compras a 15 MMmcd a partir del 2020, lo que corresponde al 50% de la capacidad del ducto; y lo hará a precios de mercado. La otra mitad habrá que colocarla, en los términos competitivos anotados, mediante distribuidores locales o directamente como YPFB. Ambas opciones representan un reto para la frágil institucionalidad de YPFB, la miopía de sus autoridades, el precio reducido del gas  y la escasa confianza de no tener reservas certificadas.

En resumen, el cambio de época que se está dando en el mercado del gas es una oportunidad desafiante para el sector energético boliviano que reclama un cambio profundo de conducción.

Publicado en IDEAS, Página Siete, el 17/3/2019

Implicaciones de la Adenda No. 4

Página Siete, 9 de marzo de 2019

Mucho se ha escrito en torno a la Adenda No. 4 que modifica sustancialmente el contrato suscrito en octubre del 2006 entre YPFB por Bolivia y ENARSA (hoy llamada IEASA) por Argentina.

Se ha analizado, incluso con modelos numéricos (ver www.mmedinaceli.com), diferentes escenarios para descifrar quién gana y quién pierde con las modificaciones. Según el ministro del ramo, secundado por el mismo Presidente Evo Morales, Bolivia ganará más de 300 M$, por los mejores precios. Al contrario, algunos opositores calculan que el país perderá una cantidad similar, por los menores volúmenes.

En mi criterio, Bolivia pierde con respecto al contrato “ideal” que tenía vigencia hasta el año 2026, debido a la reducción de volúmenes, compensada solo en parte por las variaciones del precio del gas. Al mismo tiempo, entiendo también que Bolivia algo ha ganado con respecto al desempeño “real” de ese mismo contrato, que vio las erráticas nominaciones bajar a menos de 10 MMmcd en diciembre de 2018.

Al margen de esas predicciones, ¿cuáles son las implicaciones reales de la Adenda de marras?

Empecemos por las positivas. YPFB ahora puede contar con un piso estable y realista de  volúmenes y precios, garantizados por sanciones y penalidades. Los volúmenes adicionales en invierno (entre 6 y 8 MMmcd) tendrán un precio mejorado. Asimismo, si hubiera mayores nominaciones en verano el precio sería 15% superior al excelente precio actual. Es una posibilidad que, aunque remota, se apoya en la volatilidad del mercado argentino, sometido a cíclicas crisis de suministro. Mencionaré también la recomposición de las relaciones comerciales entre ambos países, muy deterioradas a partir de la solicitud de modificación del contrato presentada hace un año por IEASA, acompañada por la presión de una mora en los pagos y una rebaja sustantiva de las nominaciones. En respuesta, YPFB procedió al cobro unilateral de la boleta de garantía otorgada por ENARSA-IEASA. La aparente mejora de las relaciones bilaterales es un paso previo a la búsqueda de mercados alternativos y a la tan cacareada “internacionalización” de YPFB en territorio argentino.

Entre las consecuencias negativas, está la incertidumbre del corto plazo de la Adenda. En efecto, en diciembre del 2020 habrá que renegociar los términos de intercambio en función del mercado, y así cada año. Además, si disminuyeran los ingresos, como parece obvio, se verían afectados no solo el IDH y las regalías sino también la sostenibilidad de los subsidios y bonos – debido a la desproporción del mercado interno ante el externo- y las ganancias de las empresas petroleras, a causa del menor volumen de gas exportado, con serias consecuencias sobre las inversiones de riesgo.

No menos relevante es el impacto de una probable disminución de la producción de gas. Mencionaré la menor disponibilidad de combustibles líquidos para el mercado interno (con el consiguiente incremento de importaciones y subsidios); el menor flujo de gas a la planta Gran Chaco (que implica una menor producción y exportación de GLP) e incluso un menor factor de recuperación del gas en los pozos productores.

Paradójicamente, la modificación de marras apunta a garantizar la producción de Vaca Muerta y el incentivo que IEASA otorga a las empresas que explotan ese campo. No es casual que, ni bien se firmó la Adenda, la petrolera Techint haya ratificado inversiones de 7,500 M$ en ese campo, las cuales estaban en duda a raíz del corte de incentivos decretado por el Gobierno de Macri. (https://www.pagina12.com.ar/174884-ratifican-inversiones-en-vaca-muerta).

En fin, todo indica que la Adenda firmada fortalecerá la competencia de Vaca Muerta al gas boliviano en los mercados regionales.