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Archive for the ‘justicia y DDHH’ Category

Pecados originales

Recien subo a mi blog mi más reciente columna

Soy un convencido de que la Biblia no sirve únicamente para ser expuesta en el Hall del Palacio de Gobierno o en un estante de libros, sino que debe guiar el discernimiento y el accionar del hombre de fe en toda circunstancia. Bajo ese principio, me parece oportuno reflexionar sobre los “pecados originales” de los últimos dos gobiernos; el del MAS, salido de las urnas, y el actual, fruto del azar de la Historia.

El gobierno del MAS nació legítimamente y fue instalado en el Jardín del poder por un respaldo popular inédito y con las condiciones de gozar de las maravillas recibidas. Sin embargo, incitado por la serpiente castro-chavista, empezó a codiciar el árbol del bien y del mal (el árbol prohibido del autoritarismo prorroguista), convencido de que, al comer de su fruto, tendría asegurado un poder único y perene.

Sin embargo, no fue así; comieron del árbol y, como consecuencia de este pecado original, llevaron la maldad a manifestarse en tres dimensiones. Pecaron contra Dios, fomentando el culto de un ídolo de barro, erigiéndole museos, carros y palacios y rindiéndole pleitesía con falsos títulos. Pecaron contra los hermanos, asesinando, provocando muertes, persiguiendo injustamente y robando desde millones hasta champús. Asimismo, olvidaron mejorar la salud y la educación de sus hermanos. Y, finalmente, pecaron contra la Creación, despilfarrando los recursos del Jardín, desboscando a mansalva, permitiendo incendios forestales y fomentando, sin ninguna racionalidad, los agrocombustibles y las semillas genéticamente modificadas. Expulsados del Jardín, sueñan hoy con volver a ocuparlo mediante la violencia.

Por su parte, el nuevo administrador del Jardín, el gobierno accidental y accidentado, tuvo que encarar la crisis heredada, agravada por una pandemia de dimensión mundial. Sin embargo, al buscar la redención incurrió también en su propio pecado original cuando, por no saber o no poder resistir la tentación del águila imperial, comió del árbol de la candidatura y sembró la semilla del árbol del continuismo. A continuación, el nuevo gobierno empezó a añorar e imitar las peores mañas del faraón derrotado, en medio de una mezcla caótica de errores y buenos deseos. Su pecado original también se manifestó en la triple consecuencia de pecar contra Dios (manipulando la fe); pecar contra el pueblo (especulando con la salud y la educación) y pecar contra la Creación (dejando arder los bosques).

Ahora bien, del pecado original -aquel que está al origen de todos los pecados- no se vuelve atrás; tampoco se lo cancela, solo se lo redime, mediante un camino largo y sincero de conversión.

La redención significa para el MAS dejar atrás el desvarío del evismo y la radicalidad de su “nomenklatura” para retomar con humildad el camino de las propuestas genuinas en pro del desarrollo nacional, dando voz a los últimos, en lugar de inculcarles consignas destructoras.

Para el actual gobierno redimirse implica tomar conciencia de sus limitaciones electorales y ejecutivas, abonando la tierra para el gobierno que le suceda y poniendo al servicio del país sus mejores cuadros y sus propuestas más creativas.

La profundidad de la crisis actual es tal que nadie puede salir de ese pozo solo, sin una escalera de fuerzas cooperativas. Es una misión ardua, pero no imposible; en otras coyunturas trágicas Bolivia, cuyo aniversario celebramos en estos días, supo levantarse.

Hoy Bolivia, enfrentada por el insano electoralismo y herida por la crueldad de los que bloquean la salud y la vida en medio de una pandemia que arrasa con vidas y economías, nos invita a recordar las veces que renacimos de las cenizas como un aliciente para confiar en que el jardín volverá a florecer.

“Cui bono?”: ¿A quién beneficia negar el Fraude?

Ahora también en mi Blog.

Paralelamente al brote de Covid19 acabamos de asistir a un rebrote de la defensa del Fraude (así, con mayúsculas) desde diferentes frentes. A esta altura de la historia, argumentar racionalmente no sirve de nada cuando, en lugar de evidencias, solo se esgrimen rabietas y pataletas de ahogado.

La pregunta correcta es: “Cui bono?”, expresión latina que significa “¿a quién beneficia?”.

