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Archive for 26 abril 2019

Inaceptable injerencia interna de la FAO

(Página Siete, 20/04/19)

Al hablar de Theodor Friedrich no nos referimos al teólogo protestante alemán Theodor Friedrich Stange (1742-1831); ni al astrónomo Theodor Friedrich von Schubert (1758-1825); tampoco al botánico Theodor Friedrich Julius Basiner (1816-1862); menos al antropólogo Theodor Friedrich Wilhelm Poesche (1825– 1899); sino a Theodor Friedrich a secas, actual representante de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO-ONU) en Bolivia. Las recientes declaraciones de ese funcionario acerca de la “fatal decisión” del Gobierno del hermano Evo de fomentar los agrocombustibles (bioetanol y biodiesel) representan una burda e inaceptable interferencia en la soberana y exitosa política energética de nuestro Gobierno.

Para empezar, el señor Friedrich parece actuar como un trasnochado ambientalista, seguidor de los desvaríos del comandante Fidel, según el cual “los alimentos son para la vida y no para las máquinas”; una patraña que, en un momento de ofuscación, fue copiada y reproducida hasta por el mismo “enviado de dios”, sin reparar en que el astuto comandante usaba la tierra cubana para producir “alimentos” tales como tabaco y ron. Lo sentenció, con precisión matemática, nuestro Vice: “No somos guardabosques del Norte”. Por tanto talaremos selvas, permitiremos el uso indiscriminado de OGM y explotaremos las Áreas Protegidas, con tal de quedarnos en el poder.

Lamentablemente, el Representante de marras desconoce la realidad boliviana. Desconoce los logros de la “nacionalización” y de la industrialización y se hace eco de las mentiras y calumnias de los opositores que ven en los agrocombustibles un acto de desesperación ante la baja producción de gas, la creciente importación de líquidos y la incapacidad de la agroindustria de competir en los mercados regionales. ¡Nada más falso! ¿No ha reparado el burócrata internacional en que, si el Gobierno quisiera favorecer a los agroindustriales, fijaría un precio del bioetanol más barato que la gasolina? ¿No se ha enterado el injerencista extranjero que el precio del bioetanol es 20% más caro que la gasolina especial, a pesar de tener menos energía?

Asimismo, el funcionario de la ONU -ese nido de derechistas como Antonio Guterres, la Bachelet y el propio representante residente en Bolivia- olvida que estamos en una feroz campaña electoral, donde nuestro binomio espurio tiene que lidiar no solo con la oposición interna, sino con el mismo cerco internacional que acosa implacablemente al hermano Nicolás Maduro. En ese contexto, toda alianza es bienvenida. Pasadas las elecciones, ¡ya se verá! Máscaras nos sobran.

Tampoco podemos creer que ese alto representante desconozca la trágica realidad de YPFB. ¿De qué se preocupa? ¿Acaso no sabe que la famosa “industrialización” está funcionando a “cuarta máquina”? La planta de urea produce al 25% de su capacidad; a la planta Gran Chaco le falta gas y mercados y la planta de LNG no tiene otro fin que perder plata. De hecho en cuatro meses de comercialización, el bioetanol ha tenido poca venta y mucho rechazo. Ya lo dijo, con acierto,  la abuela de uno de los analistas más críticos de nuestra política energética: “la gata apurada parió gatitos ciegos”.

Lástima que los agroindustriales sean tan ingenuos de confiar en nuestro YPFB y el ministerio del ramo. Olvidaron que somos maestros en asumir compromisos y no cumplirlos y, si quieren obligarnos a acatarlos, acudimos a nuestra “justicia”, al igual que hicimos después de la derrota del 21F.

En fin, ellos deberían saber que nunca renunciaremos a nuestros objetivos ideológicos, uno de los cuales es destruir el capital privado para reemplazarlo con el capitalismo del partido, el único, el nuestro.

¡Biodiesel o muerte!