Por cierto, después del “fiasco” académico que contaminó hasta al MIT, se han producido dos asaltos, un manifiesto y un remate.

Los asaltos han sido perpetrados por colaboradores del New York Times y del Washington Post, sobre la base de revisiones académicas de un argumento estadístico que la OEA presentó en su informe.  El manifiesto, enlazado con los dos artículos mencionados, fue suscrito por integrantes del Grupo de Puebla, llegando al absurdo jurídico, histórico y ético de pedir la restitución de Evo en el poder. La cereza en la torta la puso el CEPR (Center for Economic and Policy Research) cuando se estrelló contra Luis Almagro y el informe de la OEA. Curiosamente, el CEPR se cuidó de mencionar a la Unión Europea que sigue respaldando plenamente ese informe. Está por demás decir que el CEPR es un activo propagandista del chavismo, según varios analistas.

Uno de esos analistas es Héctor Schamis de la Universidad de Georgetown, quien, en un artículo publicado en INFOBAE (“Terminen con Evo Morales: es pasado y fue fraude”, 23/6/2020), encara a los defensores del Fraude, hace interesantes revelaciones sobre los autores de los estudios “académicos” y se pregunta, al igual que esta columna: “cui bono?”.

La respuesta de Schamis es que ni al Grupo de Puebla, ni al CEPR,  ni a los periódicos de marras (un coro bien ensayado, hace notar) les interesa un pepino la suerte de Evo Morales o de Luis Almagro (ya ratificado en su cargo) sino que su agitación apunta a las elecciones presidenciales de los EEUU en noviembre próximo, donde el candidato demócrata Joe Biden resulta sin duda un mal menor, desde la perspectiva populista, ante la eventual reelección de Donald Trump. 

Desde luego, no es necesario ser un integrante de ese coro “angelical” para desear el reemplazo del impresentable Donald Trump, pero -cito a Schamis- “el problema (de esos diarios norteamericanos) es que derrotar a Trump en noviembre, parece ser un objetivo a realizar a cualquier precio, a cualquier costo. Ello incluye compartir el micrófono y la agenda con lo peor de América Latina, lo más autoritario, corrupto y criminal”.

A esa conjetura yo solo añadiría que, al remover el avispero del Fraude, los corifeos están utilizando a Evo para sus intereses e, incluso, están perjudicando electoralmente al MAS.

En efecto, si existieran militantes de ese movimiento que aún desearan liberarse de las taras del evismo, sin duda preferirían enterrar en el pozo Boyui ese recuerdo vergonzoso y distanciarse higiénicamente de los jerarcas que se han fugado para eludir la justicia. Incluso podrían desinfectar las filas de su partido, apoyando los juicios en marcha contra todos los que, por dar o por obedecer órdenes delictivas, son responsables del descarado Fraude y de todas sus consecuencias. ¿Lo harán u optarán por la consabida impunidad?

Por lo pronto, su principal candidato ya ha manifestado, aunque tímida y tardíamente, su discrepancia con “la madre de todos los fraudes”: el desconocimiento del referéndum del 21F.

En fin, la interesada negación del Fraude vuelve a poner en primer plano el lado más repugnante del evismo; el lado tramposo, extorsionador, corrupto, obsesionado con el poder, pero, sobre todo, inepto para gobernar y, paradójicamente, hasta para hacer fraude sin hacerse pescar. 

Publicado en Página Siete, 20 de junio de 2020

Los negacionistas

El negacionismo es la conducta de individuos que eligen negar la realidad para eludir una verdad incómoda. Existe un negacionismo crítico, que busca resquicios para sembrar dudas acerca de una evidencia empírica, y otro embustero, que refleja intereses personales o de grupo para apartarse de la verdad.

Los negacionistas abundan en las ciencias humanas y sociales, donde pesa la autoridad de quien afirma una verdad, pero escasean cuando se trata de refutar hechos empíricos y verdades científicas.

Un ejemplo son los negacionistas del cambio climático. Nadie objeta la realidad del calentamiento global del planeta, pero no faltan los que niegan la correlación del incremento de la temperatura con la quema de combustibles fósiles y apelan a otras causas naturales para explicar ese fenómeno. Algunos lo hacen por exceso de critica (demoler una verdad oficial produce fama y revoluciones científicas, o sino pregúntenles a Galileo o a Einstein), otros por defender intereses ideológicos o económicos (el uso de las energías fósiles).

Asimismo, hace siglos, la causa de todo suceso residía en la astrología -disciplina que daba de comer a muchos “sabios” en las cortes- de modo que la gente seguía muriendo de peste maldiciendo las estrellas y negando las verdaderas causas del contagio.

El fraude electoral realizado en Bolivia ha engendrado también sus negacionistas, más fuera que dentro del país, a pesar de las pruebas contundentes aportadas por investigadores nacionales y la auditoría “vinculante” de la OEA.

Tres informes internacionales se han esforzado por demostrar la coherencia estadística de los resultados oficiales del TSE. Los que han aplaudido las conclusiones de esos estudios lo han hecho, a mi criterio, más por el prestigio de sus autores e instituciones (algunas avaladas por premios Nobel) que por los sofisticados modelos utilizados.

Ahora bien, a diferencia de las ciencias sociales, en las ciencias naturales no importa quien defiende una verdad (aunque sea un premio Nobel) sino quien la demuestra y valida empíricamente. En un tuit he resumido mi criterio sobre esas conclusiones: “garbage in garbage out” (si metes basura, sacas basura). Dicho de otra manera, a partir de datos adulterados no se obtienen certezas. El problema con los artífices del fraude electoral es que manipularon dolosamente todo el proceso e incluso seguían alterando actas mientras se realizaba la auditoría de la OEA.

Es instructivo repasar cómo evolucionó la narrativa negacionista. Empezó negando de plano la palabra “fraude” (solo se admitió irregularidades “normales”). Sin embargo, a medida que salían más pruebas de múltiples anormalidades, el discurso fue: “pero no alteran el resultado final”. En esta fase intervienen, por excesivamente críticos o por interesadamente ingenuos, los expertos internacionales.

Cuando sale el Informe final de la OEA, lapidario y vinculante, la narrativa cambia: “si es que hubo fraude ése no fue responsabilidad del Gobierno sino de los pícaros vocales del TSE que estropearon la victoria del Jefazo”.

Obviamente nadie se tragó ese embuste, de modo que pronto la consigna pasó a ser: “el fraude fue un pretexto -un engranaje- del golpe de estado y de la sangrienta represión militar”. En este momento intervienen las comisiones internacionales para informar, de manera parcial y descontextualizada, sobre violación a los derechos humanos.

¿Qué viene después? Tal vez esta joya de cinismo.

“El hipotético fraude tenía buenas intenciones: solo buscaba preservar el mejor gobierno de Bolivia y evitar las bajas humanas que se dieron. Por tanto, las víctimas son el resultado de la denuncia irresponsable de un “mecanismo” que solo deseaba lo mejor para Bolivia”.

Las flores de las Primavera Boliviana

Ha sido un proceso largo y doloroso, pero al final floreció la Primavera Boliviana. Si el clima se mantiene templado y no regresan violentas tormentas invernales e infernales, Bolivia podrá vivir un período de reencuentro, reconciliación y reconstrucción que culminará en las próximas elecciones, libres de tramposos competidores.

Revisitando las cuatro semanas que duró el conflicto, me quedo con algunas flores que nos deja ese proceso.

Destaco en primer lugar la participación de la juventud, que ha vuelto a enamorarse del bien común, exponiéndose con sacrificio a una lucha pacífica, sin paga ni nota, creativa en cantos y estribillos que ya empezamos a extrañar. Esa juventud, que no se mide en años, adquirió rostro de familias enteras que marchaban, bloqueaban, asistían a cabildos, cantaban, luchaban y rezaban. Realzo también el acompañamiento de los vecinos a los grupos movilizados, la solidaridad y nuevas amistades en calles y edificios para resistir las acciones vandálicas que, también por esa razón, no lograron imponerse. Valoro especialmente la autodefensa de los ciudadanos de El Alto y otras zonas periféricas debido a las críticas condiciones de su entorno.

Un segundo ramillete de flores lo componen los líderes de la protesta -políticos, cívicos e institucionales- cada uno en su rol. Seguramente se cometieron errores, omisiones y excesos, fruto ora del entusiasmo, ora de la bronca, ora de la urgencia, pero su liderazgo en las calles y en los cabildos se mantuvo en el cauce de la protesta pacífica y en el marco constitucional.