El significado de la Pascua

Ante la proximidad de la Pascua de Resurrección, ofrezco para los interesados una reflexión sobre el significado de esa fiesta y su relación con la Pascua judía.

Hace 19 años escribí una columna sobre la Pascua judía y la Pascua cristiana. Hoy ambas celebraciones vuelven a coincidir en el calendario,  una razón más para revisitar y actualizar esa reflexión.

Las raíces de ambas fiestas están en la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto (Éxodo), mediante las siete plagas, la “sangre del cordero” y el milagroso paso del mar, según narra el libro del Éxodo.

Sin embargo, existen también diferencias profundas entre la celebración de los cristianos y la de sus “hermanos mayores”. Para empezar, para los judíos el “Seder de Pésaj” (Cena de la Pascua) es una celebración familiar: durante la cena los niños preguntan al “celebrante” (el padre de familia) el porqué de esa inusual comida y él contesta rememorando la historia maravillosa de la liberación de Egipto gracias a la intervención salvadora de Dios.

En cambio, esa misma historia es leída, reinterpretada e integrada por la Iglesia en el evento histórico de la muerte y resurrección de Jesús el Cristo para la salvación de todas las naciones. Por ese motivo, la celebración es comunitaria, eclesial y católica (universal), llegando a abarcar, según escribe Pablo a los cristianos de Roma, a toda la creación. De ahí el énfasis en  celebraciones públicas, matizadas por la sensibilidad propia de cada cultura, como la centralidad del Viernes Santo en nuestro medio, vivido para muchos como si la Pascua acabara ese día.

En todo caso, si la liberación/salvación es el tema de ambas celebraciones, ¿cuál es la diferencia del mensaje de la Pascua y del Pésaj, entre la salvación anunciada por la Iglesia y la liberación que enseña la Sinagoga?

Es posible afirmar que existe un punto de partida universal para hablar de la liberación del hombre: el enemigo principal y definitivo  es el Mal (el pecado, la alienación, el diablo, etc.). Sin embargo, esta lucha que todos estamos llamados a sostener, se manifiesta – escribe Pablo a los cristianos de Corintio- de manera diferente en las diferentes culturas. Según los griegos, que suelen anteponer la dimensión intelectual (“síquica”) a la espiritual (“neumática”), no hay una sino muchas luchas: sociales, políticas, ecológicas, económicas, culturales, étnicas, feministas, etc. Por eso –concluye Pablo- la salvación de Cristo es “locura” para ellos.

A su vez, los judíos, al negar la radical fractura entre Dios y el hombre (el “pecado original”) afirman que cada hombre tiene en sí mismo los recursos para vencer el Mal. Consecuentemente,  “la salvación es un tema de educación y no de redención” (en palabras del Gran Rabino de París, Meyer Jaïs) y nos llega mediante la Ley (Torah) cuyo cumplimiento opera la salvación sin necesidad de un mediador.

En cambio, para Pablo (y la Iglesia) existe en cada hombre un pecado “original” (el que está al origen de todos los pecados): es la “anomia”, la autonomía moral que impulsa a la criatura a creerse Dios. Para salir de ese pantano ético, el hombre necesita un mediador, “otro” que le lance una soga, la sostenga y le indique cómo jalar de ella para salvarse. Ese otro es el Cristo que nos rescató mediante su muerte y resurrección. Esa verdad, que es “escándalo” para los judíos, no implica pasividad, salvación “automática” o espera inactiva del fin del mundo. Al contrario, llama en el Bautismo a seguir libre y responsablemente un camino de muerte y resurrección personal, a la secuela de Jesús.

En resumen, el mensaje de la Pascua de Cristo no pasa por la dispersión de las luchas síquicas (como enseña “el mundo”), ni meramente por un proceso pedagógico (como afirma la Sinagoga) sino por el camino que Jesús el Cristo ha abierto; el camino que, enfrentando el Mal en su raíz, permite vencerlo de manera definitiva.