Pongo en un tercer ramo a periodistas, comunidad académica y redes sociales. Los primeros por el invalorable y sacrificado trabajo por mantener bien informada la población en medio de amenazas y riesgos sin fin. Entre ellos, van mis respetos por Fernando del Rincón de la CNN que se enamoró de la causa boliviana mostrando a toda América los verdaderos rostros de los actores en conflicto. A su vez, los académicos -informáticos, estadísticos y científicos- actuaron como “investigadores de la estafa”, desde Bolivia y en el exterior, para desenmascarar el indignante fraude perpetrado con alevosía y premeditación por el MAS.  Finalmente, las Redes Sociales explotaron, en cantidad de memes y de usuarios activos, ante la huida de los “guerreros digitales”, no sabemos si por falta de paga o de motivación. Twitter, al margen de algunas exageraciones y distorsiones, logró hacer circular información, análisis y humor, incluso negro, como corresponde a un buen boliviano.

Asimismo, instituciones claves del Estado de derecho, como la Policía y las FFAA, hicieron su trabajo con profesionalidad y responsabilidad, en apego a la Constitución. No deseo olvidarme del rol, muchas veces discreto, de la comunidad internacional para facilitar soluciones legales y duraderas, junto a ese irremplazable actor clave de pacificación que es la Iglesia Católica.

Sin embargo, sabemos que la primavera es también la idílica estación de enamoramientos que no siempre maduran en amores. En este período de transición no hay cabida para triunfalismos. Muchas lacras recién derrotadas aún subsisten; otras pueden reaparecer, a causa de revanchismos e intolerancias. Muchas lágrimas esperan ser enjuagadas y heridas profundas aguardan a ser sanadas. En efecto, junto a varias señales positivas, especialmente desde de las mujeres al mando, vemos también uno que otro mensaje ambiguo que contamina, cual flor marchitada, el ramillete democrático de esta Primavera.

Por eso, es necesario que se expresen voces plurales para que prevalezca la paz, pero con tolerancia.           Entre ellas, las columnas críticas y constructivas, ahora más necesarias que nunca.

El cáncer de Bolivia

Se sabe que la mejor medicina del mundo es la preventiva. Invertir en higiene y educación, cuidado de cuerpo y mente, buena alimentación y vida feliz, evita incurrir en gastos mayores para curar enfermedades que se manifiestan a veces muchos años después de incubarse.

Bolivia ha tenido a lo largo de su historia una salud muy vulnerable debido a la falta de prevención: la deficiente educación, la mala alimentación, el alto riesgo de enfermedades, la discriminación étnica, la pobreza, entre otros. Por tanto, en ese cuerpo propenso a las enfermedades es muy fácil que aparezca, se desarrolle, se oculte, se manifieste, resista, rebrote y explote irreversiblemente un cáncer mortal.

La versión actual de esa enfermedad se incubó hace dos décadas en un lugar preciso del cuerpo. Luego brotó dolorosamente creando anticuerpos ante los paliativos con que inicialmente se lo quiso controlar. En efecto, una de las estrategias que tienen las células cancerígenas para reproducirse es mimetizarse. El cáncer de Bolivia se mimetizó en la democracia y en sus instituciones; se disfrazó de indigenismo, de ecologismo, de socialismo para incrementar su presencia en el cuerpo debilitado por anteriores padecimientos.

Al comienzo el cuerpo no reaccionó adecuadamente y el cáncer se instaló en firme, se expandió y afectó a otros órganos vitales del país: el órgano electoral, el constitucional, el judicial, el legislativo, hasta las facultades éticas y morales.

Cuando el cuerpo empezó por fin a reaccionar, cayó en la cuenta de que no era el caso de aplicar cirugías primitivas que podrían diseminar la enfermedad e incluso volverla aún más peligrosa. Milagrosamente, un remedio desesperado, llamado Referéndum, tuvo un éxito imprevisto, obligando al cáncer a una ulterior mutación para seguir engañando. Con la complicidad de otros órganos ya infectados, ese cáncer arma un “mecanismo” para mantener el control del cuerpo sirviéndose de unas enfermeras corruptas que intentan alterar los indicadores vitales. Afortunadamente ese fraude es descubierto por jóvenes laboratoristas y certificado por especialistas de una clínica internacional.

El escándalo precipita la decisión de una urgente cirugía mayor, sin las formalidades de una operación usual. Sin tiempo para llenar formularios, se apura la cirugía y se extirpa el tumor de los diferentes órganos.  No es un golpe al organismo, como gritan algunos tinterillos de una multinacional ideológica. Al contrario, es una liberación de una enfermedad fatal. Los que operaron son cirujanos no torturadores.

Lamentablemente, la metástasis estaba ya muy avanzada. De inmediato, “el mecanismo” de resistencia empieza a desarrollar una escalada de acciones perversas para impedir la recuperación, ocultando en algunos órganos colonias de células malignas (algunas trasplantadas de aborrecidos donantes del Caribe) prontas a reproducirse para facilitar la reaparición del cáncer o terminar de destruir el mismo organismo.

Bolivia está a punto de librarse de uno de los peores tumores de su historia. Los restos extirpados han sido trasladados e insertados en otro organismo que ya empieza a sentir en su propia piel el costo de codearse con un huésped tan maligno.

¿Qué hacer con el cuerpo de una democracia aún en terapia intensiva? De ninguna manera se debe permitir reinsertar el cáncer extirpado. Si algunas de sus células, mimetizadas en el organismo, quisieran liberarse del daño que les hizo ese tumor, sanarse y reintegrarse al cuerpo, ¡bienvenidas! Mientras tanto la recuperación del paciente estará a cargo de especialistas y profesionales y, después de su pronto restablecimiento, Bolivia decidirá a la brevedad, con libertad y madurez, qué hacer con su vida.

Página Siete, 16/11/2019

La Primavera Boliviana

He subido a mi blog la columna del pasado fin de semana.

La similitud se me ocurrió asistiendo al Cabildo del Campo Ferial, mientras compartía con miles de jóvenes, pintados de tricolor, canciones, estribillos y sueños de liberación.

A mis nueve años, un 23 de octubre, explotó en Budapest una revolución alentada por las tímidas reformas de Khrushchev a la muerte de Stalin. Esa insurrección fue reprimida violentamente por los tanques soviéticos con un saldo de tres mil muertos y 200 mil exilados, ante la indiferencia del mundo occidental. La represión ganó, pero Hungría ya no fue la misma.

Luego, ya estudiante universitario, me reconocí en los miles de jóvenes que, gracias a las reformas liberales de Alexander Dubchek, hicieron florecer la “Primavera de Praga”. La gente gozaba de vivir en libertad y sin censura, ante un “socialismo con rostro humano” que principalmente buscaba revertir la grave crisis económica producto del “socialismo real”. 

La Primavera de Praga murió en el verano del mismo año, cuando las tropas del Pacto de Varsovia acabaron con la resistencia pacífica de todo el país, dejando atrás un centenar de muertos y 300 mil exilados. El mundo entero, incluso la China de Mao Tze Dong, condenó la invasión con tonos críticos, pero fueron tan solo voces. De hecho, el régimen enfermo mantuvo su camino suicida por 20 años más.

Vino luego la “Primavera Árabe”, revelando aspectos comunes a esos movimientos: por un lado, un régimen inepto y totalitario, enemigo de las libertades y la democracia, y, al frente, una juventud que no renuncia a sus sueños, junto a políticos e intelectuales que intentan encausar racionalmente las broncas populares, acosados por los infaltables maximalistas del “todo (para ellos) o nada (para el pueblo)”. Detrás de esos regímenes, hordas paramilitares al servicio de una privilegiada “nomenklatura” anclada en el pasado; al frente, los que creen, al igual que el papa Francisco, que “el tiempo es superior al espacio”, viviendo con coherencia sus ideales y soñando con un futuro mejor para su país y su gente.

Este año 2019 acaba de explotar la “Primavera Boliviana” en las urnas, en las calles, en los Cabildos, en los cacerolazos, en la resistencia pacífica y creativa a un poder que, sin ser aún dictatorial, todo lo contamina y lo manipula, desde el voto a la verdad. Es una Primavera con sol y flores de nuevas esperanzas que se enfrenta a un régimen adicto al poder con todos las lacras de un drogadicto. La principal: no conoce límites para satisfacer su adicción.

Al igual que un drogadicto, ese régimen es capaz de robar y herir a su propia madre para conseguir su estupefaciente. Lo ha hecho con la Pachamama y lo volverá a hacer con las Reservas Naturales.