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Boyuy y La Haya, mares paralelos

Página Siete, 6 de abril de 2019

En los últimos días han coincidido dos noticias aparentemente remotas entre sí y, sin embargo,  muy cercanas en símbolos y realidades.

El pozo Boyuy hizo noticia por la enésima “inspección” que realizaron las autoridades al lugar, para re-anunciar que se trata del pozo más profundo de la historia, que por primera vez se llegó a 8 km de profundidad, que se aprendió mucho de la geología y que se quemó algo de gas. Lo que no se dijo es que la certeza de recuperar el prometido mar de hidrocarburos se esfumó con ese gas quemado. En lugar del anunciado mar de gas, nos quedamos con  un mar de decepción, un charco de aprendizaje sobre cómo funciona la geología a esas profundidades y un río de esperanza de que ese aprendizaje le sirva a YPFB en las próximas lides con el subsuelo chaqueño.

Asimismo, una vez conocida la inviabilidad del pozo, salieron voces, que antes no se habían pronunciado al respecto,  a aclarar por qué se fracasó y a pedir cuentas del costo de ese pozo, unos 140 M$; monto que, aparentemente, será asumido por YPFB vía costos recuperables.

Vale preguntar si, con esos costos y los riesgos técnicos asociados, alguna otra empresa se animará a repetir esa hazaña e, incluso, a superar el récord de profundidad petrolera, buscando revertir la “sentencia” de la Pachamama. Por su lado, YPFB está sumido en la desesperación, máxime en un año electoral, razón por la cual ya está tratando de confundir a la opinión pública a punta de estériles “cartas de intenciones”.

Paralelamente, el tema de la demanda en La Haya ha revivido gracias a la conmemoración, más amarga que nunca, del Día del Mar y a la revelación de los gastos únicamente del equipo del vocero Carlos Mesa; información entregada por la Cancillería para dañar al ahora candidato Mesa. Curiosamente, ante el pedido de otro diputado opositor, esa misma información fue ocultada por la inefable ex Presidenta de Diputados, por considerarla “confidencial”. ¡Qué va, así es el MAS!

Como en Boyuy, también a La Haya fuimos confiados, en alas del triunfalismo del equipo jurídico, de hallar nuevas certezas para salir al mar; pero la sentencia de la Corte Internacional de Justicia nos fue desfavorable.

También en este tema se quiso convertir una derrota huérfana en una victoria de muchos padres, debido a la expectativa de capitalizar en la actual campaña electoral el esperado éxito. Como en Boyuy,  nos quedamos sin el anhelado mar y, sin embargo, nos aferramos al mar de la retórica, de las falsas expectativas, de las mentiras y de la falta de transparencia.

No obstante, en ambos temas hay lecciones que deberíamos aprender y aprovechar.

La decepción de Boyuy nos ha enseñado a ser más cautos y transparentes cuando se enfrenta un riesgo exploratorio: la desesperación de querer hacer a último momento las tareas relegadas es mala consejera. Sin embargo, no hay que bajar los brazos, sino seguir explorando en condiciones menos azarosas y dando mayor responsabilidad (o sea, riesgo y beneficios) a las empresas especializadas.

A su vez, la lección del fiasco de La Haya es que en las cenizas de la derrota está la llama de los futuros éxitos. La historia no se acaba, hay mucho camino que recorrer, pero los pasos ahora deben ser pequeños, cuidadosos e inteligentes. Es tal vez el tiempo de reconstruir con todos nuestros vecinos –sobre todo con Chile- tratos amistosos, empezando por los ámbitos académico y comercial, menos contaminados que los campos ideológico y político, y de recrear, sin complejos ni resentimientos,   relaciones de confianza en torno a intereses comunes, en un marco de moderación verbal y de apertura sincera.

En ese contexto, ayudaría mucho al país un cambio de interlocutores, en ambos temas.