Al igual que un drogadicto, el régimen se sirve de la mentira y el engaño para alcanzar sus fines. Lo ha hecho con El Porvenir, el Hotel Las Américas, la Zapata, y lo volverá a hacer. Tampoco tiene palabra, pero sí un ejército de tinterillos, colegas de adicción y la voluble OEA que le arreglan errores y delitos. De sus nombres, consignados en el Libro de la Infamia, “¿Quién se olvida? ¡Nadie se olvida!”.

¿Acaso no estuvo la burla “legal” del 21F – burla al pueblo y a la democracia- al origen de ese perverso “Mecanismo” que ha desvirtuado la democracia y el voto y ha generado la polarización actual, las víctimas fatales de esta Primavera y el probable cuestionamiento al nuevo gobierno?

No excluyo que también la Primavera Boliviana termine aplastada en el verano. El régimen sigue de pie, pero con miedo porque sabe que vive su etapa terminal; sabe que no podrá substraerse al juicio de la Historia; sabe que llegarán nuevas primaveras, y, sobre todo, sabe que “nunca encontrará la manera correcta de hacer algo incorrecto”.

A votar sin miedos

Mi opinión sobre el voto del 20 de octubre

Respetuosa del silencio electoral, esta columna se limita a una reflexión en torno a las características del voto que la población emitirá para elegir al próximo mandatario.

Conforme al art. 26 inciso II.2 de la CPE, el voto es “universal, directo, individual, secreto, libre y obligatorio”. Me limitaré a las características de secreto y libre.

Secreto tiene dos significados: nadie puede ser obligado a revelar o justificar el voto emitido y tampoco nadie puede controlar o sancionar el voto de otros ciudadanos. En este sentido, aplaudo el anuncio del TSE de prohibir fotografiar la papeleta electoral, máxime cuando sabemos que las razones no son santas. Aunque no resulte fácil en la práctica, los jurados electorales deberían exigir el cumplimiento de esa norma para protección del propio votante.

Más importante es que el voto sea libre, emitido sin miedos ni coacciones de ningún tipo, conforme a las convicciones y voluntad de cada elector. Un voto no es libre cuando el votante sufre presiones reales o sicológicas y hasta chantaje físico para torcer su voluntad.

En esta campaña electoral hemos presenciado diferentes tipos de coerciones que buscaban infundir en el elector el temor de que, si no apoyaba con su voto a una dada candidatura, el futuro se pintaba sombrío.

De ese modo, aparecieron fantasmas cosmológicos (la desaparición del sol y la luna) para asustar a los incautos “kínder-campesinos”, deliberadamente mantenidos en una ignorancia funcional a los intereses de sus “tutores”. Por más metafóricas que fueren esas expresiones -como los gusanos de juanrámonica memoria que iban a zamparse a los opositores (y sí que lo hicieron, metafóricamente)- dejan un mensaje del miedo: el mundo se acaba si no votas por mí.

Al frente, los fantasmas son más terrestres: el miedo al fraude electoral que busca alterar el resultado del escrutinio. Ese terror ha llegado a la paranoia de dudar de los bolígrafos oficiales, sin considerar que un fraude comprobado, por más pequeño que fuera, deslegitimaría una eventual victoria electoral, con imprevisibles consecuencias. Recuerden el “harakiri” del general Juan Pereda Asbún en 1978.

Asimismo, el miedo suele apelar al “cucu” de la deriva dictatorial en el caso de reelecciones, siguiendo el libreto de Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua. No niego esa posibilidad, pero repruebo que sea la razón que defina el voto. Sin embargo, no se pueden desconocer los antecedentes históricos de regímenes afines, ni la memoria de las dictaturas derrotadas, ni los “lapsus” amenazantes de obesas guerreras de recurrir incluso a la lucha armada.

Los miedos por el comportamiento a futuro de la economía juegan un rol ambiguo. La percepción aún positiva del ciudadano común impide que esa temática aparezca prioritariamente en el debate, como debería. Sin embargo, algunos mensajes subliminales apuntan a dar la ilusión de una bonanza persistente, por un lado, o a insinuar una catástrofe inminente, debido a las tendencias macroeconómicas.

En el primer caso, el mensaje del proceso de cambio es, paradójicamente, “¿para qué cambiar si las cosas están bien?” Y, aunque estuvieran mal, es mejor arreglarlas con las caras archiconocidas que con las buenas por conocer. Desde el otro bando, se insinúa que, por los riesgos inocultables de la economía, es preferible apoyar a candidatos que se rehúsen a seguir bailando al ritmo del derroche y de las inversiones fútiles.

Elegir sin miedos significa, en definitiva, votar a favor de un candidato -no solo en contra de sus oponentes- y, eventualmente, comprometerse con su gobierno. Parafraseando al papa Francisco, ha llegado el tiempo de reforestar la esperanza devastada por el miedo, real o ficticio.

Página Siete, 19/10/2019

Categorías:justicia y DDHH

Justicia, ética y estética

Página Siete, 23/3/2019

Hay tres categorías de la conducta humana que suelen confundirse y aplicarse equivocadamente, dando lugar a falsas polémicas.

La primera es la justicia que tiene que ver con lo que es acorde a la ley y lo que no lo es. Manosear a una joven mientras duerme en un bus, ejercer violencia familiar, violar a una reclusa a la que hay que custodiar, robar dinero del Estado o saquear una cooperativa son actos reñidos por las leyes y que conllevan una sanción. La justicia es un valor universal, presente en los genes de toda cultura: no matar, no robar, no calumniar, incluyendo todas las formas en las que han evolucionado esas normas “naturales”.  Es llamativo que, a pesar del mal que envuelve a nuestra sociedad, el valor de la justicia siga vigente y su violación genere indignación y rechazo.

La ética es el fundamento de la justicia, pero tiene que ver no con lo legal/ilegal, sino con lo bueno/malo. Es verdad que un asesino lo es antes de cometer un asesinato porque cree que la vida, que pretende quitar, no es un valor supremo. Sin embargo, no se puede imputar a una persona por el mero hecho de despreciar la vida. La justicia entra en juego cuando la ética actúa violando la ley, no por el sentido del bien y del mal que se tiene. Actuar, por supuesto, implica también omitir, instigar e inducir a cometer delitos. Estamos viendo cuánto daño puede hacer a las instituciones el encubrimiento de crímenes abominables como la pederastia. Por eso, Jesús habla de una justicia “superior”, o sea no circunscrita al cumplimiento de la ley; una que va al corazón de la condición humana. Él dijo que se mata también despreciando e insultando, incluso haciendo bromas ofensivas.

Para ilustrar la relación entre ética y justicia tomemos el caso de un dirigente cocalero autor de bromas sexistas (suponiendo que fueran bromas); un caso que muestra la escala de valores de quienes, escudándose en la impunidad que da un poder efímero, creen que pueden decir lo que se les venga en gana. A Leonardo Loza difícilmente se le puede procesar (sin forzar la ley) pero se le debe censurar públicamente desde la ética.

La mentira, cuando es infamia o falso testimonio, cae en el ámbito de la justicia. Pero hay promesas públicas -como la de respetar el resultado de un Referéndum- que pueden ser burladas precisamente manipulando la justicia; no obstante, los tramposos no se librarán de la condena ética ante la Historia. Tampoco hay una ley que impida al Presidente del Estado dirigir las Seis Federaciones del Chapare, pero el incuestionable conflicto de interés se vuelve un conflicto ético. En otro ámbito, el aborto provocado, no obstante sus diferentes grados de despenalización, conlleva una pesada carga de conciencia, principalmente en la mujer.

Finalmente, la estética tiene que ver con lo bello/feo de una acción. Pregonar que los alimentos son para la vida y no para las máquinas y luego incentivar el “biodiesel”, no es objeto de la ley ni de la ética, pero tiene la fealdad de la impostura, la cual delata la tendencia a usar máscaras ideológicas para intereses pragmáticos. Asimismo, en una red social he calificado la decisión de Maricruz Ribera de Revilla de  pedir los servicios legales de la esposa de un concejal afín al Alcalde (su esposo), como “antiestética”, porque ilegal no lo fue y antiética tampoco. En el fondo, cual “mujer del César”, ella hizo algo que “se ve mal” y tal vez hubiese sido mejor, para su imagen, no haberlo hecho.

En fin, la confusión –inocente o ladina-  entre actuar mal, pensar mal y verse mal lleva a que acciones poco “estéticas” sean calificadas alegremente como “antiéticas” y luego aparezcan salpicadas por el hipócrita y gastado estribillo “no tienen moral”.

El Papa y Venezuela

Página Siete, 9 de febrero de 2019

La situación que vive hoy Venezuela se asemeja a un banco en quiebra cuyo gerente, para no ser destituido por los accionistas, monta un auto atraco con el apoyo de sus colaboradores bien armados. Como en todo atraco, hay rehenes que sufren por la falta de alimentos y medicinas y que, por eso, merecen ser atendidos primero. Hay también negociadores que buscan soluciones razonables a la crisis, mientras los asaltantes van bajando sus pretensiones a medida que pasa el tiempo y descubren que no tienen apoyo ni escape. Una opción razonable sería llamar a una Asamblea de socios para elegir al nuevo gerente, sin presiones ni intromisiones, pero esa solución es rechazada por quién sabe que nunca jamás será repuesto en el cargo ¿Cuál será el desenlace? ¿El violento, con un alto costo de vidas humanas, o el negociado, en el que los asaltantes terminan cediendo a cambio de mínimas concesiones?

En este contexto, sigue causando fuerte controversia, especialmente en las redes sociales, la actitud del Papa Francisco. La mayoría lo acusa de no pronunciarse claramente y de ese modo amparar la permanencia de Nicolás Maduro, agravando el sufrimiento del pueblo. Hay quien cree hallar la razón de esa actitud en sus raíces peronistas y sus simpatías ideológicas con las corrientes populistas de izquierda. En mi opinión, el Papa actúa con base en tres principios.

El primero es que los problemas internos de cada país incumben a los Obispos de ese país; son ellos quienes deben pronunciarse y orientar a la Iglesia local cuando las circunstancias lo ameriten. De hecho la Iglesia de Venezuela (Obispos, religiosos y laicos) ha recogido valientemente el sentir del pueblo en varias ocasiones. La más reciente es el mensaje del 5 de febrero que pide evitar un baño de sangre; aboga por una salida política, mediante elecciones limpias y supervisadas; busca un alivio a las dramáticas necesidades del pueblo, el fin de la persecución política y la recuperación de las instituciones democráticas. La duda es si el silencio del Papa se justifica en casos de ataques violentos a religiosos y lugares de culto, como ya ha sucedido.

El segundo eje del actuar de Francisco es la prioridad del diálogo, como único camino a la paz, pero un diálogo sincero y productivo, todo lo opuesto de lo que Maduro ha buscado con la complicidad de políticos impresentables como Zapatero o Samper. No se trata solo de evitar que el régimen madurista tenga más oxígeno, sino  de dar soluciones rápidas, eficaces y duraderas al hambre de pan y libertad de todo un pueblo. Una vez más se extraña el silencio del Vaticano ante los desaires y mentiras de Maduro en esos “diálogos”.

En tercer lugar, el Papa es consciente de su rol como Jefe de Estado, además de máxima autoridad de la Iglesia. En efecto, la diplomacia vaticana es conocida y respetada por su alta profesionalidad que no se deja manipular por los intereses estratégicos de las grandes potencias ni por el discurso rimbombante y vacío de Maduro. Es una diplomacia que no actúa a través de la prensa sino mediante negociaciones pacientes y perseverantes en busca de soluciones pacíficas  y de largo alcance. De hecho, un bien informado sitio vaticanista (ilsismografo.blogspot.com) revela señales de hastío del Vaticano hacia Maduro quien, en una carta (manipuladora y desesperada) al Papa, se autoerige como “Paladín de la causa de Cristo”; un paladín cuyas manos están manchadas de sangre inocente.

Por último, en el vuelo de regreso a Roma desde los Emiratos, Francisco ha aceptado mediar “como en el diferendo del Beagle” si ambas partes se lo piden y se comprometen a acatar incondicionalmente  la solución que el Papa disponga. ¡Aun a sabiendas que no lo harán!

Quiborax y el avión de Evo

Página Siete, 28/07/2018

Considero que no se ha analizado suficientemente lo actuado a partir del laudo arbitral sobre Quiborax.

Para empezar, el DS 3582 que autoriza el pago de la indemnización, previa generosa rebaja, tiene varias fallas. El propio Ministro de Economía Guillén afirmó que ese DS no especifica la partida del gasto, añadiendo que se buscarían los recursos para cumplir la obligación. Considerando que toda modificación presupuestaria debe ser previamente aprobada por la Asamblea Legislativa, el mencionado DS sería un caso evidente de malversación de fondos. Leer más…